viernes, 29 de julio de 2011

ENTRE LA CIENCIA Y LA FE


Entre la ciencia y la fe

INTRODUCIÓN
La sociedad moderna ha exhibido una actitud de generosa apertura en la comprensión de los fenómenos humanos, particularmente en cuanto se refiere a su conducta. Como puede suponerse, dada la variabilidad individual, esta apoteosis ha significado para unos moderación, adaptación o extremo para otros.

En esta segunda mitad del siglo hemos sido testigos de actitudes bastante impactantes para el pensamiento y la organización conceptual de los hombres: dos Guerras mundiales marcan el siglo; el terrorismo sacudió el mundo tiñendo de sangre su geografía en varios lugares del mundo; las dictaduras a pesar de herir el principio de libertad se extendieron sin escrúpulo alguno en toda Latinoamérica; la mujer luego de siglos recién empieza a encontrar mayor espacio para asumir los derechos que le corresponden desde la antigüedad; las drogas con su dramático impacto se incrustan en grandes grupos poblacionales; los principios morales entran en crisis y muchos agonizan como la lealtad, autenticidad, honradez y similares. Se viven momentos de bienestar y gran progreso tecnológico pero no sabemos si el hombre se ha hecho mejor y si es más feliz que sus antepasados. Las muestras de vaciedad interior y nihilismo muestran que no todo lo que brilla es oro.

El razonamiento se ha hecho bastante concreto y pragmático, la sobrevivencia constituye un tema nuclear y en su diseño de vida el resultado pone en evidencia que luego de semejante avance científico, técnico y cultural, 25% de la humanidad se alimenta muy bien pero el 75% restante revela condiciones que harían empalidecer a todo individuo consciente: mientras que en los países industrializados 8 de cada 10 individuos tienen sobrepeso por exceso de alimentación, en otros mueren de hambre por millares. Mientras algunos países desarrollados viven inmersos en el progreso cibernético y telemático en otros todavía la gente no sabe ni leer ni escribir

Si analizamos otros rubros en el panorama mundial las contradicciones son muy patentes entre otras las provenientes de la riqueza-pobreza, libertad-sometimiento, conocimiento-ignorancia, salud-enfermedad, dicotomías indiscutibles que presentan un mundo claroscuro donde no siempre resulta fácil distinguir la claridad de la oscuridad y viceversa. La tecnología por ejemplo, con su magnifico potencial aplicado en la industria parecía uno de los tópicos más claros en la historia de la humanidad, sin embargo, conocer sus efectos en la atmósfera mediante el efecto invernadero y sus daños al ozono la convierten en un tema bastante oscuro.

Y a ello se asocian otros argumentos con similar perspectiva: emergió el sexo libre que pronto tuvo que replegarse a causa del SIDA; se descubrieron drogas en apariencia benéficas pero que su abuso reveló el temerario mundo de las farmacodependencias, sin ignorar el alcohol y el tabaco, drogas cuyos efectos destructivos son conocidos en detalle pero que la sociedad cultiva con una dignidad socio-económica que no deja de asombrar.

El hombre se ha erguido dominante sobre la naturaleza penetrando en su micro y macrocosmos. No puede negarse que la historia del hombre es maravillosa y sus éxitos son una prueba de ello, pero también puede equivocarse y lo hace cotidianamente: en este siglo fue capaz de exterminar en dos guerras mundiales nada menos que cien millones de personas; desde 1945 a 1996 un período denominado "época de paz" ha provocado 187 conflictos bélicos y en uno de ellos, inspirado en luchas tribales pudo aniquilar alrededor de un millón de personas en Ruanda, nada menos que en dos semanas sirviéndose para ello de palos, cuchillos, machetes y algunas armas de fuego. Y ¿qué decir de las últimas pruebas nucleares francesas que soberbias e imperturbables ante la censura mundial asesinan nuestro ecosistema? ¿Dónde quedan los conceptos de democracia, libertad, justicia, cooperación, igualdad, convivencia pacífica?

Un panorama similar naturalmente que no hace justicia a las mejores virtudes del hombre. ¿Está mal orientando?, ¿ha perdido el rumbo?, ¿qué le sobra?, o en todo caso ¿qué es lo que le falta?

