miércoles, 18 de enero de 2012

SEMINARIO DE LA CATEDRA CTR , ESCUELA TÉCNICA SUPERIOR DE INGENIERÍA
UNIVERSIDAD COMILLAS  , SEGUNDA SESIÓN GENERAL , 18 DE ENERO DE 2007




INTELLIGENT DESIGN:
¿Ciencia o filosofía?

MANUEL CARREIRA, ponente
John Carroll University, Universidad Comillas
Observatorio Vaticano

JAVIER IGEA, discussant
Doctor en Astrofísica,
Ex profesor en la Facultad de Teología San Dámaso
Y en la Universidad San Pablo-CEU



DOCUMENTO MARCO:
CIENCIA Y FE: AZAR Y DISEÑO FINALÍSTICO
Por Manuel Carreira




CIENCIA Y FE: AZAR Y DISEÑO FINALÍSTICO
En entornos educativos donde se estudian problemas de Biología y Teología, hay un debate
amplio sobre la oposición entre el punto de vista Darvinista de la evolución –desde la primera
célula hasta el Hombre- y la posición, generalmente atribuida a fundamentalistas bíblicos de
Estados Unidos, que insiste en afirmar un “diseño Inteligente” para conseguir un fin
libremente escogido por el Creador. Quiero desarrollar un enfoque que subraya el carácter
no científico de las presuposiciones que afirman azar o finalidad al hablar de la evolución,
con la consecuencia lógica de que no es necesario escoger entre ambas posiciones como si
fuesen contradictorias .(afirmando y negando lo mismo desde el mismo punto de vista).
Primeramente es necesario recordar los límites de la metodología científica. La “Ciencia”, en
el sentido en que ahora se usa la palabra para describir un conocimiento distinto del
contenido en las “Humanidades”, trata de las interacciones de la materia. Son éstas unas
formas de actuar que pueden ser comprobadas en un experimento, que lleva a medidas que
luego pueden usarse para predecir lo que va a ocurrir en el futuro o para inferir un estado
previo del sistema que se estudia. Esto es lo que se supone cuando atribuimos a la ciencia
la objetividad y universalidad que permite que el mismo resultado sea obtenido por cualquier
investigador en cualquier época y en cualquier cultura. Resultados irreproducibles no se
aceptan como evidencia, y ninguna teoría tiene carácter científico si es imposible –en
principio, no por limitaciones tecnológicas- el realizar un experimento para comprobarla. La
teoría puede ser matemática y conceptualmente muy atrayente, pero será “ciencia ficción” si
nunca puede someterse a prueba experimental.
Como ejemplo concreto de las consecuencias lógicas de esta metodología, no puede
considerarse una afirmación científica el atribuir a cualquier parámetro físico un valor
estrictamente infinito en una situación real concreta. Un proceso puede no tener una etapa
final lógica –por ejemplo, el colapso de la materia en el interior de un agujero negro- pero
nunca es lícito decir que en un tiempo dado se alcanzará una densidad infinita. No hay
ningún instrumento capaz de medir un valor infinito. Por la misma razón, si aceptamos un
valor infinito de la densidad al comienzo del Universo, sería imposible calcular un valor finito
después de una millonésima de segundo o de cualquier otro intervalo de tiempo.
“Otros Universos” que se postulan frecuentemente como un modo de soslayar dificultades
que se encuentran en la descripción física del Universo que observamos, por su misma
definición son totalmente incognoscibles, por muchas que sean la ecuaciones que sugieren
que pueden existir. Son ciencia ficción, y un modo muy pobre de esquivar los problemas
que no podemos resolver en el único Universo que conocemos y comprobamos. Es
totalmente gratuito el asumir que todo lo que es posible matemáticamente debe existir de
hecho: la matemática es un lenguaje humano, muy útil para describir las relaciones
cuantitativas que se encuentran en la realidad, pero es solamente un lenguaje, no una
imposición sobre la naturaleza ni un encantamiento mágico para hacer que algo ocurra.
“Finalidad”, “Casualidad”, “Motivación” no pueden ser detectadas por ningún experimento ni
reducidas a un número en una ecuación. Aun en el caso de un producto tecnológico para un
fin obvio, científicamente es imposible probar por qué razón existe. Pero nosotros inferimos
constantemente una razón –su finalidad- a partir del estudio de sus propiedades y de la
deducción lógica de su inutilidad si esas propiedades se alterasen en forma importante. Un
automóvil no sería comprensible si tuviese triángulos en lugar de ruedas, si no tuviese
volante o algo equivalente para controlarlo, si estuviese hecho de un material frágil, etc. Es
obvio que no está hecho para cruzar el océano ni para volar ni para servir de maceta a unas
plantas: solamente tiene sentido como hecho para moverse sobre una superficie
básicamente plana y dura, bajo el control humano.
El pensamiento (no la actividad de las neuronas cuando pensamos) no puede detectarse
experimentalmente; lo mismo debe decirse del posible valor de una idea cuando se escribe
poesía. Ni el valor literario de un libro ni el nivel artístico de una pintura pueden demostrarse
experimentalmente. Lo mismo es aplicable a nuestras relaciones familiares, nuestro sentido
del deber, nuestras preocupaciones sociales: todo lo que constituye verdaderamente la vida
y la cultura humana es imposible detectarlo y cuantificarlo siguiendo la metodología científica
estrictamente.
En la misma Ciencia, las preguntas más básicas no pueden responderse con ninguna
ecuación. En palabras de John Archibald Wheeler, la pregunta más importante es “por qué
hay algo en lugar de nada”. Esto cae fuera del ámbito de la Física, y solamente puede ser
objeto de una investigación Metafísica. También admite Stephen Hawking que las
ecuaciones describen un Universo, pero no dice  por qué hay un Universo que se ajusta a
las ecuaciones . Una y otra vez el “por qué” y “para qué” finales de la misma materia se
muestran como un misterio insoluble si restringimos nuestro punto de vista a los hechos
comprobables experimentalmente.
Pero no nos sentimos satisfechos con los datos limitados y los métodos restringidos de la
ciencia.

