sábado, 28 de julio de 2012


Posted: 28 Jul 2012 01:36 AM PDT
Referencia: Nature.com ,
Autor: S. Liem, 25 de julio 2012

¿Quién necesita la jerga? El mes pasado, un estudiante de doctorado de física en la Universidad de Innsbruck, Austria, ganó un concurso por explicar el concepto de una llama con palabras que podía comprender un niño de 11 años de edad. Ben Ames, el ganador, realizó un video de 7,5 minutos, donde introdujo palabras como "oxidación" y "pirólisis", sólo para parodiarlas.

La premisa de este concurso estuvo dirigida a la aversión que tienen los divulgadores de ciencia por el uso de la jerga. A muchos les parece que la literatura científica es un lenguaje pomposo y estéril, diseñado para evitar nuestra comprensión. Lectura de algunos documentos parece una especie de ejercicio sádico. ¿Traducirlo? Imposible. Así que pueden imaginarse la impopularidad de mi creencia de que la jerga no sólo es esencial para el discurso científico, sino que también tiene su lugar en el debate público.

Ciertamente, hay mucho en la literatura académica que realmente no se puede defender —frases pasivas innecesarias, por ejemplo—; sin embargo, también creo que el rechazo de la jerga también refleja la gran hostilidad hacia el lenguaje difícil que impregna la cultura moderna.

Cuando nos enfrentamos con cualquier jerga, la científica, el habla de los negocios, la jerga legal, la gente tiende a suponer que cada término podría ser sustituido por alguno más coloquial. Al principio, puede parecer innecesario que los economistas usen la palabra francesa 'tramo' en lugar de 'capa', 'trozo' o 'corte'; pero los sinónimos comunes son problemáticos, ya que pueden ser intercambiados y fácilmente confundidos por los demás.

Los términos especializados captan la complejidad y especificidad de los conceptos científicos. Consideremos la astronomía, en la que tanto 'fotometría' como 'espectroscopia' denotan unas técnicas que podrían ser descritas de una forma libre como 'métodos de estudio de la luz'.

Sin embargo, la fotometría es la medición de la intensidad de la luz y la espectroscopia es el estudio de la relación de la luz con su origen. Ambas son técnicas complejas, importantes y altamente específicas. No hay otras palabras atrapen tan bien su sentido, y si perdemos esa jerga, perdemos a su vez su significado.

La literatura científica está llena de distinciones que pueden parecer pedantes. Consideremos por ejemplo, esta frase, la "células ganglionares de la retina intrínsecamente fotosensibles' (ipRGC). El término se refiere a un tipo específico de neuronas ubicadas en el ojo, y aunque la frase no sea divertida de analizar, cada palabra es importante. Un 'ganglio', vagamente definido, es una masa de tejido, que suele hallarse en el ojo, por lo que 'célula' se refiere a una parte específica de ese tejido. No todos los ganglios se encuentran en la retina, por lo tanto, el término 'retina' está justificado. Y no todos los ganglios de la retina son 'intrínsecamente fotosensibles', por lo que también se mantiene. Esto es quizá la verdad más difícil de aceptar para los divulgadores más idealistas. Nos llevaría uno cuantos párrafos la explicación de todas las demás distinciones científicas contenidas en el término 'ipRGC'. Muchos divulgadores de ciencia romperían el término (en un proceso que ellos llaman 'destilación'), para llamarlo finalmente algo así como un 'tipo especial de ganglio' o 'neuronas situadas en el ojo'. Esta redacción es más fácil de entender, pero que no presenta toda la verdad. Yo no estoy diciendo que los divulgadores siempre deban usar la jerga, pero sí quiero subrayar lo que se puede perder cuando no lo hacen.

La verdad tiende a ser complicada, y aquí la jerga ofrece su ventaja más obvia: la compresión. Hay una compresión emocional en muchos escritos, quizás el más visto (tal vez apócrifo) fue el de Ernest Hemingway: "En venta: zapatos de bebé, nunca usados". Los escritores técnicos utilizan la jerga para comprimir la información. La renuencia a utilizarla puede conllevar consecuencias graves. Consideremos de nuevo, los términos 'permuta de incumplimiento crediticio', hay detrás toda una escuela de pensamiento que sugiere que estos términos han sido diseñados únicamente para confundir, aburrir a la gente, y llevarla  hacia la apatía y la inacción. Para mí, sin embargo, me parece una sesgada justificación para no ocuparse lo suficiente, y pone de relieve el rechazo general al esfuerzo por obtener el significado.

La jerga requiere el trabajo de los lectores en general. Aunque también requiere del trabajo de aquellos que la utilizan. Los químicos y los físicos hablan lenguajes completamente diferentes, igual que los cosmólogos y los astrónomos, así como los glaciólogos y los hidrólogos. Estas divisiones lingüísticas no se han creado por el simple deseo de alienarse con un lenguaje noble y muy complicado, sino que son una consecuencia natural de abarcar la inimaginable complejidad del universo natural. Para este fin, la jerga es una necesidad, igual que el trabajo necesario para entenderla.

Otras palabras quizá necesiten de un cierto trabajo para su entendimiento, como en el caso de la jerga. Entender el significado de palabras tales como "portentoso" y "pretencioso" o "voracidad" y "veracidad", o tal vez para hacer la distinción significativa entre "impeler" y "compeler".

Me parece preocupante que la misma antipatía que algunos autores expresan hacia la jerga se haya arraigado en la actitud general del público hacia el lenguaje erudito. Yo sostengo que esto no es una mera coincidencia. Parece que la gente no sólo esté resentida con lenguaje especializado, sino con cualquier lenguaje que requiera un alto grado de esfuerzo para entenderlo, apreciarlo y utilizarlo. Cuando oye algunas quejas por tener que haber ido a consultar un diccionario —y especialmente cuando la consulta no pasa de trasladarse a otro ordenador—, me invade el deseo de agarrar por las solapas a esa gente y agitarla hasta hacer un sonajero con sus dientes. ¿Por qué hay tanta gente que no quieren esforzarse en los placeres y connotaciones que abarcan los idiomas? Cuando los escritores evitan la jerga sin cuestionamientos, los lectores comienzan a pensar que no responde a ningún propósito. El mundo aumenta su complejidad cada día, y no podemos permitirnos reducir nuestra capacidad para describirla.

- Nature 487, 407 (26 julio 2012) doi:10.1038/487407a 

Fuente: Bitnavegantes...Pedro Donaire