sábado, 22 de mayo de 2010

ASTROFISICA , UNIVERSO, PERSONA ,SENTIDO DE LA VIDA....

Si se hace una revisión cronológica a lo largo de las ideas surgidas durante la época en que el ser humano ha planteado ideas,explicaciones y sistemas para explicarse su lugar en el Universo,la mayoría de ellos están enraizados en la convicción (no en la demostración) de que estamos en este Planeta con algún propósito definido.
Si a mi,por ejemplo me preguntan por cual razón creo que el Universo tiene una mente (por darle alguna acepción al concepto) detrás afirmo que si. No concibo que me encuentre simplemente como la resultante de una serie indefinida ,caótica de coincidencias universales,planetarias,biológicas que por puro azar se fueron concatenando a lo largo del tiempo.
Esta existencia sin sentido ,para mi , carece de sentido, porque igualmente carecería de sentido todo lo que pienso,hago,aspiro,decido.
La ciencia mal entendida se ha encargado de afirmar que la vida carece de sentido.
La teología se ha encargado de afirmar que si tiene sentido.
Pero ambas explicaciones andan cada una en carriles diferentes ,como en la geometría no euclideana ,en dos rectas jamas se alcanzan en el espacio.
No en vano decia Einstein que la ciencia sin la religion es ciega y que la fe sin la ciencia es coja.

Por eso recibo con beneplácito este pensamiento del jesuita Carreira que recoge Maria Teresa Ramos , en Lima,Peru, porque Carreira reúne en su persona la doble condición de Teólogo y Físico, conciliando en si la tensión de la que se preocupaba Einstein.
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Entrevista al p. Manuel Carreira, S.J.
María Teresa Ramos


Con ocasión de un ciclo de conferencias ofrecido en Lima tuvimos la
oportunidad de entrevistar al sacerdote español Manuel Carreira, S.J.
Él es licenciado en Filosofía por la Universidad de Comillas y licenciado
en Teología por la Loyola University de Chicago. Es también doctor en
Física por la John Carrol University de Cleveland y ha realizado
trabajos de investigación en esa área para la Agencia Espacial
Norteamericana (NASA). Actualmente, además de dictar gran número
de conferencias, es catedrático en la John Carrol University y en la
Universidad de Comillas, y se dedica a la investigación.

Sacerdote y científico, el p. Manuel Carreira está convencido de que
el estudio del universo, que es la morada del hombre, contribuye con
valiosos elementos a la comprensión que el ser humano tiene de sí
mismo, de su dignidad y misión, y de la importancia de su puesto en el
mundo. En efecto, aunque no toca a las ciencias naturales resolver las
cuestiones que son principalmente teológicas y filosóficas, como la del
sentido de la vida humana, las observaciones de la astrofísica pueden
verificar algunas de sus conclusiones en los hechos, iluminando aquel
aspecto del problema que está al alcance de sus investigaciones.

Como explica el p. Carreira, la astrofísica contribuye a dar respuesta a
preguntas siempre actuales e importantes: ¿Cómo ha tenido origen el
mundo? ¿Tendrá un fin? ¿Cuál es el lugar del hombre en el cosmos?


Padre Carreira, usted ha dedicado gran parte de su labor a la
investigación en el campo de la astrofísica. ¿Puede explicarnos ante
todo cuál es el objeto de estudio de esta ciencia?


La astrofísica es una rama de la astronomía. La astronomía, en su
amplitud total, trata de todo lo que es el universo —los astros, las
estrellas, los planetas, las galaxias—. Pero mientras que la astronomía
tradicional era sobre todo una ciencia de predicción de las posiciones
de los astros, de calcular órbitas, de saber dónde estaban los diversos
cuerpos a diversas distancias, la astrofísica considera cada uno de los
elementos del universo como un objeto que tiene propiedades físicas,
que necesita por lo tanto alguna fuente de energía para brillar, que
debe tener alguna razón de sus estructuras, de su composición. Todo
esto, el estudio físico de las estrellas, planetas, galaxias, es lo que
llamamos astrofísica.