Durante la segunda mitad del siglo pasado, cosmólogos famosos han propuesto el
“Principio Antrópico”  que intenta inferir la finalidad del Universo a partir de un estudio
detallado de las consecuencias que se seguirían, de acuerdo con las leyes físicas, de
cambiar cualquier parámetro de la materia ya en el momento inicial de su evolución. Debe
decirse claramente que buscar esa respuesta exige abandonar el modo puramente físico de
pensar: es un principio metafísico el que se infiere de los datos de las ciencias de la materia.
Pero es lógico que nos interese encontrar una respuesta, del mismo modo que nos interesa
la belleza de un poema y no sólo la composición química del papel y de la tinta del libro en
que lo leemos.
Wheeler nos presenta el Principio Antrópico como indicando que el Universo apunta a la vida
inteligente como la única razón satisfactoria para la selección de parámetros en la Gran
Explosión inicial. Para ello se dirige a la naturaleza más íntima de la materia tal como la
estudia la ciencia: es “ajustable”, puede existir en múltiples modos diversos, puesto que está
en continuo cambio. Pero lo que puede existir de distintos modos necesita ser determinado
extrínsecamente para que de hecho exista en una forma concreta en lugar de otra.
Podríamos decir que la afirmación más universal acerca de la materia es la de su
dependencia del tiempo, pues cualquier cambio implica propiedades distintas en tiempos
sucesivos. Esto nos lleva a la necesidad de aceptar o una causalidad hacia el pasado –la
solución que Wheeler propone, cayendo en el ejemplo más obvio de un círculo vicioso- o la
creación de la materia por un agente no-material, no restringido al espacio y el tiempo. Pero
una creación en sentido estricto necesariamente implica una potencia infinita4 - junto con el
conocimiento de todas las posibilidades ilimitadas de hacer un Universo- y una elección de
parámetros para el que de hecho se crea. Tal elección implica finalidad.


Sería absurdo considerar que la existencia de estrellas agotando sus combustibles durante
miles de millones de años o el arrastrarse de entidades biológicas sin conciencia de sí
mismas son razón suficiente para que un Ser personal e inmaterial haya creado el Universo.
La Física encuentra los límites más estrictos a los parámetros de la materia en la exigencia
de que al menos en un lugar del Universo pueda existir vida inteligente; la Filosofía y la
Teología concurren afirmando que la única finalidad lógica de un Creador personal debe ser
la existencia de otros seres personales –inteligentes y libres- que pueden reconocer su
deuda de gratitud al Creador y participar de la felicidad de la fuente infinita de todo ser que
quiere comunicar su propia vida.
Desde el punto de vista de la Física podemos también determinar los límites de toda la
actividad material. La ciencia moderna acepta solamente cuatro interacciones –gravitatoria,
electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil- que definen lo que la materia es con una
definición operativa, típica de la metodología científica. Ninguna de estas interacciones
incluye consciencia, pensamiento abstracto o voluntad libre entre sus efectos, dejando así
fuera del ámbito de la materia la actividad más propia y obvia del Hombre. Si el Creador –
personal, inteligente y libre - es inmaterial, es lógico aceptar la posibilidad de que cree otras
entidades inmateriales dotadas de capacidades similares, aunque de un nivel infinitamente
inferior: sólo lo que supera a la materia puede actuar en una forma que rebasa las cuatro
interacciones que definen a la materia.
 

Evolución Cósmica
Cuando el Universo comienza a existir, sin un estado previo del cual pueda derivar sus
propiedades (antes de la Gran Explosión no había antes), cualquier conjunto de propiedades
iniciales puede considerarse “arbitrario” en el sentido obvio de que no hay una razón previa
de que tal Universo exista en lugar de otro posible. Pero un Creador que quiere crear por un
fin –y que no está limitado por condicionamientos temporales (propios solamente de la
materia)- puede y debe escoger las condiciones iniciales con un conocimiento exhaustivo de
las consecuencias, en toda la historia futura, de hacer el Universo de una manera concreta, y
esto hasta el nivel más íntimo de cada partícula y unidad de energía, y de su actividad en
cada momento de la evolución cósmica. No puede nunca ocurrir algo inesperado o
sorprendente para la Inteligencia Infinita que ve toda la historia cósmica en su “ahora” eterno.
Esto no implica que el Creador esté imponiendo con un “fiat” lo que cada átomo hace en
cada momento: una vez creada la materia con propiedades adecuadas para obtener el fin
buscado, la materia actúa según sus leyes propias, consecuencia de su naturaleza.
Esta afirmación se interpreta equivocadamente cuando se deduce de ella la negación de
verdadera libertad en el Hombre. Si fuese posible construir una “máquina del tiempo” –no
para viajar al futuro, sino simplemente para observarlo en una pantalla de ordenador- sería
de utilidad para conocer qué va a ocurrir (ya sea por leyes físicas o por actividad humana
libre), pero mi conocimiento no determinaría que ocurra lo que yo observo. Lo mismo puede
decirse del conocimiento total que Dios tiene del futuro como si fuese presente: para Dios no
hay períodos de espera ni hechos imprevistos. Y nada –ni siquiera conocimiento nuevopuede
añadirse, como resultado de la evolución cósmica, al Ser estrictamente infinito, en el
que no hay posibilidad de cambio, según exige necesariamente la lógica al describir su
naturaleza no limitada por coordenadas de espacio ni tiempo. Esto es algo que se olvida
cuando algunos teólogos proponen una “Teología de Proceso” en la que la Divinidad
evoluciona y se perfecciona por algún tipo de retroalimentación de lo que ha creado.
Desde el primer instante de la Gran Explosión hasta el presente, la naturaleza desarrolla
estructuras que llevan a la síntesis, en estrellas de gran masa, de los elementos necesarios
para la vida en toda su maravillosa variedad. Cuando esta evolución alcanza en la Tierra la
formación de un entorno adecuado, la vida aparece, a pesar de la probabilidad infinitesimal
de que tal hecho ocurra5. Miles de millones de años más tarde, en una serie –imposible de
predecir- de pequeños cambios y de extinciones catastróficas, la materia viviente está
finalmente dispuesta para su función como co-principio con el espíritu en el único “animal
racional” que es el Hombre.
Pero la materia solamente puede evolucionar para dar otras formas de materia. ¿Se debe
sólo a la materia el pensamiento y la consciencia?
 



