viernes, 6 de julio de 2012




Oriente se encuentra con Occidente en el Establecimiento Científico

Orígenes y la «Nueva Era»


Nancy Pearcey

«Habrá un avivamiento del cristianismo,» escribió Owen Barfield, «cuando se haga imposible escribir un manual de ciencia sin referirse a la encarnación de la Palabra
En años recientes ha habido un intento de unir la ciencia y la religión. No la religión cristiana, sin embargo, como esperaba Barfield, sino varias creencias orientales y místicas. En varios campos de la ciencia se puede encontrar en la actualidad a investigadores que creen que las teorías científicas muestran más afinidad con las cosmologías hindúes y budistas que con el cristianismo o con el materialismo occidental.
El historiador Arnold Toynbee predijo en 1935 que el desarrollo más importante de este siglo sería la influencia de la perspectiva espiritual oriental sobre Occidente. El influjo de las ideas orientales es mucho más extenso que la simple difusión de las sectas visibles -los relativamente pocos que visten túnicas o turbanes y que recitan rezos en las esquinas de las calles. Se puede detectar la perspectiva oriental del mundo conformando ideas en filosofía, teoría política, psicología, educación, medicina y ciencia.
John White saluda este movimiento como una «revolución de la conciencia». El influyente libro de Marilyn Ferguson se refiere al mismo como «la conspiración de Acuario». Theodore Rozsak, que examina la «nueva espiritualidad» en su libro Unfinished Animal [Animal inacabado], lo llama la «frontera de Acuario» y lo considera como una señal de que hemos alcanzado una nueva etapa en la «evolución de la conciencia».
La palabra más amplia para describir este movimiento es la Nueva Era. Por una parte, incluye sectas religiosas de fácil identificación y poderes espirituales ocultos (ESP, telequinesia, telepatía, clarividencia, experiencias extracorporales, etc.). Incluye también prácticas quasi-religiosas como el yoga, Tai Chi, cartas Tarot, astrología y kundalini. El pensamiento de la Nueva Era subyace a las técnicas de motivación y relajación comunes al circuito de la salud holista (meditación trascendental, biofeedback, instrucción autogénica, hipnosis e imaginería guiada). A pesar de sus diferencias, muchos grupos específicos, Control Mental de Silva, Lifespring, EST y Teosofía entre otros, comparten todos ellos la perspectiva de la Nueva Era.
Finalmente, hay programas que parecen ser totalmente no religiosos y que pueden estar basados en la misma visión del mundo, incluyendo muchos programas de instrucción de líderes, de gestión del estrés y educativos. Estos son presentados en términos puramente seculares para hacerlos más digeribles para la mente occidental: a la meditación, por ejemplo, se la llama «centraje» o «enfoque». Las ideas de la Nueva Era, escribe Ferguson, «aparecen bajo los ropajes de libros sobre la salud y manuales deportivos, en consejos acerca de la dieta, de gestión de negocios, autoafirmación, estrés, relaciones y automejora».1
La filosofía de la Nueva Era aparece bajo tantos ropajes distintos que es difícil de seguir. En psicología y educación, por ejemplo, a menudo aparece con el nombre de «transpersonal». Este término se refiere al objetivo de trascender la propia identidad personal para unirse con una mente o espíritu cósmico (a menudo llamado el «Yo Superior»). Y ahí es donde encontramos las doctrinas centrales que unifican todos los enfoques de la Nueva Era. Enseñan que en o detrás del universo hay una unidad espiritual; un alma del mundo o conciencia cósmica o mente universal. Por medio de varias técnicas (meditación, etc.) podemos sintonizar en la mente universal y alcanzar un sentido de unidad con ella. El mundo material es una ilusión, o al menos una creación de nuestras propias mentes.
Aquí nos concentraremos en un punto: cómo los proponentes de la Nueva Era intentan dar apoyo a sus puntos de vista mediante la ciencia. Las dos teorías que son más extensamente empleadas para apoyar las perspectivas de la Nueva Era son la teoría de la evolución y la nueva física. Examinaremos ambas teorías y veremos si, en palabras de Capra, «nos obligan a ver el mundo de una forma muy semejante a como lo ven un hindú, un budista o un taoísta».2