La "Ciencia y la Fe" se han convertido para el hombre en referencias de capital importancia. Según datos obtenidos, de los más de 6.500 millones de habitantes que pueblan la tierra, nada menos que 5.000 millones afirman tener "Fe en un Dios". El resto se proyecta en una dimensión atea para quienes la existencia de un Dios sobrenatural, trascendente, Creador del mundo seria una ilusión en cuanto la vida termina con la muerte; no creen ni en el alma ni en el espíritu, tampoco en una vida en el más allá (Castañón-Gómez, 1995).

Para numerosos grupos humanos la ciencia y la tecnología han asumido un rol muy definido. Son méritos propios dicen, los que han permitido el incremento de la expectativa de vida, la curación de enfermedades, la conquista del espacio, propuesto un mundo de telecomunicaciones instantáneo, transportes aéreos regulares por todo el mundo, creado el movimiento de las imágenes, "milagros" en el sonido, servicios de robots, trasplantes de órganos. Para aquellos la ciencia y el hombre han conformado una simbiosis que regula el destino del mundo y el de los hombres.

Reconociendo en la tecno-ciencia estos alcances y muchos otros más, este quehacer humano se convierte en un vector orientador determinante para el hombre moderno, la Ciencia guía el pensamiento y conducta de los hombres: "los científicos han dicho que las vitaminas hacen bien"... y la población sigue estos consejos, aún cuando propusieron directrices equivocadas con consecuencias funestas como el caso de la talidomida o se vivieron accidentes como los de Chernobyl junto a miles de casos análogos conocidos y no. Pero la ciencia es una vertiente conceptual de amplio alcance y muy difícil de ignorar.
Las culturas antiguas han comprobado a lo largo de su historia que el desarrollo de sus pueblos estuvo muy unido al ejercicio de una Fe en uno o más dioses creadores del mundo, de los hombres, protectores de la tierra. Los griegos poblaron el Olimpo de dioses especializados en diferentes sectores de la actividad humana y de los eventos terrenos: guerras, sexo, mares, fuego, truenos, etc.; los egipcios crearon un estilo de vida religioso centrado en el Faraón que se convertía prácticamente en un dios sobre la tierra; los romanos y otras culturas llenaron sus palacios de dioses aptos para ayudar a los hombres en toda circunstancia; para el amor, la fertilidad, o la misma libación, siempre había alguno. Nuestras culturas latinoamericanas vieron en el sol, la luna, la tierra deidades fundamentales.

Parecería que el hombre cuenta con un "gen divino" que lo une a un Dios visible o invisible y que a pesar de tantas negaciones y discusiones ha acompañado constantemente la vida de los hombres.

Esta actitud de "religación" (unión con Dios) o de genetización de Dios (Dios está en el hombre desde que él vive), pone a luz una constante: "!Dios existe!", que sin embargo en muchos momentos de la cronología humana se tiende a cuestionar: "!Dios No existe!".

En un siglo impregnado de materialismo y relativismo, el positivismo imperante (que enfatiza la validez sólo de aquello que pueda verificarse empíricamente), se impone gradualmente estimulando la opinión que ve a la ciencia como contrapuesta a la fe. Si la ciencia se ocupa de hechos concretos, mensurables y objetivos, ¿cómo se podrá relacionar con su antítesis que es abstracta, inmensurable y subjetiva?

Afrontar el tema "Ciencia y Fe" se hace una necesidad primordial en cuanto la relación de las mismas en la cosmovisión moderna, no invita a pensar a una interacción complementaria sino más bien opositora. Nosotros creemos que si la ciencia busca la verdad en el conocimiento humano y natural y la fe propone Verdades sobrenaturales importantes para el hombre, ambas deberían estar al servicio de la Verdad.

En todo caso, el alcance que el hombre tenga en reconocer la verdad natural, debería facilitar la búsqueda de la Verdad Suprema y no vestirse con el ropaje de aquella soberbia que confunde al individuo con doctrinas subjetivas, nada científicas, pretendiendo en casos extremos, nada menos que la anulación o desconocimiento de Verdades trascendentes. ¿No seria mejor que en vez de separar el conocimiento o las verdades el hombre las complemente o las unifique?

CONSIDERACIONES SOBRE LA CIENCIA

La ciencia también supone, no sólo registra hechos; sin una hipótesis no habría tal vez la experimentación que luego demostrará la veracidad de la misma. Antes de la demostración ¿no es ciencia la hipótesis? La ciencia está hecha de ideas, cálculos y experimentos, luego se integran pero cada uno tiene su momento que ulteriormente se combina en la medida que sea oportuno.