Conocer el mundo, el universo en el que vive, ha sido una
preocupación permanente del ser humano. Hoy en día el alcance de
esta preocupación ha crecido enormemente con las nuevas
posibilidades de observación que se han abierto. ¿Cómo cree usted
que la astrofísica, al mostrarle al hombre las dimensiones del universo
en el que vive, puede influir en la conciencia que el ser humano tiene
de sí mismo?


Todo lo que conocemos sobre el entorno en que vivimos nos
enriquece y nos da un punto de vista más real. Es mucho más
asombroso el universo si uno sabe sus verdaderas dimensiones que si
cree, como se creía en tiempos antiguos, que las estrellas son nada
más que una especie de decoración en una bóveda que está casi al
alcance de la mano.

Cuando se explica las distancias de las estrellas, la primera
impresión que se tiene es que el universo es incomprensiblemente
vacío, que tiene muy poca materia, que casi todo es espacio vacío. Y
se ve la Tierra como un lugar realmente privilegiado, como una joya
dentro de este universo. Cualquier otro sitio parece muy adverso a la
vida y casi inasequible por su distancia. Fuera de la Tierra, no
conocemos hoy ningún otro lugar en el sistema solar donde el hombre
pueda vivir siquiera dos minutos sin tener toda clase de protecciones.
Y fuera del sistema solar, ni siquiera eso sabemos. De modo que todo
esto nos ayuda a ver las cosas en su perspectiva correcta, no para
minusvalorar al hombre, sino al contrario, para darnos cuenta de lo
privilegiados que somos al habitar este planeta, al tener estas
condiciones para la vida.

En algunos de sus trabajos usted sostiene que desde la astrofísica
se va descubriendo como muy altamente improbable la existencia de
vida fuera de la Tierra, más aún si se trata de vida inteligente. ¿Podría
explicar brevemente por qué?


Cuanto más se ha estudiado el tema, más se han dado cuenta los
científicos de que la vida exige un conjunto de condiciones con muy
poca flexibilidad en cuanto a la variación de una serie de parámetros.
Ni una estrella cualquiera vale para que haya un planeta estable, ni un
planeta cualquiera vale. Las condiciones concretas de su composición,
su tamaño, su período de rotación, la existencia o no de satélites, su
evolución a lo largo de muchos millones de años, son muy importantes.
Todo eso no es fácil encontrarlo en un solo sitio. Por ello la Tierra
aparece como un lugar privilegiado. Y no sabemos si esto se puede
dar en algún otro lado. Al contrario, cuantos más detalles encontramos
que han tenido que ser muy específicamente escogidos para que sea
posible la vida inteligente, menos probable parece que se dé en otros
lugares. No podemos descartarlo porque naturalmente lo que vemos
en la Tierra es el resultado de leyes físicas, de procesos que pueden
darse en muchos otros lugares. Pero que se den todos en el orden
correcto, con la intensidad debida, en un planeta, no es fácil.

Uno de los problemas más acuciantes de la cosmología actual es el
del origen del universo y sobre esto se han formulado diversas teorías,
de las cuales las más representativas son la "teoría de la gran
explosión" y la "teoría del estado estacionario". ¿Podría explicar
brevemente qué es lo que estas teorías proponen?


Básicamente puedo presentar las dos teorías con una pregunta que
parece al principio sorprendente: ¿por qué brillan las estrellas? La
razón de esta pregunta es que cada estrella obviamente es un sistema
físico que produce energía, y si produce energía tiene que gastar
algún combustible. Si las estrellas hubiesen existido siempre ya se
habrían quemado todas, no habría estrellas.