La evolución de la conciencia

«Vemos el matrimonio de la ciencia y de la religión introduciendo la nueva etapa de nuestra evolución.»3 Estas son las palabras de David Harris, presidente de la Asociación de Salud Holista, hablando en una conferencia en 1977. Este tema fue repetido por muchos de los participantes en la conferencia y muestra como la teoría de la evolución es dada por supuesta, de manera llana y simple, por los partidarios de la Nueva Era.
La manera primordial en que la mística oriental ha sido occidentalizada por las aproximaciones de la Nueva Era es al vincular iluminación con evolución. El estado de iluminación, en el que uno alcanza la unión de uno mismo con el Todo, con Dios, había sido siempre antes considerada como un fenómeno individual. El viaje del alma hacia el conocimiento místico era un camino solitario. Pero los pensadores evolucionistas, ya mucho antes de Darwin,4 se dieron cuenta de que la evolución ha de incluir el lado mental y espiritual de la especie humana. Los que aceptan la definición oriental de la espiritualidad comenzaron a hablar de toda la especie humana evolucionando hacia la iluminación.
El doctor Jonas Salk, descubridor de la vacuna contra el polio, es un ejemplo de un científico que se ha vuelto hacia Oriente. Hablando en la misma conferencia, comenzó con una evolución física y luego extrapoló el concepto de una evolución espiritual y psíquica. Saludó el movimiento de la salud holista como un medio para «facilitar la siguiente etapa en la evolución humana».
En su libro La Supervivencia de los más Sabios, Salk escribe que el proceso de evolución ha llevado a la humanidad a un punto de crisis -una crisis que puede que sea el umbral de un salto adelante en el proceso evolutivo. Entraremos en una «nueva era» basada en nuevos valores -a menudo una total inversión de los valores actualmente sustentados. En la conferencia no dejó duda alguna acerca de cuáles son los nuevos valores ni acerca de quiénes son los «más sabios» que sobrevivirán. Dibujando un círculo alrededor de la curva sigmóidea que caracteriza a muchos fenómenos biológicos, la transformó en el símbolo del «ying-yang», el emblema del misticismo chino.
William Tiller, un profesor de conocimientos de materiales y de ingeniería de la Universidad de Stanford, fue en aquella conferencia quien hizo el intento más exhaustivo por traducir la filosofía mística en un marco teórico científicamente plausible. Estaba de acuerdo con el principio místico de que nuestra conciencia es lo que crea «realidad», y apremió a sus oyentes a «evolucionar más allá» de crear meros universos finitos.
Shafica Karagulla, M.D., propuso las siete etapas, chakras, o niveles de conciencia, de la filosofía hindú. Los que han alcanzado los niveles superiores, mantenía ella, aquellos que poseen poderes psíquicos, han «pasado al siguiente nivel de la evolución humana».


Salvación mediante la Evolución

Para citar otros ejemplos de evolución en el pensamiento de la Nueva era, Ferguson escribe: «la mente humana puede que haya alcanzado un nuevo estado en su evolución, un desencadenamiento de un potencial comparable con el surgimiento del lenguaje.»5 Erich Jantsch, en Design for Evolution, bosqueja «un camino evolutivo» que se compone de «un ascenso a lo largo de los siete chakras del misticismo hindú».6 Roszak dice que discierne «una transformación de la personalidad humana en progreso que es de proporciones evolutivas».7 Estamos siendo testigos, escribe el físico Fritjof Capra, «del comienzo de un tremendo movimiento evolutivo».8 En el Instituto Esalan, Michael Murphy y George Leonard ofrecen un seminario magistral sobre «La Evolución de la Conciencia» que enseña que «está en marcha una transformación de la conciencia humana de tanta importancia como la emergencia de la civilización».9
¿Cuál es esta nueva etapa de la evolución? Es, escribe Leonard, «la emergencia de una conciencia superior».10 En esta nueva etapa, no sólo algunos individuos, sino todos nosotros poseeremos la iluminación mística. Significará el fin de la alienación, de la violencia -en resumen, el fin del mal. El pensamiento de la Nueva Era es una religión, y la conciencia superior es la salvación.
Joel Kramer, por ejemplo, es un destacado instructor de yoga y autor de The Passionate Mind. En esta obra describe la meditación disciplinada como la llave para un «nuevo mecanismo evolutivo que se basa en la conciencia» y que bien podría llevarnos a evolucionar más allá de la violencia y del materialismo.11 Del mismo modo, el yogi hindú Gopi Krishna, cree que kundalini es la energía que ha llevado adelante todo el curso de la evolución. Él contempla la final confluencia de la ciencia y «la antigua sabiduría», en la cual confluencia los doctores universitarios que hayan elevado sus kundalinis «guiarán la raza a su estado de gloria».12 Paul Russell, en The Global Brain [El Cerebro Global], sugiere que el conocimiento místico de que todos somos unos cambiará el egoísmo en amor:
Un amor genuino para con el resto de la creación proviene de la experiencia personal de unidad con el resto de la creación, de la conciencia de que al nivel más profundo, el Yo y el mundo son una misma cosa.13
En esta perspectiva, el mandamiento de «amarás a tu prójimo» será también obedecido cuando todos nos demos cuenta de que nuestro prójimo es «de la misma esencia» que nosotros.
Al fundir la iluminación oriental con el evolucionismo occidental, la Nueva Era convierte así la evolución en el medio de salvación. Su naturaleza religiosa es recapitulada de una forma llena de colorido por Roszak:
Un salto evolutivo en la conciencia: la idea ha llegado a ser el estilo milenario actualizado de la frontera de Acuario, la esperanza de los siglos del remanente salvador expresada en un vocabulario biológico -que se llegará a la Nueva Jerusalén mediante una irrupción evolutiva, que el mundo será redimido por una mutación psíquica contagiosa....14


