jueves, 16 de diciembre de 2010

Una obra de Jung y su análisis

Se publica -en español - una obra clave de Jung  que trata del acercamiento entre Ciencia y Fe, en razón de las limitaciones que muestran cada una de ellas por separado.-

Una obra de Jung y su análisis

El Hilo de Ariadna acaba de publicar El libro rojo, del suizo, y un estudio de Bernardo Nante sobre el volumen
ALEJANDRO FRIAS cultura@elsoldiario.com.ar
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CARL JUNG. Autor de El libro rojo.
  
 Atormentado por insoportables visiones que tuvo entre 1913 y 1916, Carl Gustav Jung encara la escritura de El libro rojo, en el que intentará, mediante su narración, comprenderlas. Ahora, la editorial El Hilo de Ariadna acaba de concretar su publicación en español, además de El libro rojo de Jung. Claves para la comprensión de una obra inexplicable, de Bernardo Nante, doctor en Filosofía y presidente de la fundación Vocación Humana, quien supervisó la edición del texto del suizo.

DESCUBRIR EL SUPRASENTIDO. Con la publicación de este volumen, llega al español un texto fundamental para comprender el siglo XX. Por eso, conversar con una de las personas más interiorizadas en el pensamiento y la obra de Jung es el punto de partida necesario. En diálogo con El Sol, Bernardo Nante realizó una aproximación a El libro rojo y un adelanto de El libro rojo de Jung. Claves para la comprensión de una obra inexplicable, profundizando en varios de sus aspectos.

Partamos del título de tu trabajo. ¿Por qué calificás El libro rojo como inexplicable?


  En primer lugar, porque no se ajusta a ninguno de los géneros conocidos. No es una ficción literaria y, sin embargo, se podría leer bajo esa mirada; no es un libro de filosofía, pero tiene reflexiones sobre cuestiones últimas; no es un libro de psicología, y tiene un alcance y consecuencias psicológicas muy importantes; no es un libro de arte, y posee extraordinarias imágenes. Por otro lado, en cuanto a que, justamente, lo que propone es el descubrimiento en el hombre de una dimensión que se contrapone a la razón, a lo conocido, al modo habitual de abordar la realidad, del pensar, del sentir, lo que comúnmente podemos decir que constituye nuestro mundo de sentido, por el cual nos guiamos en la sociedad. Hay una cantidad de pautas, de principios, que aunque no estemos todos de acuerdo con ellos, son los que nos guían, y una serie de factores que están en la psique que se contraponen a ellos, y, de alguna manera, El libro rojo trata de mostrar ese otro polo que sería necesario para tener una comprensión de la vida más completa. ¿A qué me refiero? Un ejemplo concreto: Jung, en 1913, tiene una serie de experiencias, de visiones que anticipan la Primera Guerra Mundial. Al principio no sabía qué eran, veía inundada Europa de sangre, salvo Suiza. Tuvo tres veces estas visiones y comprendió que de algo grave se trataba. El legado de ese tipo de visiones, más allá del tema premonitorio, que no es lo más relevante, es el hecho de que hay una oscuridad y una guerra no asumida en el alma de los hombres, en este caso más, de los europeos en ese momento, y que, por no asumir la irracionalidad, la oscuridad, la violencia en uno mismo, eso se vuelve acto, entonces, toda la ética y todos los principios más altos que supuestamente guían nuestra sociedad, y por la cual muchos hombres y mujeres han perdido la vida, en realidad se contradicen por no asumir que lo que se contrapone a esos principios está en nosotros, es lo que se llama el contrasentido.

Con todo esto que decís, hay un emparentamiento entre El libro rojo y Así habló Zaratustra.

     Sí, absolutamente, incluso, Jung fue un gran lector de Nietzsche, no te olvidés de que más adelante él conoce a su viuda y de que también estudió en Basilea. De hecho, hay algunos términos y expresiones que aparecen en alemán, con los que deja traslucir que está retomando el guante de la muerte de Dios de Zaratustra. De alguna manera, uno de los pasajes centrales de El libro rojo es que Dios ha muerto, pero renace, aunque solamente puede reaparecer si asumimos el contrasentido, si asumimos ese otro polo, y asumirlo no significa negar el sentido, sino que hay otra dimensión del alma olvidada, esa comprensión de que está el sentido y el contrasentido. Por ejemplo, lo bueno y lo bello como ideal, acompañados de lo malo y lo feo. Cuando yo asumo esa doble polaridad, voy descubriendo lo que se llama el suprasentido, y eso, él dice, es la imagen de Dios que renace en el alma del hombre contemporáneo.

No deja de plantear, al igual que Zaratustra, el inicio de una nueva relación entre la fe y la ciencia.