Después de las promesas de Comte sobre la conquista del mundo a través de la ciencia, la idea se ha arraigado y vivimos muy pendientes de la misma aún sin saber los alcances de sus postulados. Por otra parte, se aviva en nosotros una constante confusión cuando un científico afirma algo y otro le refuta; el trillado tema del colesterol es un ejemplo que ha desorientado al público al igual que las aseveraciones sobre los teléfonos celulares o el empleo de la silicona en cirugía estética, junto a tantas otras preocupaciones de actualidad.

Parece, no obstante, que todo pensamiento se hace válido y confiable si viene de la ciencia aunque se ignore la fuente del concepto y su respectivo funcionamiento. Las revistas de divulgación científica populares han encontrado un gran mercado en estos rubros, allá se escribe por ejemplo que muchos compuestos alimenticios provocan cáncer porque en ratas se comprobó tal consecuencia, pero nadie explica que una rata es un animal de experimentación que no necesariamente replica el metabolismo del cuerpo humano y que para provocar ese cáncer el humano tendría que consumir porciones tan elevadas que en toda su vida no sería capaz de acumular.

Hasta el presente sigue faltando el famoso "eslabón perdido" que demuestre la evolución del hombre, pero pocos dudan de la relación existente entre el hombre y los simios... pues la ciencia lo ha dicho, aunque siga partiendo de una hipótesis hasta hoy no demostrada.

El libro de Stephen Hawking sobre la "Historia del tiempo" ha tenido mucho éxito... pero al preguntar a las personas el significado de la obra, pocos la entienden pero repiten sus aseveraciones y pocos se han interesado de conocer los textos de aquellos autores competentes que la rechazan. La obra de Erick Von Dániken, "Recuerdos del futuro" fue escrita mientras este se encontraba en una prisión de Suiza por problemas económicos y deudas, no es ni un científico ni un investigador, fue fantasioso e imaginativo, lo cual es una virtud, pero su obra no tiene el sentido científico que la propaganda comercial le ha otorgado y para muchos es la "prueba" de la existencia de extraterrestres.

Muchos escucharon hablar de Einstein, algunos recuerdan su primer nombre, menos saben si nació en Suiza, Austria o Alemania y si fue un buen o mal alumno en la escuela. Conocemos pocos detalles porque nuestra información es relativa y globalizada, pero es importante saber más de él para poder entender mejor el sentido de su postura hacia la ciencia y la verdad. Una de las cosas más importantes que hizo fue romper los modelos de pensamiento establecidos por la física de Newton que destacó una visión mecánica del mundo por tiempo prolongado. Se pensaba que el mundo era como una máquina inmensa y que al conocer las piezas y leyes que regían su funcionamiento, sería posible explicar perfectamente los fenómenos del universo.

Esta perspectiva inspiró por ejemplo a Julien de La Mettrie a publicar en el s. XVIII el libro "El Hombre Máquina", el postulado final concluía que "todo es materia". Como explica Artigas (1992), hasta el s.XX el mecanicismo se difundió sin dificultad; para muchos la ciencia era inductiva, obtenía sus leyes mediante la acumulación de observaciones, hasta que se enunciaron principios como los de la relatividad y de la física cuántica poniendo en claro que la cosa era mucho más complicada.
Desde que Newton la publicó en 1687, reinó con preponderancia hasta que el joven Einstein envió en 1905 a la revista alemana "Anales de Física" cuatro artículos. Siendo Max Planck el director, publicó uno sobre el efecto fotoeléctrico, que le valió el Premio Nóbel años después, y otro sobre la teoría especial de la relatividad. En esta teoría modifica conceptos básicos de la física newtoniana que en casos ya no explicaba ciertos fenómenos. La teoría de Eistein muestra que la masa ya no es constante pues depende de la velocidad. Las medidas del espacio y del tiempo no son siempre las mismas, cambian en función del movimiento de quien las mide.

