domingo, 16 de septiembre de 2012


Posted: 22 Aug 2012 11:30 PM PDT
Referencia: ScientificAmerican.com ,
Autor: James Vlahos 20 agosto 2012

El inframundo neurológico entre el sueño y la vigilia puede hacer delirar la mente y llegar a convertirse en algo trágicamente real.

No había nada inusual en el hombre que se presentó en el Centro Regional de Trastornos del Sueño el 27 de junio de 2005, en Minnesota. Como tantos otros pacientes de la clínica, Benjamin Adoyo (nombre ficticio) era sonámbulo. Un estudiante universitario de 26 años de edad, originario de Kenia, que había estado vagando por las noches desde su infancia. Últimamente, sin embargo, su conducta había empeorado.

Adoyo se había casado en febrero, y su esposa le despertaba sacudiéndole mientras no paraba de moverse sobre su cama y balbuceaba de forma ininteligible. Asustada, ella simplemente hacía todo lo posible por despertar a Adoyo, el cual, una vez despierto, nunca recordaba nada. Vivían en un apartamento de un solo dormitorio en Plymouth, un suburbio de Minneapolis, y el sonambulismo estaba tensionando su jóven matrimonio. El formulario de remisión del médico de atención primaria se señalaba que la esposa del paciente estaba "sobresaltada a veces por su comportamiento, aunque no había lesiones."

Después de evaluar a Adoyo, los médicos del Centro del sueño, le propusieron regresar el 10 de agosto para una electroencefalografía nocturna (EEG), para estudiar las ondas eléctricas generadas por el cerebro durante el sueño. En medio de la noche, Adoyo empezó retorcerse y a dar tirones de los cables conectados a los electrodos, sacándose mechones de pelo conforme se desgarraba. Pero él no se despertaba.

A la mañana siguiente Michel Cramer Bornemann, director del centro, le dijo a Adoyo que su caso se estudiaría bajo el diagnóstico de un trastorno del sueño conocido como parasomnia no-REM. (La parasomnia es un trastorno de la conducta durante el sueño, asociado con episodios breves o parciales de despertar, sin que se produzca una interrupción importante del sueño ni una alteración del nivel de vigilia diurno. Wikipedia). Tratando de recordar cuando Adoyo arrancaba los sensores, Bornemann le preguntó: "¿Recuerdas haber sentido algún dolor o impulso?"

"No", respondió Adoyo sin dudar.

La siguiente visita de Adoyo al centro del sueño fue el 17 de octubre. Él dijo que el medicamento contra la ansiedad que Bornemann le había recetado para tratar el sonambulismo no ayudaba mucho, así que Bornemann le mandó una dosis de uno o dos miligramos. El médico esperaba sinceramente que podía ayudar a su paciente. "Él era un chico amigable y atractivo," recuerda Bornemann. "No tenía premonición alguna de lo maligno que anidaba en su cuerpo."

Adoyo nunca regresó. Varios meses después, los médicos del sueño descubrieron por qué, cuando recibieron una carta de la oficina del Defensor Público de Minnesota informarles que el 19 de octubre, sólo dos días después de la última visita a la clínica, Adoyo fue detenido por la muerte de su esposa y él era el principal acusado del crimen. "Estamos buscando a alguien para consultar respecto a cualquier relación que este trastorno del sueño pueda tener con su delito", declaraba la carta.

La contingencia de soñar

El hecho más básico e aparentemente indiscutible sobre el sueño es que estás dormido o despierto. Con seguridad, los científicos subdividen el estado de inconsciencia por los ciclos del movimiento ocular rápido (REM) y el no REM (NREM), y este último, a su vez, dividido en tres subetapas. En general, durante la mayor parte del siglo pasado se ha apoyado la idea de que el sueño y la vigilia son dos estados distintos, con límites bien definidos.

Estas fronteras, supuestamente firmes, son por lo que los jueces y jurados se muestran escépticos cuando se les presenta un trastorno del sueño como la explicación de un delito, como el de Adoyo. «Yo estaba dormido cuando lo hice» suena como la clásica defensa Twinkie, esa en la que la ciencia se retuerce para abrogar la responsabilidad personal. ¿Cómo, después de todo, puede una persona si no está totalmente despierto ser capaz de molestar, herir o matar a otra persona? Sin embargo, en las últimas dos décadas, la ciencia del sueño ha sentido la revolución de una nueva teoría que ayuda a explicar eso, desde los crímenes del sueño a la naturaleza fundamental de sueño en sí. Como apunta Bornemann, "El sueño o la vigilia no es un todo o nada, un fenómeno en negro y blanco. Hay una espectro gradual."