La evolución como transformación

En lugar del término religioso «salvación», los seguidores de la Nueva Era emplean su propio término clave «transformación». Se emplea para describir a la vez el cambio en la conciencia individual durante la iluminación y el desarrollo evolucionista de una nueva conciencia cubriendo toda la especie humana. El libro de Ferguson, por ejemplo, es subtitulado «Transformación Personal y Social en los 1980s». Leonard tiene un libro titulado sencillamenteTransformación. La «enseñanza suprema» de la filosofía de la Nueva Era, escribe Roszak, es que «el mundo es un drama cósmico de transformación», que los individuos han de alcanzar «si quieren ascender a un nivel superior del ser».15
A los seguidores de la Nueva Era les gusta citar la obra del químico Ilya Prigogine como la base científica de su esperanza de transformación. Su teoría de las estructuras disipativas explica por qué algunos sistemas biológicos son inestables y provee, según Ferguson, «la clave de la transformación»: al añadirse suficiente energía y quedar el sistema suficientemente «perturbado», sus componentes de repente «se reorganizan en un todo nuevo. El sistema escapa a un orden superior». De esta manera la teoría de Prigogine es el sueño de un evolucionista tornado en realidad: parece dar un mecanismo para la creación de nuevas formas mediante «una sacudida de las viejas formas» -un mecanismo para la «creación de nuevo orden» mediante perturbaciones al azar.16
El mismo Prigogine «reconoció una gran semejanza entre esta "ciencia del devenir" y la visión de las filosofías orientales, de los poetas, místicos y científicos-filósofos como Henri Bergson y Alfred North Whitehead»17 (donde estos últimos propusieron teorías de una fuerza cósmica dirigiendo la evolución). Quizá a esto se deba que la teoría de Prigogine haya sido reivindicada por los seguidores de la Nueva Era como «un modelo científico para la transformación de la sociedad por parte de una minoría disidente» -es decir, por los mismos seguidores de la Nueva Era.18
Por esta misma razón, a los seguidores de la Nueva Era les gusta esta nueva teoría de evolución por saltos repentinos. Estas teorías de cambio abrupto, opuestas al evolucionismo lento y gradual de Darwin, son presentadas como sustento del concepto de transformación. La teoría de Gould y Eldredge de «equilibrio puntuado» se cita con frecuencia, por la cual la evolución procede mediante cambios repentinos en pequeños grupos bajo fuertes tensiones. Este paradigma, escribe Ferguson, «nos abre a la posibilidad de una evolución rápida en nuestro propio tiempo», a la «transformación de la especie humana».19


Antiguas Enseñanzas

Aunque los seguidores de la Nueva Era emplean el lenguaje de la evolución, sus ideas no comenzaron con Darwin. Sus temas derivan más bien de muchas antiguas tradiciones del misticismo. Tal como lo expresa Roszak, la nueva conciencia es la «antigua gnosis» de las escuelas místicas y ocultistas que han existido desde tiempos antiguos tanto en el Oriente como en el Occidente.
En la historia de Occidente, los seguidores de la Nueva Era reivindican a los gnósticos como a sus más antiguos precursores. (El gnosticismo fue el más poderoso oponente de la primitiva iglesia cristiana durante tres siglos.) Otros precursores incluyen a los neoplatónicos, alquimistas, cabalistas (místicos judíos) y herméticos. Estas antiguas enseñanzas incluyen todas ellas alguna idea de un Dios que, como en las religiones orientales, «se olvida a sí mismo» para llegar a devenir este mundo. La tarea del alma individual es recuperar una conciencia de formar parte de Dios, un sentido de unidad con la divinidad en todas las cosas.
Evidentemente, las raíces del movimiento de la Nueva Era se remontan mucho más atrás de la teoría de evolución de Darwin. De hecho, Roszak mantiene que el evolucionismo científico es, él mismo, hijo de de aquel misticismo mismo del que deriva la filosofía de la Nueva Era. La antigua doctrina mística es simplemente, en palabras de Roszak, «la evolución sin toda la biología» -es decir, evolución espiritual. La doctrina central del misticismo es «la evolución como el camino seguido por el espíritu humano en su lucha» hacia la iluminación, «la evolución del alma en su ascenso por la escalera de la conciencia visionaria».20
Fue el movimiento romántico de fines del siglo xviii el que introdujo la naturaleza en aquello que hasta entonces había sido algo puramente espiritual, el progreso del alma. Todo el universo fue percibido ahora como en un proceso de transformación. Esta mística de la naturaleza «es la semilla de la que brota todo el pensamiento evolucionista», concluye Roszak. De esta manera, él sigue la perspectiva que del mundo presenta la ciencia moderna hasta la filosofía mística como «el tronco progenitor del que surge la teoría de la evolución biológica».21
Esto nos da la respuesta a la pregunta de Toolan en Commonweal: «¿Cómo es posible que los científicos occidentales asimilen una perspectiva religiosa oriental con una aparente facilidad cuando la absorción de la tradición religiosa autóctona (esto es, el cristianismo) parece tan difícil?»22 La teoría de la evolución, con la que los occidentales han sido saturados desde la infancia, tiene precisamente sus raíces en esta perspectiva mística, oriental.
Esto también arroja luz sobre el argumento comúnmente presentado de que la evolución es ciencia y la creación es religión. La perspectiva evolucionista arranca de una antigua doctrina religiosa, no de una observación empírica. Surgió cuando la transformación espiritual fue tornada en historia natural y despojada de sus sobretonos religiosos. La evolución comenzó como una versión secularizada del misticismo religioso.