Las leyes de la mecánica victoriosa de Newton cambian y se comprueba que la estructura básica propuesta tenía que ser igualmente modificada. ¿Cambia la ciencia? La teoría general de la relatividad formulada en 1915 mostraría sus importantes aplicaciones en el estudio del universo. El trabajo de Einstein denunciaba revolucionariamente que teorías aparentemente consolidadas podrían comportar errores y no dejó de decirlo en Viena: "Si encuentran hechos contrarios a mi teoríahabría que cambiarla..."

Este caso puntualiza los alcances y límites de la ciencia misma. Ante esta preocupación Popper escribe: "Buscamos la verdad, pero nunca podemos estar seguros de haberla alcanzado. La verdad es como un faro que guía nuestra búsqueda, pero se trata de una búsqueda sin fin. No sin razón su autobiografía la tituló: "Búsqueda sin término" (1979).

Por último, tampoco esta aseveración es inmanente, es dinámica y nos invita a pensar que pese a nuestra falibilidad el hombre está en grado de alcanzar verdades.

Los cambios en el espíritu del tiempo dieron espacio a una revolución del pensamiento. El famoso "Círculo de Viena" de gran influencia en el pensamiento científico, vende exitosamente en la primera mitad del s. XX el criterio arraigado de la "verifícabilidad científica" : "sólo los enunciados empíricamente verificables estarían dotados de sentido y podrían ser verdaderos o falsos". Este neopositivismo proponía una ciencia en la cual sólo adquiere valor la experiencia sensorial, eliminando cualquier otra pretensión cognoscitiva como "carente de sentido" (Artigas, 39). En la ciencia no hay profundidades, todo es superficie, por lo tanto todo es accesible al hombre y el hombre es la medida de todas las cosas... la ciencia no conoce enigmas insolubles... no acepta ningún tipo de misterio. Aquí es donde Artigas habla de las "fracturas de la racionalidad" (p.64). ¿Por qué el hombre cree poder responder a todo? ¿Cómo es que el médico hace un trasplante y no puede curar un resfriado fútil?

Con ésta orientación el hombre anula el alma, el espíritu o a Dios, simplemente porque no los ve. Pero si no reconoce una realidad con los repertorios que tiene ¿quiere decir que por eso no exista? Si el hombre no mejoraba esta postura obtusa habría ignorado hasta hoy la existencia de microbios o neuronas, bastaría luego un microscopio para abrirle las puertas de un microcosmos desconocido.

Gran víctima de este extremo experimentalista y positivista fue la misma Psicología, postergada en su avance científico cognitivo y emocional, sencillamente porque las premisas metodológicas del momento definían que el pensamiento y la vida afectiva no podían conocerse en cuanto no se podían pesar y medir.

¿No es factible que la reconocida capacidad cognitiva del hombre esté en grado de revelar otras verdades aún trascendentes? ¿Quién pone el límite al pensamiento y a la verdad intelectual? John Eccles, Premio Nóbel en medicina por la neurología, afirma que nuestro mundo consiste en experiencias del alma: sentimientos, emociones, pensamientos, valores, que se relacionan con una voluntad que sí dirige nuestras acciones, haciendo notables realidades que no veíamos antes como puede ser una expresión de afecto o estima (1991).

Nadie podrá negar que la materia es una realidad patente, pero no parece "ser suficiente" para explicar el origen del "concepto del yo, la autoestima, el criterio ético, el amor". Si el materialismo científico fuese real como el neopositivismo rígido lo presenta, hace tiempo que "su ciencia material" habría dejado de existir, pues habría mutilado "los procesos mentales de pensamiento" que "inspiran" su elucubración.

Pero el hombre vive en un devenir constante, y no podemos pensar que una teoría humana elimine la "vida eterna que Dios propone". Por cierto que somos conscientes de la diferencia metodológica el tratamiento de la información por parte de la ciencia y de la Teología... Nosotros, creemos que los años '90 han estimulado una profunda necesidad de búsqueda interior, por ello grandes universidades han empezado a incorporar sus departamentos de Ciencias Religiosas. Cada uno tiene su perspectiva, pero todas tienen un denominador común: hablar del espíritu, hablar de fe, de razón y ciencia... Veamos, qué es lo que podemos exponer acerca de ello.

Nuestro punto de vista, brinda para la reflexión argumentos científicos recientes, que nos animan en esa búsqueda, pues, a pesar de la oscuridad en la cual a veces nos sume un cierto pensamiento humano, divisamos una luz llena de esperanza que se realiza ciertamente más allá de la sola materia