La única posible solución a este problema es o bien que el universo
es relativamente joven y las estrellas no han tenido tiempo todavía de
apagarse, o bien que si el universo tiene una edad eterna debe haber
continua creación de nuevas estrellas para sustituir a las que se
apagan. Existen, por tanto, esas dos posibles alternativas: o el
universo es joven y ha tenido un comienzo —y entonces se puede
buscar ese comienzo—, o hay creación continua de nueva materia. En
ambos casos se puede ver a qué consecuencias lógicas lleva, desde
un punto de vista físico, cada una de las dos hipótesis.

Si se afirma que el universo ha existido siempre y no cambia —la
"teoría del estado estacionario"—, entonces todos los elementos
químicos que conocemos en la naturaleza, los elementos del sistema
periódico, tienen que ser el resultado de reacciones nucleares en las
estrellas, y por lo tanto las estrellas que se han formado más
recientemente deben tener mayor cantidad de esos elementos que las
que se formaron hace mucho tiempo. De una manera semejante se
puede decir que si el estado estacionario es correcto, la única forma de
energía, de radiación que debe haber en el espacio será la suma de la
radiación de las estrellas. Y, por último, si el universo es siempre igual,
entonces dará lo mismo que observe objetos cuya luz ha tardado
quinientos millones de años en venir hasta mí o que observe objetos
cuya luz ha tardado diez mil millones de años: veré el mismo tipo de
objeto.

En cambio en la teoría que sostiene que el universo ha tenido un
comienzo, las predicciones son opuestas. Si el universo tuvo un
comienzo y además ese comienzo tuvo que ser de alta densidad y
temperatura, pudo haber reacciones nucleares en ese momento, antes
de que hubiese estrellas, y podría haber algunos elementos,
concretamente el helio y el hidrógeno pesado, que se formaron en esa
situación inicial y que estarían, por tanto, en la misma abundancia en
estrellas jóvenes y viejas. Habría una radiación, una forma de energía,
que llenaría todo el espacio y que no sería la energía que producen las
estrellas normalmente. Observando cuerpos cuya luz ha tardado diez
mil millones de años en llegar a nosotros, es de esperar que veré
objetos que corresponden a una fase primitiva de evolución. En cambio
si miro estrellas cuya luz tarda sólo quinientos millones de años, no
veré ninguno de esos objetos primitivos.

Estas tres predicciones deben verificarse experimentalmente, y ver
cuál de las dos teorías concuerda con los hechos experimentados.
Tales comprobaciones se han hecho. Ya desde 1948, en que algunas
de estas mediciones se publicaron, se ha demostrado que existe una
cantidad de helio prácticamente idéntica en las estrellas más antiguas y
en las más modernas. De modo que ese helio tuvo que formarse antes
de que hubiese estrellas. La cantidad de hidrógeno pesado, que no se
produce en las estrellas, también está de acuerdo con lo que sugiere la
"teoría de la gran explosión inicial". Se ha encontrado la radiación
debida a esa explosión inicial, exactamente como predice la teoría. Y,
finalmente, se han encontrado objetos que sí se ven a grandes
distancias, los quasares, pero que no se ven en nuestra vecindad; por
lo tanto el universo ha evolucionado.

De modo que ya no es una cuestión de escoger entre dos teorías
por capricho o por prejuicio. Es necesario contrastar cada teoría con
los hechos y aquella que los explique es la que se acepta. En este
caso la única de las dos alternativas que se acomoda a los hechos es
la que afirma que hubo una gran explosión, que el universo ha tenido
un comienzo.

Eso niega entonces que el universo es eterno. Por lo tanto el
universo ha tenido un principio, y eso es demostrado por la física…


Así es. El universo ha tenido un principio.

¿Puede entonces la física demostrar que tendrá un fin?