Evolución Biológica
Cuando comprobamos que la vida más primitiva, según sus huellas en las rocas
sedimentarias de hace miles de millones de años, estaba limitada primeramente a
organismos microscópicos unicelulares y que luego se desarrolló en formas más y mas
variadas y complejas, resulta ilógico el negar la evolución como un hecho. La mayor parte
de las especies se han extinguido a lo largo de las edades de la Tierra, y es bien conocida la
muerte de los dinosaurios hace 65 millones de años, que libró al planeta de su presencia
abrumadora y abrió el camino para el desarrollo de los mamíferos. Solamente una obsesión
de interpretar la Biblia como un tratado literal de geología y biología (que debía ser
compatible con la abundancia de datos en contra) podría implicar que la evolución no ha
ocurrido.
Pero los problemas filosóficos y teológicos en este campo no nacen de los datos que la
ciencia presente con innegable fuerza probativa. La raíz del problema se encuentra en las
presuposiciones filosóficas que se añaden con respecto a dos puntos cruciales: el impulso
que pone en marcha la evolución en general (y su modo de realizarla) y el paso de vida nointeligente
(primates) al Hombre. En el primer caso el frente de batalla se define en términos
de una alternativa de exclusión mutua: o la evolución ocurrió solamente por azar (seguido
por la supervivencia de los individuos mejor dotados y la adaptación al entorno) o por una
tendencia intrínseca dada por el Creador de acuerdo con un plan –un “Diseño Inteligente”- en
el que nada ocurre por casualidad. Es aquí donde un uso más matizado de las palabras y
unos conceptos definidos con mayor exactitud se hacen necesarios para evitar extremos que
pueden terminar en la negación o de la evolución como hecho o de la existencia del Creador.

El “AZAR” no es un parámetro medible de la materia, como lo son la masa y la carga
eléctrica. No puede introducirse en una ecuación como un factor (aunque se usa un
concepto relacionado con azar, la “probabilidad” para calcular un resultado esperado). En
una forma más directa de hablar, podría decirse que “azar” es la forma culta de decir “porque
sí”. ¿Por qué una ardilla concreta cruza hoy en frente de mi automóvil y muere atropellada?
No hay modo alguno razonable de establecer una correlación predictiva entre mi viaje y el
constante corretear de la ardilla, y por eso respondo que la muerte del animal bajo mi auto es
un resultado del azar. Lo mismo debe decirse de que un rayo cósmico, con una energía
determinada, impacte en un cromosoma concreto en una célula sexual de un animal y cause
una mutación. Desde el punto de vista de la ciencia, es el azar solamente el que aparece
como razón, y en este sentido, el azar es un elemento constantemente presente en nuestra
vida y en la mayor parte de los hechos que ocurren independientemente en el Universo.
Pero cada interacción de la materia es una consecuencia necesaria de las propiedades y
fuerzas presentes en cada momento: no hay lugar en la ciencia para ningún tipo de
“espontaneidad” o “creatividad” que lógicamente supondría un grado de libre albedrío aun en
las partículas más básicas de la materia. Afirmar lo contrario no sólo sería totalmente
gratuito, sino que haría imposible predecir resultados con certeza y la ciencia sería imposible.
En cambio, desde el punto de vista de la Inteligencia Infinita que ve en todo detalle la
evolución del Universo, desde la Gran Explosión hasta el último cambio de mínima energía
en un lejanísimo futuro, nunca hay un suceso inesperado. El azar no puede ser aplicable al
conocimiento atemporal y perfecto que el Creador tiene siempre, y que hace que la selección
de condiciones iniciales y de las leyes de desarrollo sea el modo infalible de obtener el fin
para el cual se crea el Cosmos. La supuesta contraposición irreductible entre azar y diseño
no es real, pues ambas respuestas se dan a niveles distintos, y ni la una ni la otra son objeto
de una posible comprobación experimental. La metodología científica no puede demostrar la
presencia ni la ausencia de finalidad: en ambos casos se introducen consideraciones
filosóficas para encontrar una razón de hechos que se aceptan como tales, pero la razón no
puede encontrarse en las leyes de la naturaleza –de ahí el recurrir al “azar”- mientras que la
Filosofía y la Teología sí proporcionan una respuesta coherente.
La controversia acerca de cómo enseñar la evolución en el ámbito académico es errónea en
su planteamiento. La Biología debe tratar de las etapas de la vida en la Tierra y explicar los
mecanismos por los que ocurren mutaciones que finalmente dan lugar a la variedad de
especies actuales y a los individuos concretos de todas las formas vivientes. Esta tarea está
aún muy lejos de considerarse terminada, y biólogos eminentes confiesan su asombro ante
la dificultad de explicar pasos evolutivos drásticos en términos de cambios mínimos
sucesivos, o de atribuir al mismo entorno (por ejemplo, el océano) la enorme variedad de
vida desde simples células a animales como el pulpo o la ballena. Lo mismo puede decirse
al tratar de la coincidencia en el mismo organismo de todos los cambios genéticos
necesarios para un paso evolutivo importante (“Equilibrio puntuado”) y de la necesidad de
muchos individuos con el mismo cambio para que se perpetúe en la especie.
La cuestión del azar o diseño no toca para nada lo que la Biología debe explicar. Se trata,
en realidad, de un tema que debe discutirse con toda propiedad en una clase de Filosofía, tal
vez dentro del contexto de la Cosmología, y de buscar la razón de que “haya algo en lugar
de nada”. Es ahí solamente donde debe estudiarse si el Universo tiene sentido, ya sea
como única entidad física compleja, con niveles múltiples de estructura y actividad, o en los
hechos concretos que la Ciencia debe atribuir tan sólo a la necesidad de las leyes de la
materia y a la coincidencia casual de hechos no relacionados entre sí.
 


