viernes, 21 de enero de 2011

Vision Ateista de Ciencia y Fe

viernes 21 de enero de 2011

ENTREVISTA A FRANCISCO AGUILAR PIÑAL, AUTOR DE "LA QUIMERA DE LOS DIOSES"

FRANCISCO AGUILAR PIÑAL

Comenté en mi anterior entrada que había concertado una entrevista con Francisco Aguilar Piñal, doctor en Filosofía y Letras, para hablar de su magnífico libro LA QUIMERA DE LOS DIOSES (Visión Libros, 2010). Pues bien, a continuación transcribo la entrevista en su integridad. Espero que sea de vuestro interés.

- Me sorprende sobremanera su vasto curriculum vitae. Desde que se doctoró en 1962 en Filosofía y Letras (Sección de Filología Románica), su vida ha estado plenamente entregada a la docencia y a la investigación. Los numerosos y merecidos premios, nombramientos académicos, homenajes y condecoraciones que ha recibido, avalan su fructífera trayectoria profesional, intelectual, literaria y humanística. ¿Cómo resumiría su brillante y bien aprovechado paso por este mundo? Por cierto, ¿por qué ese amor tan especial al siglo XVIII? No en vano es usted Socio Numerario y de Honor de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII…

- "No debe sorprenderte. Medio siglo da para mucho. Sobre todo si se hace del trabajo una forma de vida, agradable y aceptada, porque no ha sido impuesta. Premios y homenajes son la consecuencia, si el trabajo se ha hecho bien. Mi dedicación a la historia y la literatura del siglo XVIII ha sido una decisión universitaria. Comencé por mi tesis doctoral y me enganchó de tal forma que en pocas ocasiones me he salido de ese sendero. La Sevilla de Olavide me valió el premio 'Ciudad de Sevilla' en 1965 y después ser el único autor vivo incluido en la 'Colección Clásicos Sevillanos'. La lectura continuada de autores del XVIII me convencieron no sólo de que ese era el comienzo de nuestra modernidad, sino del cambio de mentalidad necesario para alcanzar la verdad, sepultada por tantos interesados en mantener viva una historia falseada por intereses políticos. A mi muerte, podré pensar que he aprovechado bien el tiempo concedido, entre una nada y otra".
- Vamos a centrarnos ya en el motivo de esta entrevista, que es hablar de su extraordinario libro LA QUIMERA DE LOS DIOSES. La verdad es que he disfrutado y aprendido mucho con su lectura. Es una obra muy documentada. ¿Por qué consideró necesario escribir un voluminoso ensayo crítico sobre las religiones? ¿Le llevó mucho tiempo su elaboración? Lo pregunto porque me ha llamado poderosamente la atención la cantidad de información científica, histórica, filosófica y teológica que incluye, amén de numerosas referencias bibliográficas. Eso hace de LA QUIMERA DE LOS DIOSES una obra especialmente amena y enriquecedora para el lector interesado por el conocimiento en general, al margen de la línea claramente racionalista y desmitificadora del libro que dignifica aún más su contenido.
- "Los enciclopedistas franceses, sobre todo el barón de Holbach, cuyas máximas encabezan los capítulos de mi libro, fueron los verdaderos arietes de la búsqueda de la verdad en la Europa pensante del XVIII. No el cínico de Rousseau, ni el frívolo de Voltaire, como tantos piensan, cuyo anticlericalismo está ya anticuado. Con ellos, cuantos reniegan de una Iglesia, pero admiten la existencia de un Ser Creador, se quedan en la superficie del problema. Después mi biblioteca se fue enriqueciendo con libros científicos, más que filosóficos, que me abrieron los ojos sobre la falsedad de todas las religiones, tema sobre el que decidí escribir cuando me jubilara de mis investigaciones históricas. Eso es lo que he hecho en los últimos diez años. El fruto es LA QUIMERA DE LOS DIOSES, libro del que estoy particularmente satisfecho y que, con alguna ironía, podría aconsejar que se usara como libro de texto en los seminarios. Es0 sería el comienzo de la ‘revolución incruenta’ que cambiaría la mentalidad de los humanos… Algo impensable, pero que anima a extender el 'contagio' de la VERDAD a cuantos tengan abiertos los ojos y los oídos de la conciencia. Mi suerte, como la tuya, ha sido vivir en un momento de la historia en que domina en nuestra sociedad la libertad de expresión. En otros tiempos nuestro destino hubiera sido la hoguera".