La tendencia natural de la mente humana

No es sorprendente que en una encuesta hecha a pensadores de la Nueva Era fuese nombrado Teilhard de Chardin con la mayor frecuencia como una profunda influencia sobre su pensamiento. Chardin, un teólogo liberal católico, fue también un célebre paleontólogo y entusiasta evolucionista. (Fue uno de los descubridores de los fósiles de Piltdown, que posteriormente se descubrió que eran fraudes.) Enseñó una especie de evolución panteísta en la que Dios evoluciona en y a través del mundo. La evolución está moviéndose hacia la eventual transformación de la materia a espíritu puro, una especie de conciencia colectivizada y expandida a la que él llama «el punto Omega» o el «Cristo cósmico».
Dios está en el universo, el universo es Dios: esta es la religión del panteísmo que une a todas las variedades y ramas del movimiento de la Nueva Era. Dios es la mente, la fuerza organizadora, el principio holista del universo. En palabras de Capra, Dios es «la dinámica autoorganizadora de todo el cosmos».23
El panteísmo, tanto en forma de mística oriental como en forma de filosofía ocultista occidental, ha aparecido tantas veces a través de la historia que C. S. Lewis la considera la «tendencia natural de la mente humana»:
El panteísmo congenia con nuestras mentes no porque sea la etapa final en un lento proceso de iluminación, sino porque es casi tan antiguo como nosotros.... Sin embargo, por una extraña ironía, cada nueva recaída en esta inmemorial «religión» es saludada como la última palabra en novedad y emancipación.24
¿Cuál es la crítica que nosotros los cristianos presentamos contra el panteísmo? La doctrina de la creación es la gran línea divisoria entre la cosmología cristiana y el panteísmo. En el pensamiento de la Nueva Era, tal como lo expresa Erich Jantsch, «Dios no es el creador, sino la mente del universo».25 En el cristianismo, Dios es distinto de la creación; aunque Él mora en el mundo, este no es simplemente una emanación ni extensión de Su propia esencia.
Como resultado de la creación, el mundo material es algo real, no una ilusión ni una creación de nuestras propias mentes. Nosotros también somos creados, no formamos parte de Dios. Por ello, la meta de las disciplinas espirituales no es recuperar un sentido de divinidad dentro de nosotros, sino encontrar a nuestro Creador por medio de Su revelación a nosotros. Por cuanto la creación de Dios es buena, nuestra personalidad individual no es mala en sí misma, algo de lo que debamos escapar fundiéndonos en la conciencia cósmica. Nuestro problema no reside en nuestra individualidad, sino en nuestro pecado -y no hay técnica de meditación que pueda resolver esto.


La evolución no darwinista

Por su creencia en la evolución espiritual, los seguidores de la Nueva Era no aceptan ninguna teoría puramente materialista de la evolución. Sus ataques contra el darwinismo son a menudo cosa digna de lectura por parte de los creacionistas, porque compartimos muchas de las críticas que ellos emiten. Roszak, por ejemplo, dice que la razón «por la que muchos científicos se acogieron a la bandera del darwinismo» fue «porque el principal propósito del darwinismo era eliminar toda traza de un increíble Dios de la biología». Pero el darwinismo, argumenta él, «sustituye al antiguo Dios con una deidad aún más increíble -el omnipotente azar».26
Es menester añadir que la deidad de la filosofía de la Nueva Era, una vaga e indiferenciada conciencia que todo lo impregna es una explicación igualmente increíble del mundo. Sólo un Ser Personal que piensa, planea, escoge y actúa es una causa adecuada y Creador del universo.