El Origen de la Inteligencia
Una vez más, el modo común de presentar el problema del origen del Hombre consiste en
plantear una alternativa sin matices: o existimos por simple evolución biológica a partir de un
primate, antecesor común de monos y hombres, o por creación directa a partir de barro
inerte del cual se formaría el cuerpo (sin relación con el resto del mundo viviente) en el cual
se introduce luego el espíritu. Y esto se supone que significa también la negación del alma
en la primera respuesta (que solamente admitiría una estructuración mayor de la materia)
mientras el alma se afirma como el elemento específico de la naturaleza humana, por el cual
el Hombre es “Animal Racional” y también “Imagen y Semejanza” del Creador.
La base para encontrar una resolución razonable al problema debe hallarse en los conceptos
de materia e inteligencia, ambos usados frecuentemente sin el paso inicial necesario de
establecer una definición adecuada de cada uno. No es posible una discusión seria si antes
no dejamos claro lo que significa cada término, y el punto de partida no puede ser una
posición filosófica a priori que sólo acepta la existencia de la materia y explicaciones de la
realidad basadas sobre sus actividades.
Como se indicó ya en este ensayo, la materia se define en Física en términos de sus
interacciones. No tenemos una comprensión intuitiva de las esencias, aun para los objetos
más comunes de nuestra experiencia diaria, pero atribuimos la gama de actividades a la
naturaleza de las cosas, identificando así a objetos distintos por lo que hacen. Dicho en
lenguaje popular, “si tiene el aspecto de un pato, y se menea como un pato, y grazna como
un pato, es un pato”. En términos más científicos, si tiene la masa de un electrón, y la carga
de un electrón y el espín de un electrón, es un electrón.
Aceptamos cuatro modos de actuar de la materia que pueden comprobarse
experimentalmente, y especificamos sus efectos y su alcance y los objetos que son
afectados por cada uno. La totalidad de la materia –partículas, energía, el vacío físico,
espacio y tiempo- se ve afectada por la gravitación, que causa atracciones y distorsiones que
no es preciso detallar. Partículas que poseen un “algo” nuevo –“carga eléctrica”- reaccionan
entre sí con intensas atracciones y repulsiones que explican las propiedades comunes de
rigidez, dureza, reactividad química, estructuración inorgánica o biológica. Las dos fuerzas
nucleares explican los átomos de los elementos en el Sistema Periódico, su formación en
estrellas, la abundancia relativa de cada elemento a lo largo de la historia cósmica. No ha
sido necesario hasta ahora el introducir una quinta fuerza para explicar ninguno de los datos
que se obtienen del mundo real a nivel alguno. Y la ley más básica de la Ciencia afirma que
in cualquier interacción, “nada se crea ni se destruye; sólo se transforma” aunque el cambio
sea tan drástico como el que desaparezcan partículas en forma de pura energía, o al revés.
Otras “leyes de conservación” (de carga eléctrica neta, de momento lineal y angular…) son
también restrictivas con respecto a lo que puede ocurrir físicamente.
Si queremos explicar al Hombre, no podemos detenernos a este nivel. Lo más evidente para
cada uno de nosotros es nuestra propia consciencia, el darnos cuenta de que pensamos y
escogemos libremente. La Química, la Física y la Biología pueden dar una descripción
detallada de todos los cambios energéticos que tienen lugar cuando doblo mi brazo, pero no
pueden decir por qué el brazo se dobla cuando yo quiero, ni por qué soy consciente de que
lo doblo por una decisión libre. Esta consciencia, si se debiese a la actividad material de las
neuronas del cerebro, lógicamente debería contener -antes que nada- el darnos cuenta de
esa actividad como tal. Pero nadie sabe ni que existen las neuronas sin estudiar Biología y
Anatomía: la materia no es consciente de sí misma con respecto a ningún órgano interno de
nuestro cuerpo. En la visión, tengo conocimiento del objeto que veo, pero no de los cambios
que ocurren en la retina o del procesado de las señales en el cerebro. La consciencia no
puede atribuirse a la materia si nos ceñimos a su definición operativa: ninguna de las cuatro
fuerzas aceptadas por la Física dan indicación alguna de tener la capacidad de producirla.
¿Qué es la inteligencia? Hablamos a la ligera de la inteligencia de un perro o de un delfín,
porque pueden aprender trucos mediante un entrenamiento que lleva a una respuesta
específica –una manera de actuar- como reacción a un estímulo (una voz o un gesto).
Todavía más inexacto es el término cuando se aplica a ordenadores, que no tienen interés
en conocer nada ni satisfacción en realizar una tarea, que se determina en forma puramente
extrínseca por un programador. Pero la inteligencia no es un modo de actuar, sea por
instinto, por reflejos condicionados o por impulsos electrónicos: es una manera de conocer,
aun conceptos abstractos que no pueden entrar en la mente a través de los sentidos. La
Filosofía, la Matemática Pura, las teorías científicas más modernas, quedan tan lejos de
nuestros datos sensoriales que aun el imaginarse su contenido resulta imposible.
Estudiamos aspectos de la realidad que no pueden identificarse con nada de nuestra
experiencia diaria, y apreciamos su belleza lógica, su ilación necesaria en pruebas
abstractas, su pura racionalidad. Desde los teoremas de la Geometría Euclídea hasta los
misterios de la Teoría de Supercuerdas, la inteligencia verdadera se ocupa de algo muy
lejano de las cuatro interacciones de nuestros experimentos. Sería totalmente arbitrario e
ilógico el atribuir nuestros avances culturales en cualquier campo a la actividad ciega de
partículas y energías.