La idea de que una persona pueda estar físicamente animada pero mentalmente desconectada está bien establecida en la cultura popular, sólo hay que recordar el sonambulismo de "Lady Macbeth", de Shakespeare, y en los tribunales. La primera vez en la historia judicial norteamericana que el sonambulismo fue utilizado con éxito como defensa frente a una imputación por asesinato fue en el caso de Albert Jackson Tirrell en 1846, que mató a una prostituta, casi decapitándola con una navaja. Más cerca en el tiempo, en Toronto en 1987, un hombre de 23 años, llamado Kenneth Parks, condujo 22 kilómetros y asesinó a su consuegra, supuestamente bajo un sonambulismo inconsciente. Fue absuelto consiguientemente.

Los asesinos del sueño acaparan titulares, pero son afortunadamente raros, una revisión de 2010 en la revista de neurociencia Brain enumeran 21 casos de muestra, donde el acusado era absuelto un tercio de las veces. La violencia no letal, sexual o de cualquier otra manera ilegal durante el sueño, sin embargo, son más comunes de lo que el público pueda sospechar. Unos 40 millones de estadounidenses sufren de trastornos del sueño, y una encuesta telefónica en EE.UU. a finales de 1990 estimaba que dos de cada 100 personas se infringieron heridas a sí mismos o a otras personas mientras dormían.

Bornemann, junto con sus colegas Mark Mahowald, y Carlos Schenck, que es uno de los expertos más eminentes del mundo en parasomnias, un término paraguas para los comportamientos no deseados del sueño, con frecuencia reciben solicitudes de ayuda de abogados. Para distinguir entre su labor médica y legal, los doctores iniciaron una entidad independiente en 2006, con Bornemann al timón y Mahowald Schenck como consultores. Se hacen llamar Sleep Forensics Associates.

Estos forenses del sueño operan como una especie de agencia de detectives científica [...]

- Más información en el artículo original .

En resumen:
» Que el cerebro esté dormido o despierto no significa que esté en uno solo de estos estados, según algunos científicos. » La investigación sugiere que lo que reconocemos como dormir, los ojos entornados, la quietud física y la falta de conciencia, sólo se produce después de una serie de diferentes partes del ciclo cerebral dentro del estado de sueño. » Si es correcta la hipótesis del sueño parcial, algunas partes del cerebro pueden estar dormidas mientras nosotros estamos despiertos, y viceversa. » Esta nueva visión podría explicar por qué, en casos extremadamente raros, los individuos pueden llegar a cometer delitos graves, como el asesinato, durante el sueño.

- Imagen: Gerald Slota
- Original: "What Sleep Crime Tells Us About Consciousness"
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Posted: 22 Aug 2012 09:51 AM PDT
Referencia: News.Harvard.edu , 19 agosto 2012

Se trata de uno de los giros de trama más comunes de Hollywood, atrapado in fraganti, el asesino afirma que sufre de trastorno de personalidad múltiple, y dice que no recuerda nada del crimen, apuntando con su dedo hacia una personalidad alternativa.

Un nuevo estudio, sin embargo, sugiere que este escenario pertenece estrictamente al ámbito de la ficción.

El estudio, realizado por Richard J. McNally, de la Universidad de Harvard, Rafaele Huntjens, de la Universidad de Groningen, y Bruno Verschuere, de la Universidad de Amsterdam, arroja dudas sobre la "barrera amnésica" que ha sido durante mucho tiempo una característica de lo que hoy se denomina trastorno de identidad disociativo (DID, dissociative identity disorder), demostrando que los pacientes sí tienen conocimiento de sus otras identidades. Huntjens fue el autor principal del estudio, del que se informó en un artículo publicado en PLoS ONE el 17 de julio.

"En última instancia, este trastorno es una forma de expresar la angustia", señaló McNally, profesor de la facultad de Psicología. "Lo que hemos demostrado es que la idea fundamental del concepto de DID, la de que hay amnesia entre las identidades, no existen pruebas convincentes de ello".

Hace aproximadamente un siglo, Morton Prince , un neurólogo educado en Harvard que trabajaba en el área de Boston, acuñó la frase "trastorno de personalidad múltiple" para describir el caso de Sally Beauchamp, una mujer de Arlington que parecía tener dos personalidades.