Lo que puede demostrar es que todas las estructuras que tiene el
universo terminarán por destruirse. Pero así como la física no puede
explicar el que algo comience a existir si antes no había nada, porque
si no hay nada no hay física, tampoco puede la física decir que lo que
ya existe va a reducirse a nada. Lo único que puede afirmar es que
dentro de cierto tiempo ya no habrá estrellas que brillen, todas serán
cuerpos oscuros; dentro de más tiempo todavía no quedarán ni
siquiera estrellas como cuerpos oscuros, todo será partículas sueltas o
agujeros negros, o alguna otra cosa. Eso es lo que llamamos el fin del
universo, en el sentido de fin de toda estructura, fin de actividad
física.

Se puede decir que la noción de creación de alguna manera ha
ingresado a la física…?


Así es. Es una palabra que se usa hoy día en muchos libros que son
exclusivamente de astrofísica. Algunos autores argumentan que los
físicos no expresan con esa palabra lo que se piensa desde la filosofía
o la teología. Sin embargo, da igual que lo expresen o no; se refieren a
un paso de nada a algo, eso es lo que quiere decir la palabra creación.


¿Este paso de la nada a la existencia del mundo podría haberse
producido por azar?


El azar no causa nada, no es una propiedad de la materia ni una
fuerza física. Cuando consideramos dos hechos que no tienen relación
entre sí y que, sin embargo, vemos simultáneamente, entonces
decimos que los vemos simultáneamente por azar, porque entre sí no
tienen conexión alguna. Pero esto no es aplicable al universo. En
primer lugar, porque no hay dos, tres, cuatro o diez universos para
comparar si aparecen o desaparecen espontáneamente o qué es lo
que hacen. No, el universo es único. Y en segundo lugar, porque el
azar, como no explica nada, tampoco puede explicar que exista el
universo.

Lo único que alguno puede decir —con una manera de hablar que
científicamente no es admisible— es que antes de esa gran explosión
había el espacio y que de ese espacio salió el universo actual. Pero en
física no es admisible afirmar que hay espacio o tiempo previos a la
aparición de materia; espacio y tiempo sólo se dan como atributos de la
materia.

¿Desde la física se puede salir al paso de una visión materialista del
mundo, es decir probar que existe algo más allá de la materia, que
existen realidades que no son materiales?

Sería contradictorio pedirle a la física, que es sólo la ciencia de la
materia, que nos diga algo acerca de lo que no es materia. La física
sólo trata de las transformaciones de la materia, es lo único que le toca
y lo único para lo cual tiene una metodología propia.

Lo que sí debe señalarse es que cuando consideramos la totalidad
de lo que existe hay realidades innegables que no pueden explicarse
por actividad de la materia. El pensamiento humano y la conciencia,
por ejemplo, no pueden atribuirse a ninguna de las fuerzas de la física.
Los esfuerzos que se han realizado son totalmente ridículos, pues lo
único que terminan diciendo es que hay corrientes eléctricas en el
cerebro y que éstas producen la conciencia. Pero nadie señala por qué
no tienen conciencia un conjunto de corrientes eléctricas, por ejemplo,
en una computadora, o las señales eléctricas que dan lugar a puntos
brillantes u oscuros en una pantalla de televisión. No hay ni conciencia
ni significado en esos puntos a no ser que alguien inteligente haga un
programa y lo transmita. La corriente eléctrica de por sí no tiene nada
que ver con el significado de las cosas ni con la conciencia.

Por eso, si bien no la física, la experiencia total del ser humano sí
nos dice que hay realidades que la física no puede explicar. Y si la
física es la ciencia de la materia y no puede explicar esas cosas, ni
siquiera en principio —no se trata de limitaciones de nuestros
instrumentos— entonces es necesario afirmar, con toda lógica, que
existe algo que no es materia.

Una mentalidad cientificista en nuestro tiempo tiende a pensar que
toda pregunta humana debe tener una respuesta mensurable,
experimentable. Y el problema a veces se agrava cuando esta
mentalidad pretende dar respuesta a interrogantes que desbordan los
límites de lo que abarcaría el método científico. ¿Qué piensa usted de
este problema?