Ningún científico aceptará que alguien pueda controlar un experimento con su pensamiento o
la fuerza de su voluntad libre: prueba de que hay una profunda convicción de que nuestros
pensamientos y deseos no añaden nada al entorno material que describe la Física. Esa
misma actitud subyace aun a los esfuerzos –realmente equivocados- de reducir la
personalidad humana a su código genético –que no cambia desde la concepción hasta la
muerte- como si todos los logros de los mayores genios en ciencia, arte o literatura, no
fuesen nada que valga la pena considerar. Este es el resultado contradictorio de querer
reducir todo a la actividad de la materia, cuando es obvio que ni la ciencia misma puede
identificarse con una estructura atómica o una serie de cambios energéticos.
Estamos, en consecuencia, ante un innegable doble nivel en la actividad humana, que
requiere dos fuentes distintas, materia y espíritu, íntimamente unidas en una única realidad
personal que es el sujeto de ambas, con influencias mutuas profundas y misteriosas, pero
con funciones claramente distintas. Sería absurdo negar nuestra materialidad, pero podría
decirse que sería menos lógico todavía el ignorar nuestra consciencia inmaterial. La
búsqueda de Verdad, Belleza y Bien es lo que motiva lo que hay de más admirable en la
existencia humana, desde las cuevas de la Edad de Piedra hasta la actual era del espacio.
En los intentos de reducir la inteligencia a la materia, se afirma –sin prueba alguna- que
cuando la materia del cerebro está suficientemente estructurada, la inteligencia emerge
espontáneamente como un nuevo nivel de actividad, pero sin que haya una nueva causa
entitativa. Esto no explica nada, aunque quiera apoyarse en el ejemplo de la electrónica
moderna, donde corrientes eléctricas son la única realidad comprobable en una imagen de
televisión o en el monitor de un ordenador. El programa de TV no será entretenido o
aburrido como consecuencia de la calidad de las corrientes eléctricas: apreciamos o
despreciamos el trabajo de alguien que preparó el guión y el contenido del programa. Decir
que no hay más en la televisión que una corriente de electrones sería tan superficial como el
considerar que una tragedia de Shakespeare no es más que unas manchas negras en el
papel impreso.
Si la materia, aun en el grado sumo de orden y estructuración en el cerebro, no puede
producir pensamiento, será imposible atribuir la inteligencia humana al desarrollo, durante
épocas geológicas, de primates con creciente volumen cerebral. Esto es, además,
incompatible con el hecho de que delfines y elefantes tengan más cerebro que nosotros, y
que hay casos de personas hidrocefálicas, con corteza cerebral muy reducida, que no
muestran disminución alguna de la inteligencia. El Hombre no puede explicarse por simples
cambios materiales en la programación genética de un primate anterior: la teoría de la
evolución se presentaría falsamente como una respuesta suficiente para nuestra existencia.
Es verdad que la Biología debe proporcionar una base adecuada para el espíritu humano –y
no hay nada vergonzoso en usar tejidos vivientes en lugar de barro muerto para ese fin- pero
el espíritu humano solamente puede ser creado por el Creador espiritual que es también la
razón de que el Universo material exista. Decir lo contrario no sólo es inaceptable
filosóficamente, sino que también resulta ser muy pobre como Ciencia.
La Ciencia y la Fe cristiana
Hemos alcanzado un punto en el que tenemos que aceptar que ni la Ciencia (Cosmología,
Química, Biología) ni la Teología nos dan una respuesta total al “por qué” y el “cómo” de la
existencia y evolución del Universo y de nuestro lugar en él. Ambas son maneras limitadas
de conocer una realidad maravillosa que sobrepasa nuestro entender casi a cada paso,
aunque siempre tenemos que respetar los datos, por difícil que sea encajarlos todos en una
descripción coherente. Necesitamos los puntos de vista complementarios y las diversas
metodologías de acercarnos a los problemas, y tenemos que cuidarnos de no introducir
presupuestos filosóficos o prejuicios de cualquier tipo como base para una afirmación
científica o teológica.
Siempre que se ha dado un conflicto intelectual, en la historia de la cultura, podemos
encontrar sus raíces en el intento inconsciente de reducir todas las formas de conocimiento a
una única metodología, sea la experimentación o la lectura literal de la Biblia. Debemos
aprender de los errores del pasado y establecer claramente el significado de términos clave y
el punto de vista desde el cual se presenta el problema, con sus límites y sus pruebas.
Es también evidente que el ser eminente en Teología no da derecho a hablar de Ciencia, ni
el saber mucho de Física autoriza a un Doctor en ese campo a sentar cátedra acerca de la
existencia de Dios o la finalidad del Universo y del Hombre. Si esto ha sido siempre así, aun
en épocas pasadas cuando parecía posible que una persona abarcase todo el conocimiento
humano, es claramente obvio hoy, cuando cada especialista se siente solamente capaz de
cubrir una pequeña porción de cualquier ciencia o estudio teológico.
Toda Sabiduría se encuentra en grado eminente en el Ser Infinito que nos habla con los dos
libros, de la Naturaleza y de la Revelación. Porque es la absoluta Verdad, Belleza y Orden,
el Creador es también el fundamento más básico de que la misma Ciencia sea posible; así lo
confesaba Einstein cuando decía que la Ciencia es posible porque el Universo no es
absurdo: no puede haber contradicciones entre verdades de diversos campos, que son
reflejos parciales de la única Verdad que se encuentra en Dios.
Manuel M. Carreira, S.J, PhD