LA FÍSICA EN LA CAUSA DEL MISTICISMO

Escuchemos a Fritjof Capra al describir su experiencia espiritual:
Estaba sentado en la playa una tarde de finales del verano, contemplando como iban batiendo las olas y sintiendo el ritmo de mi respiración, cuando de repente me hice consciente de que todo mi ambiente estaba dedicado a una gigantesca danza cósmica. Como físico, sabía que la arena, rocas, agua y aire a mi alrededor estaban hechos de moléculas y átomos en vibración. ... Sabía también que la atmósfera de la tierra estaba siendo continuamente bombardeada por lluvias de «rayos cósmicos» ... Sentado en aquella playa ... «vi» cascadas de energía descendiendo del espacio exterior, en las que se creaban y destruían partículas en pulsos rítmicos; «vi» los átomos de los elementos y los de mi cuerpo participando en esta danza cósmica de energía; sentí su ritmo y «oí» su son, y en aquel momento supe que se trataba de la Danza de Siva, el Señor de los Danzantes que los hindúes adoraban.27
Esta experiencia, escribe Capra, «fue seguida por muchas experiencias similares» que le mostraron que la perspectiva del mundo proviniente de la física moderna «es armónica con la antigua sabiduría oriental». O, tal como lo expresa él en otras palabras, «El misticismo oriental provee un coherente y hermoso marco filosófico que puede acomodar nuestras más avanzadas teorías del mundo físico».28
Capra representa otro intento de los escritores de la Nueva Era de pretender apoyo científico para la perspectiva mística del universo, y esta vez de la nueva física. Los seguidores de la Nueva Era no están solos en pensar que la nueva física tiene implicaciones de gran alcance para la religión. En el artículo Fe y la Nueva Física en este mismo número se hace patente el debate existente entre el sentido de la Nueva Física para la perspectiva cristiana del universo, y recomendamos su lectura previa como trasfondo para esta sección.
Son dos las consecuencias de la nueva física que los seguidores de la Nueva Era toman como significativas: 1) el mundo de cuerpos sólidos y distintos ha quedado disuelto, y 2) ha demolido la idea de la naturaleza como algo separado de la mente humana.


Campos y fuerzas

La física clásica presuponía una clara división entre materia y energía. Se consideraba la materia como dura y sólida, y la energía como ondulatoria y etérea. La famosa ecuación de Einstein, E = mc2 derribó esta distinción: la materia es sencillamente otra forma de energía. Con el desarrollo de sofisticadas técnicas de fisión atómica, los físicos creen ahora que las partes antes sólidas del átomo (protones, neutrones y electrones) son «paquetes» de energía congelada.
En lugar de ver el mundo como una colección de objetos separados y sólidos, los físicos están comenzando a contemplarlo como un solo y subyacente campo de fuerzas, una red interconectada de energía. Este modelo de un sustrato homogéneo de energía ha inspirado a una nueva generación de físicos ocultistas que mantienen que esto demuestra el antiguo lema del misticismo: «Todo es Uno». En palabras de Capra:
Para el místico oriental, todas las cosas y los acontecimientos percibidos por los sentidos estan relacionados y vinculados entre sí, y son sólo diferentes aspectos o manifestaciones de la misma y final realidad. ... Cuanto más penetramos en el mundo de lo submicroscópico, tanto más nos daremos cuenta de cómo el moderno físico, como el místico oriental, han llegado a contemplar el mundo como un sistema de componentes inseparables, interactivos y siempre en movimiento. ...29


«Todo es Uno»

Según el Principio de Incertidumbre de Heisenberg, en el nivel subatómico no existen partículas con certidumbre, sino que sólo muestran «tendencias a existir» -los acontecimientos no ocurren con certidumbre, sino que sólo muestran «tendencias a existir». Como resultado, argumenta Capra, «las partículas subatómicas no tienen sentido como entidades aisladas, sino que sólo se pueden comprender como interconexiones, o correlaciones, entre varios procesos de observación y medida. ... En la teoría de los cuantos uno nunca termina con «cosas», sino que siempre se trata con interrelaciones.30

Y ahí es donde encontramos las doctrinas centrales que unifican todos los enfoques de la Nueva Era. Enseñan que en o detrás del universo hay una unidad espiritual; un alma del mundo o conciencia cósmica o mente universal.