Los Informes de DID, que a veces se confunden con la esquizofrenia, eran raros en el siglo XX, tan sólo unas pocas docenas de casos aparecen en la literatura. Con la publicación de "Sybil" (1973), sin embargo, la condición entró en la corriente principal. La historia de Sybil Dorsett, era de una mujer que afirmaba tener hasta una docena de personalidades, se convirtió en sensación internacional. Hubo dos adaptaciones cinematográficas.

Los diagnósticos de DID aumentaron considerablemente en las dos décadas siguientes. Además de elevar el perfil público de la enfermedad, el libro también marcó la primera sugerencia de que esas personalidades alternas se crearon como un escudo ante los recuerdos traumáticos de abuso físico o sexual, y que tales recuerdos podían ser recuperados con la ayuda de un terapeuta .

"La idea en ese momento era que la mente bloquea esos recuerdos, pero con la ayuda de un terapeuta, y por medio de la hipnosis o el uso de drogas, como el sodio pentotal, esos recuerdos podían convertirse en accesibles", explicaba McNally.

Para saber si realmente hay una "barrera amnésica" entre las identidades de un paciente de DID, McNally y sus colaboradores concibieron un experimento único.

Mientras que en los estudios anteriores se basaban simplemente en preguntas, sin manera de asegurarse de la veracidad de las respuestas, la prueba descrita por McNally fue diseñada intencionadamente para "engañar" a los pacientes, lo que hace casi imposible su falsificación.

Llamada la "tarea de información oculta", el objetivo de la prueba es aparentemente simple: identificar las palabras que van parpadeando en la pantalla del ordenador. Si aparece una palabra "objetivo" de entre un pequeño grupo de elegidas al azar, pulsa sí. Para todas las demás, pulsa no. La idea es, según McNally, que muchas de estas palabras no significan lo mismo para los pacientes, un pequeño subconjunto de palabras, que eran objetivo, fueron tomadas de los cuestionarios autobiográficos que dos pacientes rellenaron al inicio de la prueba, una sobre personalidad, y la segunda del otro.

Cuando una de esas palabras, personalmente relevantes, como puede ser el nombre del mejor amigo, comida favorita o el deporte favorito, aparece en la pantalla, prosiguió McNally, el primer impulso de la mayoría de los pacientes es pulsar el botón  sí. Instantes después, sin embargo, se dan cuenta de que la palabra no aparece en la lista de objetivos, y en su caso dan la respuesta "correcta" pulsando no.

Es ese "retraso de procesamiento", medido en milésimas de segundo, lo que demuestra que los pacientes "conocen" una palabra personalmente relevante, reseñaba McNally. Si la amnesia entre las identidades fuesen reales, el retraso, o sea,  el tiempo que se tarda en reconocer una palabra, darse cuenta de que no está en la lista de destino y en pulsar el botón correcto, todo ello debería desaparecer.

Pues los resultados mostraron lo contrario.

Como era de esperar, el retraso apareció en las palabras que eran relevantes para la personalidad que hacia el test. Todos los participantes mostraron un retardo casi idéntico en las palabras que eran pertinentes a sus personalidades alternativas, McNally, dijo, sugiriendo que la información no estaba atrapada en la supuesta identidad separada.

"Para los pacientes con DID, el aumento en el tiempo de reacción fue notable", dijo McNally. "Esto demuestra que la información se filtra a través de la llamada barrera amnésica. La cuestión es, si una identidad está realmente amnésica de información, se supone que está solamente accesible para la otra identidad, y la respuesta parece ser que no."

McNally afirmaba que aquellos que dicen estar sufriendo de este trastorno pueden estar reaccionando más a las expectativas culturales que a las realidades psicológicas.

"Para las personas que lo padecen, este trastorno es en última instancia una forma de expresar angustia", dijo McNally. "Las culturas proporcionan una cierta cobertura a la gente para expresar dolor o el sufrimiento psicológico, y el DID es una especie de figura cultural a tal efecto. En el siglo XIX, las mujeres podían conseguirlo con los "vapores" y el desmayo, ahora no se ve nada de eso. Francamente, no creo que se perdiera mucho si eliminaran este diagnóstico se eliminaron del Diagnostic and Statistical Manual (Manual Estadístico y de Diagnóstico). Las personas, simplemente, comenzarían a expresar su sufrimiento en diferentes formas que son más dóciles al tratamiento."


- Image: Richard McNally. Kris Snibbe/Harvard fotógrafo.
 
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Fuentes...Pedro Donaire..BITNAVEGANTES