lunes, 18 de julio de 2016

China está reescribiendo el libro de los orígenes humanos

China está reescribiendo el libro de los orígenes humanos

Hallazgos de fósiles en China están desafiando las ideas sobre la evolución de los humanos modernos y nuestros parientes más cercanos.

Réplica del cráneo del Hombre de Pekín. Crédito: Yan Li via Wikimedia Commons CC by 3.0
En las afueras de Pekín, una pequeña montaña de piedra caliza llamada Colina Hueso de Dragón se alza sobre los alrededores. A lo largo del costado norte, un camino conduce hasta unas cuevas cercadas que atraen a 150.000 visitantes cada año, desde escolares hasta pensionados de cabello gris. Fue aquí, en 1929, que los investigadores descubrieron un cráneo casi completo de aproximadamente medio millón de años. Apodado el Hombre de Pekín, fue durante mucho tiempo uno de los más antiguos restos humanos conocidos, un fósil que ayudó a convencer a muchos investigadores que la humanidad evolucionó primero en Asia.
Desde entonces, la importancia central del Hombre de Pekín se ha desvanecido. Aunque los métodos de datación modernos colocan la edad del fósil incluso antes — hasta unos 780.000 años — el espécimen ha sido eclipsado por otros descubrimientos en África que han proporcionado despojos mucho más antiguos de parientes humanos. Tales hallazgos han cimentado el estatus de África como cuna de la humanidad  — el lugar desde el cual los seres humanos modernos y sus predecesores se repartieron por todo el mundo — relegando a Asia a una especie de callejón sin salida evolutivo.
Pero la historia de Hombre de Pekín ha atormentado a generaciones de investigadores chinos, quienes luchan por comprender su relación con los humanos modernos. “Es una historia sin fin”, dice Wu Xinzhi, un paleontólogo del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología (IVPP) de la Academia China de Ciencias en Pekín. Los expertos se preguntan si los descendientes del Hombre de Pekín y otros miembros de la especie Homo erectus desaparecieron o evolucionaron hasta convertirse en una especie más moderna, y si contribuyeron a la reserva genética de la China actual.
Dispuesta a llegar al fondo de la ascendencia de su población, China ha intensificado en la última década sus esfuerzos para descubrir en todo el país evidencias de los primeros seres humanos que poblaron el territorio. Está reanalizando viejos hallazgos fósiles e invirtiendo decenas de millones de dólares al año en excavaciones. Y el gobierno está creando un laboratorio de $1,1 millones en el IVPP  para extraer y secuenciar ADN antiguo.
La inversión se produce en un momento en que paleoantropólogos en todo el mundo están empezando a prestar más atención a los fósiles asiáticos y cómo estos se relacionan con otros de los primeros homínidos — criaturas que están más estrechamente relacionadas con los seres humanos que con los chimpancés. Hallazgos en China y otras partes de Asia han dejado claro que una deslumbrante variedad de especies deHomo pobló alguna vez el continente. Y de paso están desafiando las ideas convencionales sobre la historia de la evolución de la humanidad.
“Muchos científicos occidentales tienden a ver los fósiles y artefactos asiáticos a través del prisma de lo que estaba ocurriendo en África y Europa”, dice Wu. Esos otros continentes históricamente han prestado más atención a los estudios de la evolución humana debido a la antigüedad de los fósiles encontrados allí, y porque están más cerca de las principales instituciones de investigación paleoantropológica, añade. “Pero es cada vez más claro que muchos materiales asiáticos no pueden encajar en la narrativa tradicional de la evolución humana”.
Chris Stringer, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres, está de acuerdo. “Asia ha sido un continente olvidado”, dice. “Su papel en la evolución humana puede haber sido en gran parte subestimado”.