Le preguntaron una vez a Einstein si pensaba que todo podría ser
algún día explicado en términos físicos. Y él contestó: «Sería absurdo.
Sería como decir que uno puede explicar una sinfonía de Beethoven
refiriéndose nada más a los cambios de presión en el aire por el
sonido. Eso no es una sinfonía de Beethoven». La física es obviamente
incapaz de explicar, de dar razón, de medir el valor de una poesía o de
una obra pictórica, o de cualquier sensación de belleza, que puede ser
incluso una belleza de orden meramente abstracto: la belleza de una
teoría matemática. ¿Qué mido yo allí para saber si es bella?
Absolutamente nada. Y lo mismo puedo decir de todo el mundo de la
ética: ¿Por qué una acción es loable? ¿Por qué es digno de alabanza
alguien que hace un sacrificio heroico? Esto es totalmente imposible
expresarlo en términos físicos. Y la finalidad de las cosas no se puede
expresar en términos físicos.

Es curioso que si se le pregunta a un niño qué es algo, casi con
certeza responderá con una afirmación de finalidad. Si le pregunto qué
es una silla, él me contestará: «Es para sentarse». No me dirá que es
un objeto de forma cuadrangular con cuatro patas de tal altura. No.
Dirá que es para sentarse. De modo que el hablar de finalidad
responde a una necesidad muy obvia del ser humano. El saber para
qué son las cosas nos dice muchas veces más de ellas que su
composición. La silla puede ser de hierro o de madera, de mimbre o de
cualquier otro material, pero lo básico es que sirve para sentarse, y
esto nos dice mucho en todos los niveles. Y, sin embargo, la finalidad
no se puede saber por ninguna medida física, ni se puede expresar en
números.

Una de las preguntas de la cosmología, como decíamos al principio,
es precisamente: ¿Para qué existe el universo? ¿Cuál es la finalidad
del universo? Es desde el mundo de la física —sorprendentemente—
desde donde nos llega la afirmación: El universo está hecho de esta
manera, concretamente así, y no de otra, no con más masa, ni con
menos, ni con más cuerpos, ni con menos, porque solamente así
puede aparecer la vida inteligente.

Ése es el principio antrópico, al cual usted se refería alguna vez...

Ése es el principio antrópico, así es.

Entonces, hay algún elemento físico que nos explique que el
universo tiene al ser humano como punto de referencia.

No es un elemento físico, es más bien una concatenación de
propiedades tal que si se cambia cualquiera de ellas la vida inteligente
no hubiese aparecido. Viendo este conjunto se llega a afirmar que ya
desde su primer instante el universo está ajustado con un equilibrio
perfecto de todas estas propiedades para que pueda aparecer la vida
inteligente.

Muchas personas piensan actualmente que la relación entre fe y
ciencia es conflictiva y que hay que hacer una opción por una o por la
otra. Hay que responder a ciertos problemas o bien desde la fe o bien
desde la ciencia. Usted que es sacerdote y físico es un vivo testimonio
de que esta opción no es tal, que no es necesario elegir
conflictivamente. ¿De dónde cree que proviene este malentendido?
¿Cómo debe entenderse correctamente esta relación entre ciencia y
fe?


Creo que siempre existe la tentación de ser demasiado simplistas en
nuestras respuestas. A partir del siglo pasado, sobre todo, la tentación
que más ha llamado la atención en el mundo ha sido la de reducirlo
todo a la materia. El marxismo comienza afirmando que sólo la materia
existe y que todo lo demás es una ilusión. La materia, piensan, tiene
sus leyes y por esas leyes lleva a este tipo de desarrollo económico,
social, político... Ya hemos visto qué absurdo es este planteamiento y
adónde ha llegado ese punto de vista. La misma ciencia señala que la
materia no es eterna y que no está en continua superación, como
decían los marxistas, sino al contrario, que va a destruir todas las
estructuras. Y el marxismo no pudo explicar la realidad de la ética, del
arte, el ansia de conocer y el pensamiento humano, ni podrá jamás. De
modo que es una tentación de un simplismo casi pueril el aferrarse a
priori, contra toda evidencia, a afirmar que sólo hay materia y querer
reducirlo todo a ella.