REFERENCIAS
1. WHEELER, J.A., The Universe as Home for Man, The American Scientist, Jan-Feb
1977
2. HAWKING, Stephen, A Brief History of Time, Bantam Books, New York 1988, p. 174
3. BARROW, J. y TIPLER, F. The Anthropic Cosmological Principle, Clarendon Press,
Oxford 1986.
4. Usando la simbología matemática, solamente es posible obtener un número
(cualquiera) actuando sobre el cero al multiplicarlo por el infinito. Ni el cero ni el
infinito se pueden utilizar para numerar nada real: en ese sentido no son números
propiamente dichos. De un modo semejante: sólo una realidad no material de infinito
poder puede producir materia a partir de la nada.
5. Véase en The Anthropic Cosmological Principle, p. 565: la probabilidad de ensamblar
un gen por azar es del orden de 1 en 10109 a 1 en 10217 . El número de partículas
atómicas en el Universo se calcula en 1090 , alrededor de un cuatrillón de veces
menos. Para el genoma humano completo, la probabilidad no puede ni siquiera
imaginarse : 1 en 1012 millones .
6. BEHE, M.J., DEMBSKI, W.A., MEYER, S.C., Science and Evidence for Design in the
Universe, Ignatius Press, San Francisco 2002, p. 113-123

8 comentarios:

Reinhardt dijo...

Saludos Jorge, muchas gracias por el aporte. Voy a responder en tractos, de acuerdo a cada tema y a teoterizar (acabo de inventarme la palabra; significa: teorizar en Theo (Dios)) un poco acerca de cada uno.
Respecto a CIENCIA Y FE: AZAR Y DISEÑO FINALÍSTICO pero lo cambiaré un poco CIENCIA Y FE: REALIDAD U OBJETIVIDAD empecemos por la realidad. “La realidad (del latín realitas y éste de res, «cosa»), es el término lingüístico que expresa el concepto abstracto de lo real.” http://es.wikipedia.org/wiki/Realidad Así pues la palabra en español 'realidad' engloba dos aspectos significativos, cada uno de los cuales plantea diversos problemas:
REALIDAD Significado como
concepto abstracto Es el conjunto de todo lo que es real ¿Un concepto?
¿Un Único Ens Realissimun = Universo Todo
¿Una mera palabra sin contenido referente de lo real?
Significado como
concepto concreto Es algo individuo que es real Individuo existente
En tanto que es percibido en la experiencia

Entonces yo planteo si observamos y percibimos la realidad como un todo abstracto al que podríamos dar también el significado de divino (en referencia a Dios); entonces contradictoriamente, no se podría afirmar un “diseño Inteligente” para conseguir un fin libremente escogido por el Creador, salvo que admitamos también el Creador es un concepto abstracto y no una realidad concreta. Si por el otro lado, tómanos por válido el significado de realidad como concepto concreto; entonces estaríamos apoyando indirectamente el Principio Antrópico; pero ¿Es posible inferir la realidad (o la finalidad del Universo) a partir de un estudio detallado de las consecuencias que se seguirían, de acuerdo con las leyes físicas? yo planteo que No; puesto que se estaría violando el principio de objetividad y el de comprobación que exige la estricta aplicación del método científico. Veamos porque... “La objetividad es la cualidad de lo objetivo, de tal forma que es perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir (o de las condiciones de observación) que pueda tener cualquier sujeto que lo observe o considere" http://es.wikipedia.org/wiki/Objetividad#Objetividad_del_mundo_f.C3.ADsico “Una noción física fundamental es la de observador.

Reinhardt dijo...