   En ese sentido sí, sólo que de alguna manera hay una respuesta a Zaratustra, porque, en este caso, sería como un renacer de Dios, el Dios Venidero le llama él. Efectivamente, una de las conciliaciones que él propone es la de la religión y la ciencia, y, en realidad, muestra las limitaciones de ambas, pero al mismo tiempo la necesidad de recuperarlas en una clave más alta. Vas a encontrar todos los opuestos en el libro. Occidente, de alguna manera, polarizó la realidad de su cultura, y ahí, en un nivel más profundo, lo que está separado comienza a unirse, o por lo menos a encontrarse. Sabemos que él había releído, antes de escribir El libro rojo, Así habló Zaratustra, La divina comedia, de Dante, y Fausto, de Goethe, y uno nota una presencia fuerte de los tres textos, de hecho, aparecen mencionados, pero aunque él los presenta a ellos como profetas de nuestro tiempo, no llegan a satisfacer el problema de fondo, como que los aprecia pero hay algo que falta todavía, no lo dice de esta manera, pero lo da a entender. Pero la respuesta a Zaratustra, concretamente, Jung la hace después de terminar El libro rojo, en un seminario muy largo que no está traducido y que es como de 1.500 páginas.

¿Hay una necesidad después de la crisis de la posmodernidad de regresar a estos textos para encontrarse con la fe y con la ciencia?

   Creo que sí, pero lo que es interesante también es que estos textos se ubican en un lugar mucho más profundo, porque, por ejemplo, la posmodernidad plantea el fin de los grandes relatos. Este texto lo que dice es que los grandes relatos reaparecen como experiencia en la psique, en la medida en que uno se abra a ella, es por eso que estos textos pueden interesar al hombre contemporáneo, porque se ubican en un punto anterior, incluso, a la distinción entre modernidad y premodernidad, es decir, en un sentido, es un lenguaje moderno, porque hay una marcada tendencia a salvar al individuo, lo individual, el libre albedrío, la autodeterminación, pero, al mismo tiempo, aparece la necesidad de abrirse a un fondo que es transindividual, que está en la psique y se quiere manifestar. Y hay como un enlace, algo que, por supuesto, la posmodernidad no toma, y por eso, justamente, creo que es una respuesta, como dicen los franceses, antes de que existiese. Este libro relata experiencias de 1913 a 1916, y él lo elabora de 1914 a 1930, por lo tanto, uno puede decir que no conoció nada de la posmodernidad.

Hay en este momento una exportación casi acrítica de la filosofía oriental y una crítica permanente a la occidental. ¿A partir de El libro rojo se puede establecer un presagio de esto?

   Sí, es muy cierto eso. Incluso, por otro lado, el mismo Jung es utilizado acríticamente, es decir, es criticado sin ser leído y también seguido como si fuera una voz religiosa absoluta, sin sentido crítico. Efectivamente, ya Jung mencionaba en un texto que fue, en 1928, el que le hace dejar El libro rojo, que es El secreto de la flor de oro, que en el prólogo él dice, justamente, que no podemos de ninguna manera incorporar Oriente perdiendo la enorme diferenciación del intelecto occidental, es decir, no se trata de negar la ciencia, sino de abrirse a otra dimensión de la psique, y a esa polaridad Oriente-Occidente él la veía como muy rica en la medida en que no implicara renunciar a uno por el otro. La presencia de Oriente en El libro rojo es importante pero está en un segundo plano, es decir, hay una nota de él en El libro negro que habla sobre la importancia de Oriente en El libro rojo, pero aparecen pocas referencias, aunque son clave.

Hay como unas seis citas, más o menos, y como al pasar, pero la importancia que tiene es que el Oriente nos recuerda que también Occidente ha tenido la capacidad de abrirse a la psique de manera no acrítica, sino de manera no científica, pero tampoco anticientífica, es decir, no se trata de negar la ciencia o de optar por Oriente u Occidente, se trata de ubicarse en un nivel en el que el sentido y el contrasentido puedan unirse. Me parece que El libro rojo lo que propone es eso, una recuperación de uno y otro, e incluso, casi está sugerido lo que después se desarrolló, la intención de una ciencia que pueda ser más amplia, que pueda tener un paradigma más generoso. Lo que yo sugiero en la lectura de El libro rojo es que hay una lectura muy grata que es casi ingenua, no en el sentido críptico, sino en el de disfrutar de un libro impactante, que es como meterse en vericuetos del inconsciente, pero después, si uno quiere hacer un estudio sin perder la fascinación que produce el libro pero tomando distancia, analizándolo, bueno, ya requiere un trabajo de otra índole, que es lo que propongo con mi libro, con los límites que eso implica. 

Fuente: El Sol Online. com