- En el prólogo confiesa que ha encontrado la ‘luz de la verdad’ en las antípodas del credo religioso, y añade que pretende librarse de las agobiantes 'telas de araña' eclesiásticas que le han impedido hasta sus últimos años de vida sacudir el yugo de la superstición. ¿Tan asfixiante y coactiva fue en su juventud la fe católica? ¿Acaso no tuvo otra visión panorámica que la que marcaba la religión?

- "¿Qué español educado en una familia cristiana no ha sentido esas 'telas de araña' agobiantes y cegadoras? Por eso subtitulo mi libro con el refrán quijotesco 'Ojos que no ven, corazón que no quiebra'. ¡Es tan importante y tan escasa la educación en y para la libertad! La palabra clave es EDUCACIÓN, que tanto obsesionaba a los 'ilustrados'. Si la edad de la razón comienza a los siete años, como dicen los psicólogos, en mi caso llegó mucho más tarde. Porque no puede existir la razón hasta que se sacude el cerebro de esas malditas 'telas de araña', tan agobiantes para el que piensa, pero tan cómodas para quien no quiere pensar. La ignorancia, si es consentida, es la causa del atraso mental de los humanos que prefieren ir tras el pastor, sin plantearse si van por el buen camino. Por el contrario, la curiosidad está en el origen de toda evolución hacia la verdad, y hacia el encuentro con la felicidad. Curiosidad para buscar la verdad de la vida, aunque sea demoliendo los castillos de arena ‘inventados’. Mi despertar fue doloroso, como supongo que será el de todos los que quieran salir de esa viscosa atadura a enseñanzas irracionales, predicadas desde la ingenuidad y la ignorancia (porque prefiero no atribuir maldad a los predicadores, fanáticos borregos sin malicia, que viven de la fe, un ‘invento’ para no ir solos al cielo soñado)".
- ¿Se siente por fin liberado de esa droga tan nociva que nos inyectan desde pequeño y que llamamos ‘fe religiosa’? ¿Cómo ha sido ese proceso personal e intransferible que le ha conducido hasta el ateísmo? ¿La literatura científica ha tenido parte de culpa?
- "A lo que recuerdo, mi primera gran duda fue la llamada resurrección, mucho más delirante si se trata de cuerpos que vuelven a la vida. Las dudas se fueron multiplicando conforme iba leyendo libros 'prohibidos' por quienes tienen miedo de la letra impresa. Libros de filosofía, pero que fui abandonando por libros científicos. Sé que, desde Epicuro y Lucrecio, los mejores filósofos han negado la existencia de Dios, pero ha sido pura intuición o deducción lógica, pero ninguno podía presumir de estar respaldado por argumentos científicos. Ni Kant, que tan bien estudió la razón, quería negar a Dios; ni Marx ni tantos otros ateos se sentían respaldados por la ciencia. En cambio, desde Darwin o Einstein, las cosas cambiaron, como han cambiado y seguirán cambiando en el futuro, porque la Ciencia está aportando los argumentos necesarios para hacer de la divinidad algo 'innecesario', como dice Hawking. Los científicos actuales que sigan a diario los descubrimientos neurológicos no tienen ya excusa para creer en ningún dios, se le vista como se quiera. No existen los espíritus. Ni el alma ni Dios. Es una pena llegar a estas conclusiones, que a tantos hará sufrir -como a mí-, pero la verdad científica ha de estar por encima de todo para alcanzar la felicidad".
- Usted y yo coincidimos en que fe y razón jamás pueden ir de la mano. Son mundos diametralmente opuestos. ¿Qué piensa de aquellos que, como Ratzinger, pretenden aunar religión y ciencia o fe y razón? ¿No es una temeridad además de un tremendo error?
- "Los teólogos son los más interesados en esta confusión. Pretenden hacer de la religión algo 'razonable' cuando en realidad la fe y la razón van por caminos opuestos. Para que triunfe la fe en el cerebro, como decía Lutero, hay que destruir a la razón. Por el contrario, donde se impone la razón, la fe está de más. Son dos elementos que jamás se podrán mezclar, como el agua y el aceite; mejor, se repelen, como los electrones del mismo signo. Quienes afirmen lo contrario lo harán por conveniencia, no por convicción, por mucho que presuman de sabiduría. Es algo tan evidente que no comprendo que alguien inteligente pueda confesar y defender lo contrario ¡Viven tan satisfechos en el error! Algo parecido ocurre entre fe y moral. Se puede ser perfectamente moral sin estar sometido a una fe, que no es garantía de vida virtuosa. ¿Conoces la máxima protestante de pecca fortiter, sed crede fortiter? (Peca mucho, pero cree mucho). La confesión, donde se pueden 'lavar' los mayores crímenes, es una perfecta excusa para el creyente sin moral".
CIENCIA Y RELIGIÓN SON INCOMPATIBLES
- Háblenos de la falacia animista, que tanto radiografía en su libro. De esa idea ancestral del alma sobre la que se ha construido el edificio de las religiones, de las filosofías idealistas, del espiritismo... ¿Ha sido la mayor mentira de la humanidad? ¿Para qué se inventó lo ‘sagrado’?