En todas las teorías físicas se presupone la existencia de algún tipo de realidad objetiva y un número potencialmente infinito de observadores diferentes capaces de observar y medir dicha realidad. La objetividad del mundo material se recoge en las teorías físicas como el axioma de la intersubjetividad de la medida, ese axioma o principio a priori es la afirmación de que aunque «diferentes observadores pueden llegar a medidas diferentes de la misma realidad objetiva, todas ellas son relacionables mediante reglas generales». Este último principio se expresa en la teoría de la relatividad mediante el principio de covariancia, según el cual las ecuaciones fundamentales de la física tienen la misma forma para todos los observadores. Puede demostrarse que la propiedad de intersubjetividad conduce a que pueden formarse ciertas expresiones matemáticas que relacionan las medidas que son invariantes en forma o forminvariantes para todos los observadores (eso es lo expresado en el principio de covariancia). Esas expresiones matemáticas son precisamente las ecuaciones fundamentales de la física”... Entonces como puede ser una cualidad perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir (o de las condiciones de observación) que pueda tener cualquier sujeto que lo observe o considere; observada por diferentes observadores y estos llegar a medidas diferentes de la misma realidad objetiva; es decir, de la misma cualidad; con independencia de la propia manera de pensar o de sentir (o de las condiciones de observación) que pueda tener cualquier sujeto que lo observe o considere; si los diferentes observadores pueden llegar a medidas diferentes de la misma realidad objetiva. No se puede, o los diferentes observadores miden diferentes realidades (una para cada uno de ellos) o la realidad objetiva No es cualidad de lo objetivo, de tal forma que es perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir (o de las condiciones de observación) que pueda tener cualquier sujeto que lo observe o considere. Entonces, las reglas generales estarían relacionando diferentes realidades. Eso no contradice el principio de covarianza ya que, efectivamente, las ecuaciones fundamentales de la física tienen la misma forma para todos los observadores, No así la realidad observada por cada uno.

Reinhardt dijo...

Personalmente creo que la religión debería de quitar al hombre de la “Finalidad”, “Casualidad”, “Motivación” de la Creación ya que, es tremendamente egocéntrico, engreído y pretensioso pensar que Dios hizo toda la Creación, por no decir el Universo, en función de un ser tan insignificante, destructivo y sin respeto por el resto de la Creación (Tierra) y de la Vida; como lo es el hombre. Pienso lo mismo (que son tremendamente egocéntricos, engreídos y pretensiosos) de quienes defienden el Principio Antrópico. Dios No tiene porque tener “Finalidad”, “Casualidad”, “Motivación” para Crear, ni hacerlo en función del hombre; debe haber billones de civilizaciones y formas de vida pensantes diferentes al hombre; ninguna de ellas, al igual que el hombre, hechas a imagen y semejanza de Dios; Dios es el principio y el fin, es todo y nada; y como tal puede ser lo quiera y no le debe razón o explicación a ninguna de sus creaciones.
Realidad y Existencia: se plantea el problema “La realidad como un Todo: ¿Existe una realidad cuya esencia es hacer posible y real la existencia de todo lo que individualmente existe como elemento constitutivo de la misma; o simplemente es un concepto abstracto como un conjunto cuya realidad es meramente conceptual?” http://es.wikipedia.org/wiki/Realidad Entonces inmediatamente surge otro dilema de dualidad existencial

Reinhardt dijo...

La palabra esencia proviene del latín essentia que a su vez proviene del infinitivo del verbo latino esse, ser = existir, cuyo participio ens es el ente como ser que existe.

Essentia en la filosofía tradicional se ha interpretado como sustancia, con un doble sentido:

Sustancia primera es el individuo que muestra que es: que existe y muestra su existencia.
Sustancia segunda es la clase lógica que enuncia mediante un discurso lo que es: el atributo de la sustancia primera que muestra su identidad permanente.
Lo que introduce las siguientes correlaciones:

QUE ES; QUE EXISTE LO QUE ES; QUE TIENE ENTIDAD
Realidad Como Sustancia primera Como Esencia (sustancia segunda)
Discurso Designación de la entidad del individuo que es el sujeto lógico del discurso. (Nombre propio o demostrativo) Predicados que definen la identidad lógica y propiedades como especie o clase natural; predicados aplicables tanto al individuo como a la clase natural como género, especie o conjunto de individuos. (Nombre común, cualidades definitorias o notas que permiten reconocer la cosa)

En lógica de primer orden el discurso es respecto al conocimiento de los hechos de experiencia mediante la designación de los individuos conocidos.

En lógica de segundo orden el discurso es respecto al conocimiento de lo real como realidad, es decir el discurso científico que considera como objeto de su estudio la esencia o propiedad, o conjunto de propiedades que define una clase natural.1

En la filosofía tradicional la esencia ha sido considerada como la propia e indisoluble identidad de las cosas frente a la apariencia fenoménica de la experiencia, lo que situaba a la esencia en una realidad metafísica.

Actualmente, no se considera la metafísica dentro del ámbito de la ciencia. Lo real de las esencias deviene solamente objeto de especulación, como tendencia al esencialismo. Así pues definimos:

La esencia es la propiedad, o conjunto de propiedades, que constituyen a una clase natural o a un individuo.

La ciencia considera las propiedades que se manifiestan en la experiencia o experiencia posible, como predicados de un conjunto de individuos que tienen dicha propiedad en común; es decir una clase lógica. De este modo el objeto de estudio adquiere una dimensión universal referida a ununiverso de posibilidades en el mundo, siendo el sujeto gramatical de su discurso la propiedad, o conjunto de propiedades que pretende significar, de forma directa o de forma derivada, una clase natural.2

Cada ciencia por ello distingue su objeto material y su objeto formal.3 El avance teórico, la reflexión sobre lo general como modelo, exige la comprobación en lo concreto y material en el experimento o en las inferencias materiales que puedan deducirse de la teoría.4

Reinhardt dijo...