No podemos dividir la naturaleza en bloques elementales duros, impenetrables, aquello que era la meta de la física clásica. La naturaleza «aparece más bien como una complicada red de relaciones entre las varias partes del todo». Capra concluye:
Así, la teoría de los cuantos revela una unidad básica del universo. Muestra que no podemos descomponer el mundo en unas unidades pequeñas irreductibles de existencia independiente.31
En base de esto, las cosas y los fenómenos físicos son meramente manifestaciones de una matriz fundamental subyacente. Es evidente el paralelismo con el pensamiento oriental, en el que la única realidad es la unidad subyacente, y las cosas físicas son transitorias e ilusivas.32


El Teorema de Bell

Una importante prueba de la interconexión de la naturaleza es la que se alega que se encuentra en el teorema de Bell. Este teorema tiene que ver con el efecto EPR: Cuando se separan partículas subatómicas apareadas y el experimentador cambia el spin de una, el spin de la otra cambia también instantáneamente -aunque pueda estar a gran distancia. ¿Cómo se transmite la información de manera tan rápida?
Las partículas no parecen estar gobernadas por las leyes clásicas de los objetos separados en el tiempo y en el espacio. De alguna manera, según Bernard d'Espagnet, físico en la Universidad de París, las partículas «constituyen un todo indivisible» incluso cuando están separadas en el espacio. En palabras de otro físico, Nick Herbert, la interdependencia de las partículas es
una simple consecuencia de la unidad de objetos aparentemente separados... un efugio quántico a través del que la física admite no meramente la posibilidad sino la necesidad de la visión unitaria del místico: «Todos somos uno».33


Un Universo Holográfico

En 1973, el físico David Bohm (que era discípulo de Krishnamurti) sugirió que el efecto EPR podría entenderse mejor en base del modelo de un holograma. Un holograma es una imagen tridimensional creada por la interacción de rayos laser. Lo que lo hace significativo es que toda la imagen queda almacenada en cada parte del holograma. Si cortas la imagen en dos, no consigues dos medias imágenes, sino dos imágenes enteras. Cada parte contiene y puede reconstruir toda la imagen.
Si el reino quántico es como un holograma, explica que dos partículas separadas puedan afectarse entre sí, porque cada una «contiene» a la otra. A los seguidores de la Nueva Era les gusta el modelo del holograma por otra razón. Da un paralelo a la doctrina mística de que somos a la vez parte del Todo y que contenemos el Todo -por cuanto somos meramente manifestaciones de la unidad que subyace a todas las cosas, nosotros, en un sentido, contenemos todas las cosas.
Otra característica de los hologramas es que al principio el rayo láser parece ser sólo una masa de remolinos carentes de sentido. La imagen organizada no aparece hasta que un segundo rayo láser interactúa con él. En la interpretación de la Nueva Era, el mundo es un holograma, y el segundo láser es la mente humana. Es la mente la que transforma las frecuencias caóticas del mundo subatómico en imágenes tridimensionales. Por ello, lo que pensamos que es el mundo «ahí fuera» es en realidad una proyección de nuestras mentes.
Esta interpretación fue sugerida por Karl Pribram de la Universidad de Stanford. Para los pensadores de la Nueva Era es semejante a la idea oriental de que el mundo es una proyección de nuestra conciencia. Ferguson establece este paralelo:
Si la naturaleza de la realidad es en sí misma holográfica, y el cerebro opera holográficamente, entonces el mundo es ciertamente, cómo lo han dicho las religiones orientales, maya: un espectáculo mágico. Su concreción es una ilusión.34
El mundo de objetos sólidos y separados es una creación de la mente en base de otro «material» más primario. Y Pribram sugiere que en estados trascendentales o místicos conseguimos acceso directo a aquel reino primordial subyacente a la realidad normal -vemos a través de la ilusión que nuestras mentes normalmente crean.


Creador Cuántico

La idea de la mente humana como creadora del mundo se ha extendido rápidamente desde el surgimiento de la física cuántica. En el artículo Fe y la Nueva Física, en este mismo número, se menciona que es imposible determinarsimultáneamente la posición y la velocidad de una partícula. Para conocer uno de estos datos no podemos evitar alterar el otro. Por esto, hemos de decidir qué propiedad queremos determinar. «Esto está muy cerca de decir quecreamos ciertas propiedades» al escoger medirlas, escribe Gary Zukav en su popularísimo libro The Dancing Wu Li Masters.35
La física clásica supone que hay un mundo externo que existe aparte de nosotros, que podemos observar y medir sin cambiarlo. El concepto de objetividad científica descansa sobre la presuposición de que la naturaleza «está ahí fuera» en oposición a «yo» que está «aquí dentro». Pero en la teoría cuántica es imposible observar la realidad sin cambiarla.
Presentemos otro ejemplo: algunos experimentos muestran que la luz tiene naturaleza ondulatoria. Otros que tiene naturaleza de partícula. Si queremos mostrar que la luz es la una o la otra, sólo necesitamos seleccionar el experimento apropiado.
Todo esto suena peligrosamente semejante a decir que hacemos que la luz sea bien una onda, bien una partícula. ¿Qué era la luz antes de hacer el experimento? A decir de los físicos Werner Heisenberg y John Wheeler, existía en un estado indeterminado -existía potencialmente como cualquiera de ambas cosas: «El fotón carece de cualquier existencia determinada hasta que hace una marca en el aparato medidor del científico.» En este sentido, cada acto de observación es un acto de creación.36
De esta forma, la teoría cuántica ha derrumbado la clásica distinción entre sujeto y objeto. El papel del científico ha cambiado del de observador pasivo al de participante activo. Escribe Capra: «El electron no posee propiedades activas independientes de mi mente.»37 O, en las palabras de Talbot: «Es la conciencia del observador la que interviene y desencadena todos los posibles resultados que se observan.»38 Al nivel subatómico «no existen propiedades de las cosas, sino sólo propiedades de interacciones» con el experimentador -«lo que está "ahí afuera" no aparecería en absoluto si no fuese por la participación de la peculiar constitución del «ahí adentro» y de sus artefactos medidores.»39
¿A dónde nos lleva este subjetivismo científico? De vuelta a la antigua doctrina mística de que el mundo es una construcción de mi propia conciencia. Michael Talbot escribe en Mysticism and the New Physics:
En el reconocimiento del papel de la conciencia en el proceso del universo físico se da un alejamiento radical de la física clásica. Pero se trata de lo que los místicos nos han estado diciendo siempre.40