- "Las ideas religiosas de la humanidad forman una cadena que comenzó el mismo día que un homínido, antepasado nuestro, tembló de pánico ante lo incomprensible de cuanto le rodeaba, esa naturaleza hostil que hacía enfermar y desaparecer a sus seres queridos, que bramaba con fuego, se enfurecía con vientos y tormentas, le hacía morir de hambre o de frío, y grabó en su mente la máxima de la supervivencia: “para vivir tienes que matar”. El miedo ante lo desconocido le hizo imaginarse a 'alguien' que fuera responsable de tanta miseria, a quien debería suplicar para evitar todos los males. Lo 'sagrado', es decir, Dios, tuvo su causa en el miedo. Al mismo tiempo, el hombre imaginó que su pensamiento debía ser algo interior, distinto de su cuerpo, a lo cual los primeros filósofos, griegos y latinos, llamaron anima (alma). Estos dos espíritus, fruto del cerebro evolucionado de los primates, tan invisibles como imaginados, es decir, 'inventados' casi simultáneamente, son los culpables de todos los errores religiosos de la humanidad. Después vinieron otros espíritus 'inventados', como los ángeles y los demonios, que han alimentado la fantasía humana, de forma indeleble, pero errónea. Ningún espíritu puede existir fuera de la materia. Eso es lo que me dice la ciencia".

- ¿Se puede justificar en pleno siglo XXI, y con una ciencia tan avanzada en cuestiones cosmológicas, neurológicas y biológicas, la creencia en un Ser Supremo al que llamamos Dios? ¿No es realmente absurdo pensar en un mundo sobrenatural con los conocimientos que ya hemos adquirido sobre la vida y el mundo físico, como demuestra en su obra?