Veamos ahora que se dice de la Existencia

En el uso común, la existencia es "estar en el mundo".

De eso somos conscientes al notar con nuestros sentidos otras cosas "existentes". De modo que existir viene a ser "estar en el mundo", tanto nosotros como las cosas que nos rodean.

Los filósofos investigan cuestiones como:

¿Qué es lo que existe?
¿Es lo mismo ser que existir?
¿Cómo conocemos y sabemos?
¿Hasta qué punto son los sentidos una guía fidedigna respecto al conocimiento de lo que existe?
¿Cuál es el sentido, si existe, de las afirmaciones acerca de la existencia y de las categorías, ideas y abstracciones con las que expresamos nuestro conocimiento acerca del mundo y de las cosas que existen?
En filosofía la palabra tiene un sentido más especializado distinguiendo el hecho de existir de los modos del existir.

http://es.wikipedia.org/wiki/Existencia

Voy ahora a “teoterizar” otro poco. ¿Existe una realidad cuya esencia es hacer posible y real la existencia de todo lo que individualmente existe como elemento constitutivo de la misma? Si tomamos esencia por su significado etimológico “ser o ente que existe” y existencia por su significado general “ estar en este mundo”. Entonces inmediatamente entramos en una contradicción de origen y sustento antropocéntrico. O asumimos que todo ser o ente que existe es humano y que lo demás no existe; o asumimos que la realidad y todo lo que existe es debido a la gracia y voluntad del hombre (ser humano), más concretamente, su conocimiento y experiencia de lo que es real. Entonces yo planteo; si lo que es, existe y lo que es, tiene entidad; entonces no debe su existencia, ni su entidad al hombre; es decir, al discurso, al conocimiento de lo real. Lo planteo de otra forma, “Si un árbol cayó en la montaña y nadie (en clara referencia a un ser humano) estuvo allí para escucharlo, el árbol verdaderamente cayó” Yo dijo que indudablemente Sí, no hace falta la presencia del hombre para que el hecho se de. Veamos este antropocentrismo enfermizo de otra forma el hombre insiste en llamar Mundo

Mundo es el nombre común que se le da a la civilización humana, específicamente a la experiencia humana, la historia o la condición humana en general, global, por ejemplo en cualquier parte de la Tierra.1

En un contexto filosófico puede referirse a: (1) todo el Universo físico o (2) un mundo ontológico. En un contexto teológico, mundo usualmente se refiere a lo material o la esfera profana, como lo apuesto a lo celestial, espiritual, trascendental o sacro. El "fin del mundo" se refiere a los escenarios de la culminación de la historia humana, a menudo en contextos religiosos... http://es.wikipedia.org/wiki/Mundo

Reinhardt dijo...

Entonces planteo que hubiese pasado si una catástrofe hubiese extinguido por completo a la humanidad, el “mundo” se habría acabado; pero obviamente el planeta (Tierra) no; tampoco lo habría hecho la vida, las demás especies vivientes seguirían su curso natural; pero ahora, sin la intromisión y la amenaza del hombre; el sistema solar, la Vía Láctea, las demás galaxias, el Universo; es decir, Toda la Creación habrían seguido su curso natural sin la presencia del hombre. Significaría eso que Dios dejo existir; por supuesto que No; tan sólo que una de sus creaciones se extinguió; una de las más problemáticas y conflictivas quizás.
Continua...

Reinhardt dijo...

Saludos Jorge, muchas gracias por el aporte. Voy a responder en tractos, de acuerdo a cada tema y a teoterizar (acabo de inventarme la palabra; significa: teorizar en Theo (Dios)) un poco acerca de cada uno.
Respecto a CIENCIA Y FE: AZAR Y DISEÑO FINALÍSTICO pero lo cambiaré un poco CIENCIA Y FE: REALIDAD U OBJETIVIDAD empecemos por la realidad. “La realidad (del latín realitas y éste de res, «cosa»), es el término lingüístico que expresa el concepto abstracto de lo real.” http://es.wikipedia.org/wiki/Realidad Así pues la palabra en español 'realidad' engloba dos aspectos significativos, cada uno de los cuales plantea diversos problemas:
REALIDAD Significado como
concepto abstracto Es el conjunto de todo lo que es real ¿Un concepto?
¿Un Único Ens Realissimun = Universo Todo
¿Una mera palabra sin contenido referente de lo real?
Significado como
concepto concreto Es algo individuo que es real Individuo existente
En tanto que es percibido en la experiencia

Entonces yo planteo si observamos y percibimos la realidad como un todo abstracto al que podríamos dar también el significado de divino (en referencia a Dios); entonces contradictoriamente, no se podría afirmar un “diseño Inteligente” para conseguir un fin libremente escogido por el Creador, salvo que admitamos también el Creador es un concepto abstracto y no una realidad concreta. Si por el otro lado, tómanos por válido el significado de realidad como concepto concreto; entonces estaríamos apoyando indirectamente el Principio Antrópico; pero ¿Es posible inferir la realidad (o la finalidad del Universo) a partir de un estudio detallado de las consecuencias que se seguirían, de acuerdo con las leyes físicas? yo planteo que No; puesto que se estaría violando el principio de objetividad y el de comprobación que exige la estricta aplicación del método científico.

Jopoki dijo...

Debido a que son muchos los temas que Reinhard ha comentado y que Google tiene limitaciones para mis comentarios ,me vio en la necesidad de contestar sus inquietudes en un articulomque publico de seguido. Gracias,

Jorge