Un conflicto de religiones

Los que defendemos el cristianismo nos encontramos constantemente con la oposición no de la irreligión de nuestros oyentes, sino de su verdadera religión... Si uno habla de una gran fuerza espiritual que lo impregna todo, de una mente común de la que todos somos partes, de un fondo de espiritualidad general a la que todos podemos dirigirnos, se atraerá el amistoso interés de todos. Pero la temperatura se hace glacial cuando uno menciona un Dios que tiene propósitos y que lleva a cabo acciones determinadas, que hace una cosa y no otra, un Dios concreto, que escoge, ordena y prohíbe, y que tiene un carácter determinado.41
Escribiendo ya en 1944, C. S. Lewis previó el influjo de ideas procedentes de Oriente y describe aquí la diferencia esencial en el concepto de Dios entre la religión de Oriente y el cristianismo.
No hemos hecho en este artículo una crítica exhaustiva y detallada del pensamiento de la Nueva Era. Para esto remitimos al lector a la bibliografía de recursos que damos al final. Nuestro principal propósito aquí ha sido el de alertar a los lectores acerca de este movimiento, y hacerlos conscientes de sus incursiones en prácticamente todas las áreas de pensamiento y vida.
Muchos de nosotros estamos tan ocupados oponiéndonos al evolucionismo en su vertiente atea que puede que hayamos pasado por alto el progreso de la religión oriental en los distintos campos de la ciencia. Aunque en el pasado la ciencia ha sido un potente instrumento de secularización, puede que en el futuro venga a ser el medio para legitimar una nueva forma de espiritualidad. Esta es desde luego la meta de físicos como Jack Sarfatti, director del Grupo de Investigación de Física y de la Conciencia en San Francisco. La postura de Sarfatti es que «La red de conexiones cuánticas es lo más cercano a lo que puede llegar la mente del Hombre a la luz espiritual de la conciencia crística, o Tao, que subyace a todas las apariencias». Y daba su perspectiva del propósito de la ciencia con estas palabras:
Queremos infectar a la sociedad con una visión diferente de la realidad. Los físicos son los sumos sacerdotes de la sociedad.42
Sarfatti no está solo en sus propósitos. Hay un gran número de pensadores de la Nueva Era en la educación, donde se están haciendo comunes técnicas de alteración de la conciencia como la meditación, imaginería guiada, biofeedback y autogenesia (hipnosis). También hay «redes de académicos, incluyendo presidentes de universidades y decanos, que aportan su peso específico a la idea de la conciencia en evolución», según Ferguson -y cosa más cargada de presagios, «grupos de burócratas informalmente coordinados que buscan maneras de poner la fuerza del gobierno tras las nuevas ideas».43
Si queremos hacer frente a la obra de estos autodesignados «sumos sacerdotes», nos es preciso comprender de una manera profunda todas las ramificaciones de la doctrina de la creación -no sólo aquello que es necesario para contrarrestar la teoría evolucionista, sino también lo suficiente para contrarrestar la cosmología mística oriental. En ésta reconocemos una forma del antiguo pecado de poner a la humanidad en lugar de al Creador en el centro de la realidad: «Nosotros somos todos Dios, nosotros hacemos el mundo.» Los que rehúsan reconocer a Dios como el Creador usurpan finalmente Sus cualidades y atribuyen la divinidad a alguna parte de la creación. El salmista, en cambio, nos exhorta con estas palabras:
Reconoced que Jehová es Dios;
Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.