HISTORIA EN EVOLUCIÓN

En su versión típica, la historia de Homo sapiens comienza en África. Los detalles exactos varían de un relato a otro, pero los personajes y los acontecimientos clave en general siguen siendo los mismos. Y el título es siempre ‘Partiendo de África’.
En este punto de vista estándar de la evolución humana, H. erectus evolucionó por primera vez allí hace más de 2 millones de años. Entonces, algún tiempo antes de hace 600.000 años, se originó una nueva especie:Homo heidelbergensis, cuyos restos más antiguos se encontraron en Etiopía. Hace unos 400.000 años, algunos miembros de H. heidelbergensis salieron de África y se dividieron en dos ramas: una se aventuró hacia el Medio Oriente y Europa, donde se convirtió en el grupo Neandertal; la otra se fue al este, convirtiéndose en el grupo Denisovano, descubierto por primera vez en Siberia en 2010. La población restante de H. heidelbergensis  en África evolucionó hasta convertirse en nuestra propia especie,  H. sapiens, hace unos 200.000 años. Luego, estos primeros humanos ampliaron su presencia hasta Eurasia hace unos 60.000 años, donde sustituyeron a los homínidos locales con una cantidad minúscula de entrecruzamiento.
Una característica distintiva de  H. heidelbergensis — el potencial ancestro común de los neandertales, denisovanos y los humanos modernos — es que esas personas tienen una mezcla de rasgos primitivos y modernos. Al igual que los linajes más arcaicos,  H. heidelbergensis  tiene un arco superciliar masivo y sin barbilla. Pero también se asemeja H. sapiens, con sus dientes más pequeños y caja craneana más grande. La mayoría de los investigadores han considerado a H. heidelbergensis  — o algo similar — como una forma de transición entre  H. erectus  y  H. sapiens.
Desafortunadamente las pruebas fósiles de este periodo de los albores de la raza humana son escasas y a menudo ambiguas. Es el episodio menos comprendido en la evolución humana, dice Russell Ciochon, un paleoantropólogo de la Universidad de Iowa en Iowa City. “Pero es central para nuestra comprensión del origen último de la humanidad”.
El relato se confunde aún más por los fósiles chinos analizados durante las últimas cuatro décadas, que ponen en duda la existencia de una progresión lineal desde el H. erectus africano hasta los humanos modernos. Estos fósiles chinos muestran que, hace entre 900.000 y 125.000 años atrás, el este de Asia estaba repleto de homínidos dotados de características que los colocarían en algún lugar entre  H. erectus  y  H. sapiens, dice Wu.
“Estos fósiles son un gran misterio”, dice Ciochon. “Ellos representan claramente las especies más avanzadas que  H. erectus, pero nadie sabe lo que son, ya que no parecen encajar en ninguna de las categorías que se conocen”.
Las características de transición de los fósiles han llevado a los investigadores como Stringer a agruparlos junto a H. heidelbergensis. Puesto que las más antiguas de estas formas (dos cráneos descubiertos en Yunxian en la provincia de Hubei) se remontan a 900.000 años, Stringer incluso sugiere que  H. heidelbergensis podría haberse originado en Asia antes de extenderse a otros continentes.
Sin embargo, muchos investigadores, entre ellos la mayoría de los paleontólogos chinos, sostienen que los materiales procedentes de la China son diferentes de los fósiles de Europa y del H. heidelbergensisafricano, a pesar de algunas similitudes aparentes. Un cráneo casi completo descubierto en Dali en la provincia de Shaanxi y con una antigüedad de 250.000 años tiene una caja craneal más grande, una cara más corta y un pómulo menor que la mayoría de los  H. heidelbergensisejemplares, lo que sugiere que la especie era más avanzada.
Tales formas de transición persistieron durante cientos de miles de años en la China, hasta que aparecieron especies con tales rasgos modernos que algunos investigadores las han clasificado como  H. sapiens. Una de las más reciente está representada por dos dientes y una mandíbula inferior de hace unos 100.000 años, y fue descubierta en 2007 por el paleontólogo de IVPP Liu Wu y sus colegas. Descubierta en Zhirendong, una cueva en la provincia de Guangxi, la mandíbula tiene la clásica apariencia del humano moderno, pero conserva algunas características arcaicas del Hombre de Pekín, como una construcción más robusta y una barbilla menos prominente.
La mayoría de los paleontólogos chinos — y unos cuantos entusiastas incondicionales de Occidente — piensan que los fósiles de transición son evidencia de que el Hombre de Pekín fue un antepasado de los asiáticos modernos. En este modelo, conocido como multirregionalismo, o continuidad con la hibridación, los homínidos descendientes de H. erectus en Asia se cruzaron con grupos entrantes procedentes de África y otras partes de Eurasia, y su progenie dio lugar a los ancestros de los asiáticos del este, dice Wu.
El apoyo a esta idea proviene también de artefactos en China. En Europa y África, las herramientas de piedra cambiaron notablemente con el tiempo, pero los homínidos en China utilizaron el mismo tipo de instrumentos simples de piedra entre hace unos 1,7 millones de años hasta hace 10.000 años. Según Gao Xing, un arqueólogo de la IVPP, esto sugiere que los homínidos locales evolucionaron de forma continua, con poca influencia de poblaciones externas.