- "Ningún científico que se precie puede ignorar los grandes avances científicos que se han producido en el último medio siglo, sobre todo en las ciencias biológicas y neurológicas, que son las que más afectan a las ideas religiosas. Ya nadie duda de que el alma y la conciencia “son” (no “están” en) el cerebro. El ser humano mismo es, sustancialmente, un cerebro cuyas funciones son cada día mejor conocidas, pero que dependen de unos genes físicos, heredados, y de unos memes culturales, aprendidos durante la infancia y estimulados por la interesada sociedad de las religiones. Hablar de un mundo sobrenatural es, simplemente, apartarse del conocimiento científico y vivir en el terreno de la fantasía".
- Freud dijo: “La religión es un mecanismo de defensa frente a la angustia de la muerte”. ¿Es entonces el temor que el ser humano sigue teniendo a la muerte lo que hace que los memes religiosos se mantengan plenamente activos? ¿Nunca lograremos desprendernos de las fantasías religiosas y asumir con madurez racional nuestra inevitable finitud?
- "No habrá ser humano completo hasta que se doblegue a las exigencias de la razón, que reniegue de todo lo que no es 'razonable'. Porque es precisamente la razón, vencedora de la imaginación, la facultad que nos diferencia de los animales, en la que debemos fundar toda nuestra conducta. Soy humano porque tengo la facultad de razonar. Hasta que no consiga que mi razón ordene y dirija mi vida, seré un animal más, sensible, emotivo, esclavo de mis genes y de mis memes, con sentimientos de amor y de odio, irracional e incontrolable. Precisamente porque tengo razón no temo a la muerte, porque sé que después “no hay nada”. Ni premios ni castigos, ni cielo ni infierno, doctrina tan inventada como los dioses, que ha condicionado la vida del hombre en los últimos cuatro o cinco mil años. ¿No parece un poco raro que esas personas tan religiosas, creyentes en “otro mundo” de felicidad, tengan tanto miedo a la muerte?"
LAS RELIGIONES HAN CAUSADO MUCHAS MUERTES A LO LARGO DE LA HISTORIA
- Nuestro admirado Richard Dawkins afirma que nunca dejaría la Biblia al alcance de un niño porque es un libro potencialmente peligroso. Y usted, en su libro, habla de la sangre derramada en nombre de Dios. ¿Considera que los libros sagrados han servido para fomentar y justificar la violencia, la división, el fanatismo y la intolerancia de los hombres?

- "Los libros de la Biblia no es que sean peligrosos, es que son (bien es verdad que unos más que otros) un 'horror', ya que el Dios que presentan a la adoración de sus 'hijos' es un pozo de maldad, ordenando a sus seguidores un crimen tras otro, siempre derramando sangre, para 'conquistar' una tierra aniquilando a sus legítimos poseedores. ¿No resulta una historia muy repetida? Lo más incomprensible es como esa palabra mágica -DIOS- ha penetrado en la mente de los humanos, instalándose en ella como el 'meme más dañino', que no se puede erradicar sin un esfuerzo sobrehumano, cuando sabemos que ese supuesto Creador es, según el 'invento' bíblico, un Ser codicioso, falible, vengativo, sádico, insensible, que no conoce más pueblo que el 'suyo elegido', ignorando a todos los demás pueblos, pero que se ha metido en lo más íntimo de las conciencias. Es un misterio para mí incomprensible que miles de millones de humanos adoren a un dios de estas características. ¡Si al menos fuese digno de admiración y de amor! No sé de otros libros, pero desde luego, la Biblia y el Corán son el manantial que desde el siglo XII, con las Cruzadas, hasta el día de hoy con la Yihad islámica, ha bañado en sangre el suelo de nuestro planeta. El fanatismo de unos y de otros es tan evidente que no es necesario insistir en esta realidad, indigna del dios que predican".
- Una pregunta que los ateos nos hacemos en estos momentos es si realmente España es laica y aconfesional, como defiende nuestra Constitución. ¿Qué piensa al observar el papel predominante que aún mantiene en nuestra sociedad la Iglesia católica que incluso sigue recibiendo bastante dinero del Estado? ¿A esto se le puede llamar estado laico?
- "La Constitución española actual no es laica, sino 'no confesional', como todo el mundo sabe. Yo defiendo el laicismo ideológico (sin la violencia de los radicales), que pretende ser neutral ante todas las religiones, respetuoso con todas las creencias personales. Quien ataque a un practicante de otra religión, no puede llamarse laicista. Porque la religión es individual, no colectiva (aunque la Biblia hable siempre de la salvación de un 'pueblo', con lo que demuestra que no es un libro religioso sino político). ¿No se predica que la 'salvación' es individual, mía y sólo mía? ¿Por qué, pues, involucrar a los demás? Por eso, en mi libro no se trata el tema religioso desde un punto de vista social, sino personal. Practicar el laicismo total, basado en el respeto a la dignidad del prójimo, sería la solución para la convivencia y la paz".