     (Salmo 100:3)


REFERENCIAS

1 Marilyn Ferguson, The Aquarian Conspiracy (Los Angeles: J. P. Tarcher, Inc., 1980), pág. 35. Volver al texto
2 Fritjof Capra, The Tao of Physics (Oxford: Oxford University Press, Flamingo edition by Fontana Paperbacks, 1983), pág. 23. Énfasis añadido. Volver al texto
3 Esta y otras citas proceden de un simposio de fin de semana («Experiencing the Medical Model of the Future -An In-Depth Survey of Holistic Health»), patrocinado por la Association for Holistic Health and the Mandala Society, 4 de sept, 1977, tal como ha sido presentado en la revista Journal de Spiritual Counterfeits Project, «The Marriage of Science and Religion», Agosto 1978, artículo titulado «Holistic Health from the Inside», por Brooks Alexander, págs. 5-17.Volver al texto
4 Por ejemplo, August Comte, el «padre» de la ciencia social, y el filósofo Friedrich Hegel, quienes propusieron que la sociedad humana y el mismo pensamiento humano progresan en etapas concretas a través de la historia. Volver al texto
5 Ferguson, pág. 67. Volver al texto
6 Erich Jantsch, Design for Evolution (NY: George Braziller, Inc., 1975), pág. 152. Volver al texto
7 Theodore Roszak, Unfinished Animal (NY: Harper and Row, 1975), pág. 3. Énfasis en el original. Volver al texto
8 Capra, pág. 15. Volver al texto
9 Roszak, pág. 74. Volver al texto
10 George Leonard, «In God's Image» en Mind and Supermind, Albert Rosenfeld, ed. (NY: Holt, Rinehart y Winston, 1977), pág. 14. Volver al texto
11 Citado en Roszak, pág. 73. Volver al texto
12 Gopi Krishna, The Biological Basis of Religion and Genius (NY: Harper and Row, 1972), pág. 116. Volver al texto
13 Peter Russell, The Global Brain (Los Angeles: J. P. Tarcher, Inc., 1983), pág. 155. Volver al texto
14 Roszak, pág. 74. Énfasis añadido. Volver al texto
15 Ibid., pág. 106. Énfasis en el original. Volver al texto
16 Ferguson, págs. 164-165. Volver al texto
17 Ibid., pág. 166-167. Volver al texto
18 Ibid., pág. 166. Volver al texto
19 Ibid., pág. 159. Volver al texto
20 Roszak, págs. 109-110. Volver al texto
21 Ibid., págs. 110-114. Énfasis añadido. Volver al texto
22 David Toolan, «Psychology's Theological Quantum Jump» en Commonweal, 10 octubre 1980, pág. 562. El mismo Toolan no responde a la pregunta con la evolución sino con los resultados de la nueva física que se dan en la segunda mitad del artículo citado. Volver al texto
23 Fritjof Capra, The Turning Point (NY: Simon and Schuster, 1982), pág. 292. Volver al texto
24 C. S. Lewis, The Best of C. S. Lewis (Washington, D: Canon Press, 1969), págs. 280-281. Volver al texto
25 Citado en Capra, The Turning Point, pág. 292. Énfasis añadido. Volver al texto
26 Roszak, págs. 101-102. Volver al texto
27 Capra, Tao of Physics, pág. 11. Énfasis añadido. Volver al texto
28 Ibid., págs. 12-13. Volver al texto
29 Ibid., págs. 29-30. Volver al texto
30 Capra, The Turning Point, pág. 80. Volver al texto
31 Capra, Tao of Physics, pág. 78. Énfasis añadido. Volver al texto
32 Ibid., pág. 233. Volver al texto
33 Citado en Ferguson, pág. 172. Énfasis añadido. Volver al texto
34 Ibid., pág. 180. Volver al texto
35 Gary Zukav, The Dancing Wu Li Masters (NY: Bantam Books, 1979), pág. 28. Volver al texto
36 John Gliedman, «Turning Einstein Upside Down» en Science Digest, Vol. 92, No. 10, octubre de 1984, pág. 96.Volver al texto
37 Capra, The Turning Pont, pág. 87. Volver al texto
38 Michael Talbot, Mysticism and the New Physics (NY: Bantam Books, 1981), pág. 34. Volver al texto
39 Toolan, pág. 565. Volver al texto
40 Talbot, pág. 4. Volver al texto
41 C. S. Lewis, pág. 279. Volver al texto
42 Citado en Mark Albrecht y Brooks Alexander, «The Sellout of Science», Spiritual Counterfeits Project, Journal, agosto 1978. Volver al texto
43 Ferguson, pág. 63. Énfasis añadido. Volver al texto


BIBLIOGRAFÍA DISPONIBLE EN CASTELLANO

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Weldon, John, y Zola Levitt, O.V.N.I.S. -¿Qué está sucediendo? (Terrassa: CLIE 1978).



BIBLIOGRAFÍA ORIGINAL DEL ARTÍCULO

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Zukav, Gary, The Dancing Wu Li Masters (NY: Bantam Books, 1979).

Fuente: Bible-Science Newsletter, febrero 1985, pags. 7ss.

Tomado de: Servicio Evangélico de Documentación e Información