¿UN JUEGO POLÍTICO?

Algunos investigadores occidentales sugieren que hay un indicio de nacionalismo en el apoyo de los paleontólogos chinos al modelo de continuidad. “Los chinos no aceptan la idea de que  H. sapiens  evolucionara en África”, dice uno de los investigadores. “Ellos quieren que todo venga de China”.
Los investigadores chinos rechazan tales acusaciones. “Esto no tiene nada que ver con el nacionalismo”, dice Wu. Todo es acerca de la evidencia — los fósiles de transición y los artefactos arqueológicos, dice. “Todo apunta a una evolución continua de H. erectus al ser humano moderno en la China”.
Pero el modelo de continuidad con la hibridación es contrarrestado por los abrumadores datos genéticos que apuntan a África como la fuente de los humanos modernos. Los estudios de poblaciones chinas muestran que el 97,4% de su composición genética proviene de los humanos modernos ancestrales de África, y el resto proviene de formas extintas, como los neandertales y los denisovanos. “Si hubiera habido importantes contribuciones de H. erectus chinos, estas habrían aparecido en los datos genéticos “, dice Li Hui, un genetista de poblaciones de la Universidad de Fudan en Shanghai. Wu responde que la contribución genética de los homínidos arcaicos en China podría haber pasado por alto porque no aun no se ha recuperado ADN de ellos.
Muchos investigadores dicen que hay maneras de explicar los fósiles asiáticos existentes sin tener que recurrir a la continuidad con la hibridación. Los homínidos Zhirendong, por ejemplo, podrían representar un éxodo de los primeros humanos modernos de África hace entre 120.000 y 80.000 años. En lugar de permanecer en el Levante en el Medio Oriente, como se creía anteriormente, estas personas podrían haberse expandido hacia el este de Asia, dice Michael Petraglia, un arqueólogo de la Universidad de Oxford, Reino Unido.
Otra evidencia respalda esta hipótesis: excavaciones en una cueva en Daoxian en la provincia de Hunan, han arrojado  47 dientes fósiles con aspecto tan moderno, que podrían haber provenido de la boca de personas de hoy en día. Sin embargo, los fósiles tienen al menos 80.000 años, y quizás hasta 120.000 años de edad, reportaron Liu y sus colegas el año pasado. “Esos primeros inmigrantes pueden haberse cruzado con poblaciones arcaicas en el camino o en Asia, lo que podría explicar los rasgos primitivos de la gente Zhirendong”, dice Petraglia.
Otra posibilidad es que algunos de los fósiles chinos, incluyendo el cráneo de Dali, representan a los misteriosos denisovanos, una especie identificada a partir de fósiles siberianos que tienen más de 40.000 años de antigüedad. Los paleontólogos no saben cómo lucían los denisovanos, pero estudios de ADN recuperados de sus dientes y huesos indican que esta antigua población contribuyó a los genomas de los humanos modernos, especialmente aquellos de los aborígenes australianos, de Papua Nueva Guinea y Polinesia — lo que sugiere que los denisovanos podrían haber deambulado por Asia.
María Martinón-Torres, una paleontóloga de la Universidad de Londres, está entre quienes proponen que algunos de los homínidos chinos eran denisovanos. La investigadora trabajó con científicos de IVPP en un análisis publicado el año pasado de una serie de fósiles descubiertos en Xujiayao en la provincia de Hebei — incluyendo mandíbulas parciales y nueve dientes que datan de entre 125.000 a 100.000 años. Los dientes molares son enormes, con raíces muy sólidas y ranuras complejas, y según ella, recuerdan a los de denisovanos.
Una tercera idea es aún más radical. Surgió cuando Martinón-Torres y sus colegas compararon más de 5.000 dientes fósiles de todo el mundo: el equipo encontró que los especímenes de Eurasia son más similares entre sí que a los africanos. Ese trabajo y otras interpretaciones más recientes de cráneos fósiles sugieren que los homínidos euroasiáticos evolucionaron por separado de los africanos durante un largo lapso de tiempo. Los investigadores proponen que los primeros homínidos que salieron de África hace 1,8 millones de años fueron la eventual fuente de los humanos modernos. Sus descendientes se establecieron principalmente en el Medio Oriente, donde el clima era favorable y luego produjeron oleadas de homínidos de transición que se propagaron a otras partes. Un grupo de Eurasia se desplazó hasta Indonesia, otro dio lugar a los neandertales y los denisovanos, y un tercer grupo regresó a África, convirtiéndose en H. sapiens, para más tarde extenderse por todo el mundo. En este modelo, los humanos modernos evolucionaron en África, pero su antepasado inmediato se originó en el Medio Oriente.
No todo el mundo está convencido. “Las interpretaciones de fósiles son notoriamente problemáticas”, dice Svante Pääbo, un palaeogenetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania. Pero el ADN de fósiles euroasiáticos que datan del comienzo de la raza humana podría ayudar a revelar qué historia — o qué combinación — es correcta. China está haciendo un esfuerzo en esa dirección. Qiaomei Fu, una palaeogenetista que hizo su doctorado con Pääbo, regresó a su país el año pasado y estableció un laboratorio para extraer y secuenciar ADN antiguo en el IVPP. Uno de sus objetivos inmediatos es ver si algunos de los fósiles chinos pertenece al misterioso grupo denisovano. Los prominentes dientes molares de Xujiayao serán un adelanto. “Creo que tenemos un sospechoso aquí”, dice Fu.