- Dice usted en su libro: “…las miles de religiones que se disputan el indefenso corazón (perdón, mente) del pobre homo sapiens sapiens, tan inseguro, influenciable y crédulo, al que el adjetivo sapiens le viene un poco ancho”. ¿Por qué el hombre de la calle carece de cultura científica y sigue comportándose de manera crédula y supersticiosa? ¿Cómo podría cambiar esta situación para que por fin el hombre se interese vivamente por el conocimiento científico y se comporte más racionalmente?

- "Para llegar al laicismo me parece que no hay más camino que la Ciencia. No basta con un 'sentimiento' más o menos profundo de rechazo a lo eclesiástico. El anticlericalismo ya es algo trasnochado, lo mismo que el ateísmo 'sentimental'. Hay que hilar más fino y profundizar en los descubrimientos de la ciencia, que nos van diciendo cuáles son las soluciones al misterio de la vida. El primer paso, sin embargo, es la voluntad de conocer la verdad. Pero se precisa un acto de voluntad, como para dejar una adicción peligrosa. Hay que fomentar entre los científicos la necesidad de divulgar los nuevos descubrimientos, sobre todo en neurología. Pese a todo, los más no querrán saber nada de adelantos, prefiriendo la compacta doctrina aprendida de labios 'con autoridad', porque no reconocen más autoridad que la procedente del Dios que ellos mismo crearon. ¡Si al menos se pudiera separar la credulidad de la violencia!"

FRANCISCO AGUILAR PIÑAL PRESENTANDO UNA PONENCIA
- Como bien sabe usted, me he interesado desde mi juventud por el estudio e investigación de los temas paranormales, ufológicos y otros enigmas. ¿Qué piensa de esas cuestiones limítrofes del conocimiento? ¿Cree que hay fenómenos que todavía escapan a la comprensión científica o considera más bien que todo es fruto de la imaginación, de alucinaciones y de fraudes?