También se ha dado en la historia de la filosofía la tentación
opuesta. Todos hemos oído hablar de los filósofos idealistas, que
piensan que no existe nada más que las ideas (no nos dicen dónde
están las ideas). Según ellos todo lo que vemos, tocamos y somos,
nuestro mismo cuerpo, es una ilusión. Esto también es una aberración
total.

De modo que no es naturalmente lógico el empezar con el
presupuesto de que todo tiene que ser lo mismo y de la misma
realidad. No hay razón para ello. No hay necesidad de ningún
monismo.

Por otro lado, el no saber distinguir el ámbito, la metodología, el
criterio de certeza en diversos campos, lleva a muchos engaños. Y ha
llevado a los así llamados conflictos entre ciencia y fe que, en realidad,
no lo son. Se trata simplemente de una mala aplicación de
metodologías propias de la ciencia experimental a cuestiones de fe; o
malas aplicaciones de la metodología propia de la teología y la filosofía
a cuestiones de ciencia. Ni lo uno ni lo otro es correcto.

Ni puede explicarse todo por la ciencia, ni puede explicarse todo por
la teología. La teología no describe cómo reaccionan los gases en el
interior de una estrella para producir luz y calor. Y la física no tiene
ningún instrumento para medir si existe el espíritu humano, o si existe
Dios, o si el pensamiento es correcto o equivocado. La física no tiene
absolutamente nada que ver con esas realidades. Por eso lo más obvio
es que las personas que creen que hay conflicto, o ignoran en gran
parte lo que es ciencia y lo que es fe, o llaman conflicto a una
interpretación a veces pueril de una cuestión de física o de una
cuestión de fe y de teología.

Si uno cree, por ejemplo, que la Biblia tiene que enseñarnos física,
entonces piensa: «En este pasaje la Biblia señala que el universo se
creó sólo en siete días. La ciencia me dice que fueron muchos miles de
millones de años. Entonces, como pueden ver, la Biblia se equivoca».
Pues no. La Biblia no me dice que el universo se creó en siete días. Me
describe de una manera poética a Dios haciendo las cosas en siete
etapas sucesivas para poner en orden, por así decirlo, la casa del
hombre. Y nada más. Es una descripción poética muy bella, muy
adecuada, muy fácil de entender en su significado: el cuidado que Dios
pone en preparar el lugar en que quiere crear al ser humano. Pero no
me dice nada de la ciencia. Por lo tanto, no puede haber conflicto.

Y lo mismo podríamos responder si alguien desde el punto de vista
de la teología dijese: «La ciencia afirma que la materia ni se crea ni se
destruye, y eso es un contrario a la idea de que Dios crea el mundo».
Pues no. La ciencia afirma que la materia ni se crea ni se destruye
como una regla aplicable a todas las situaciones en que hago un
experimento. Cuando empiezo un experimento tengo tanta materia,
cuando termino debo tener exactamente la misma; no puede faltar, ni
va a aparecer algo nuevo de la nada. Pero eso no me explica por qué
existe el universo.

Por ello, como digo, los llamados "conflictos", en general, nacen del
poco conocimiento o de la ciencia, o de la teología, o de ambas. Y así,
por ejemplo, todas estas razones que he expuesto respecto al origen
del universo no son ni siquiera cuestiones de fe; casi se puede decir
que son simplemente de filosofía. Y, por tanto, debieran ser aceptadas
por cualquiera que piensa correctamente.

1 comentario:

Hernán dijo...

Exceletne entrevista... un hombre de gran sabiduría y sentido común, el más poco común de los sentidos actualmente.