IMAGEN BORROSA

A pesar de las diferentes interpretaciones de los registros fósiles de China, todo el mundo está de acuerdo en que la historia evolutiva en Asia es mucho más interesante de lo que la gente apreciaba hasta ahora. Pero los detalles siguen en la oscuridad porque muy pocos investigadores han excavado en Asia.
Cuando lo hacen, los resultados han sido sorprendentes. En 2003, una excavación en la isla de Flores, en Indonesia, descubrió un homínido diminuto que los investigadores llaman Homo floresiensis y que ha sido apodado como el hobbit. Con su extraña variedad de características, la criatura todavía provoca el debate sobre si es una forma enana de H. erectus o algún linaje más primitivo que hizo todo el camino desde África hasta el sureste de Asia y vivió hasta tan recientemente como hace 60.000 años. El mes pasado, más sorpresas surgieron de Flores, donde los investigadores encontraron los restos de otro homínido estilo hobbit en rocas de unos 700.000 años de antigüedad.
La recuperación de más fósiles de todas partes de Asia ayudará claramente a llenar los vacíos. Muchos paleoantropólogos también requieren que se mejore el acceso a los materiales existentes. La mayoría de los fósiles chinos — incluyendo algunos de los mejores ejemplares, como los cráneos Yunxian y Dali — son accesibles solo a un puñado de paleontólogos chinos y sus colaboradores. “Sería fantástico que estuviesen disponibles para los estudios generales, con réplicas o tomografías computarizadas”, dice Stringer. Por otra parte, los sitios fósiles deben ser fechados mucho más rigurosamente, preferiblemente mediante múltiples métodos, según los investigadores.
Pero todos coinciden en que Asia — el continente más grande en la Tierra — tiene mucho más que ofrecer en términos de desentrañar la historia humana. “El centro de gravedad”, dice Petraglia, “se está desplazando hacia el este”.
Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado por primera vezel 12 de julio de 2016.
Fuente:  Scientific American