- "De todo un poco. La imaginación, hoy como ayer, nos hace ver cosas imposibles. Hay alucinaciones involuntarias, pero también fraudes muy voluntarios. Hay que saber distinguir. Creo que con el tiempo se irán aclarando los misterios que todavía hoy nos conmueven. Desde luego, ni ovnis ni extraterrestres (si los hubiere) tienen que ver con ningún dios ni con ningún espíritu. Su posible existencia no tiene nada que ver con la religión. Muchas veces, sin embargo, he pensado que la magia, que tanto me asombra, explicaría muchos milagros. Pero no todos. La vida, desde su origen, es un cúmulo de misterios, que sirven de base para los creyentes en alguna divinidad. Yo mismo estoy confundido con dos 'misterios' que la ciencia todavía no ha sabido explicar. El primero es el de la oui-ja. Como no creo en los espíritus, ni de vivos ni de muertos, considero que es una superchería, sobre todo cuando se habla de 'espíritus burlones'. Pero fui testigo de una experiencia, hace muchos años, que me dejó impactado. El vaso corriendo sobre la mesa, buscando letras para dar sentido a las frases, contestando con seriedad y sensatez a cuanto se preguntaba… Todo un impacto, que llegó a impresionarme cuando llegó la hora de hacer preguntas cuya respuesta no sabía ninguno de los presentes. Al cabo de unos días comprobé la exactitud de las respuestas. Desde entonces no he querido repetir la experiencia, ni he podido admitir que sea el cerebro de alguien presente el que mueva al vaso. El segundo de los misterios que me confunden es el de los 'círculos' de trigo y maíz en las cosechas de tantas tierras y lugares diferentes. Es imposible el fraude humano. Las espigas no se doblan por ningún ser a ras de tierra. O viene de arriba o de abajo. Es decir, o es por obras de seres extraños a este planeta, o bien es un efecto magnético del interior del planeta. Lo que no tiene explicación es la perfección de los dibujos, todos geométricos y distintos, cuyo significado nadie conoce; que los tallos se doblan pero no se quiebran, que no hay testigos y se hacen en un abrir y cerrar de ojos. Tengo coleccionados cientos de estos dibujos de 'cereales abatidos' y cada día me parece más extraño. Espero que la ciencia algún día lo descubra, y su explicación haga reír a los humanos a quienes toque tal suerte".
- Aunque es ateo por convicción, no le parece un término adecuado desde un punto de vista filosófico. En su libro, usted se define ideológicamente como racionalista, aunque también se declara religioso no creyente. ¿Nos puede decir qué significa exactamente ese oxímoron?
- "El oxímoron se deshace en cuanto te aclare que, para mí, la religión no consiste en creer, sino en interesarse por las implicaciones intelectuales de la espiritualidad. Hay personas, la inmensa mayoría, que no se hacen preguntas que no saben responder, ni se interesan por explicar sus sentimientos sobre otra posible vida, sino que siguen las doctrinas aprendidas sin hacerse más preguntas. O son indiferentes a la religión, aunque se manifiesten como creyentes. Ser religioso, para mí, es interesarse vivamente por la posible existencia de algún dios, por el sentido de la vida y la muerte, por la posibilidad de seguir viviendo después de morir. En mi caso, además, se demuestra por una biblioteca amplia sobre temas religiosos. Puedo decir, por tanto, que soy religioso, en cuanto estudioso de la religión, pero también no-creyente porque no creo en nada de lo que me dicen las religiones positivas. No es que mientan, sino que 'fabulan' sobre doctrinas tradicionales, repetidas sin el menor asomo de criterio racional. Y no me gusta la palabra ateo porque limita las posibilidades de aceptar algún 'dios', nacido de alguna otra creencia. Por ejemplo, si la ciencia me dice que la 'energía' es eterna, ¿haría mal considerándola como esa divinidad que estamos buscando? Este tema daría mucho que hablar y no es el momento de hacerlo, aunque habría que seguir profundizando en el tema (con científicos, no con filósofos ni con teólogos, que ya han visto pasar su hora)".
- No quisiera concluir la entrevista sin referirme a su Testamento vital, que tuvo la amabilidad de enviarme en su momento. Suscribo cada uno de sus párrafos. Actualmente, me identifico plenamente con su visión racional del mundo, con su amor por la ciencia y la filosofía ilustrada, con su defensa del humanismo laico... ¿Por qué lo escribió y para quién? ¿Cree que le ha quedado algo por hacer en la vida o se marchará plenamente satisfecho? ¿Qué interrogantes le gustaría tener resueltos antes de abandonar este mundo?
- "Hice mi 'Testamento vital' para mí mismo, en primer lugar, pero también para mis hijas y nietos. Porque es la mejor forma de darse a conocer a los seres queridos. Aunque es verdad que nadie conoce a nadie, hay aproximaciones que pueden satisfacer la curiosidad por 'entrar' en el cerebro de los mayores. ¿Cómo podré conocerme de verdad sin saber nada de mis antepasados? Yo mismo he buceado en mi árbol genealógico y he dejado escritas las biografías de los apellidos familiares, hasta donde he podido (naturalmente, he llegado al siglo XVIII). En cuanto a los interrogantes que me gustaría despejar, ya he apuntado a dos de ellos, pero sé que tendré que marcharme llevando a cuestas las mayores incógnitas de la vida. Sin embargo ¿qué me puede importar cuando haga el viaje inverso a mi llegada, que fue de la nada a la vida? No sé si a la hora de mi muerte tendré la lucidez suficiente como para saber si me voy satisfecho o no. Al menos, ya he completado casi todos mis proyectos. Los familiares, desde luego. Después los profesionales, casi todos. Ahora estoy escribiendo un nuevo libro dieciochesco titulado Madrid en tiempos del mejor alcalde, pero como será el último antes de partir, estoy dándole largas…"

Muchísimas gracias, don Francisco, por su gentileza al responder a mis preguntas. También le estoy muy agradecido por todo el saber que ha aportado a través de su excepcional libro LA QUIMERA DE LOS DIOSES, que ocupará un lugar destacado de mi biblioteca particular.