miércoles, 2 de enero de 2013

Posted: 22 Oct 2012 12:23 AM PDT
Referencia: Daily.Galaxy.com, 20 de octubre 2012

A principios de este año, el Interstellar Boundary Explorer de la NASA, una pieza central de la misión de 169 millones dólares, que estaba mapeando la frontera de influencia del Sol, detectó unos átomos del espacio interestelar fluyendo por la Tierra distintos de la composición química del sistema solar.


"Nuestro sistema solar es bastante diferente del espacio que lo rodea, lo que sugiere dos posibilidades", señaló David McComas, investigador principal de IBEX, en el Instituto de Investigación del Suroeste en San Antonio. "O el sistema solar evolucionó separadamente, en la parte más rica en oxígeno de la galaxia donde actualmente reside, o según muchos críticos, ese vivificante oxígeno se encuentra atrapados en los granos de polvo interestelar, o helados, incapaz de moverse libremente a través del espacio."

El satélite IBEX observó átomos de hidrógeno, oxígeno, neón y helio que se originaron en el espacio interestelar, en el medio vacío entre las estrellas de la galaxia de la Vía Láctea, y hallaron 74 átomos de oxígeno por cada 20 átomos de neón de material interestelar, en comparación con los 111 átomos de oxígeno por cada 20 átomos de neón del interior del sistema solar. La mayor parte del medio interestelar se compone de hidrógeno y helio. Los elementos más pesados, como el oxígeno y el neón, se extendieron por la explosión de supernovas, al final del ciclo de vida de la estrella, según la NASA.

"Hemos medido directamente cuatro tipos diferentes de átomos procedentes del espacio interestelar y la composición no se corresponde con lo que vemos en el sistema solar", añadió Eric Christian, científico de la misión IBEX, en el Centro Goddard de Vuelo Espacial en Greenbelt, de la NASA. "Las observaciones de IBEX arrojan una nueva luz sobre la misteriosa zona donde acaba el Sistema Solar y empieza el espacio interestelar."

Las pistas de datos que aporta la región del espacio interestelar de las afueras del sistema solar, deficiente en oxígeno, comparado con la abundancia dentro de la heliosfera, una burbuja con forma de lágrima deformada por la fuerza de los vientos solares que impide que la radiación cósmica más peligrosa llegue a Tierra.

El Sol y los planetas viajan a través de la galaxia a más de 804.672 km/h. El sistema solar está ahora viajando a través de una región conocida como la nube interestelar local, y se espera que salga de ésta y se introduzca en una nueva región del espacio interestelar en unos pocos cientos o miles de años, según McComas.

Los científicos dicen que esta nube local es particularmente débil. Es menos densa que las nubes circundantes interestelares, tan delgada que los átomos de un puñado de aire podrían extenderse a lo largo de una columna de cientos de años luz de longitud.

Las medidas previas de átomos interestelares de helio, por la nave espacial Ulysses, indican que el sistema solar podría estar saliendo de la nube local. Sin embargo, los últimos datos de IBEX, detectaron átomos entrantes que se mueven a una velocidad más lenta, y muestran que la heliosfera está todavía sumergida dentro de la nube local.

"La medición de la presión de nuestra heliosfera con el material de la galaxia y los campos magnéticos externos, ayudará a determinar el tamaño y la forma de nuestro sistema solar a medida que viaja a través de la galaxia", indicó Christian.

Sólo los átomos interestelares neutrales pueden entrar en la heliosfera, perforando los confines del sistema solar y recorriendo la distancia hacia el Sol durante 30 años, hasta llegar a las proximidades de la Tierra donde se produce la detección de IBEX. Los átomos cargados son desviados por el campo magnético del Sol y no llegan a entrar al interior del sistema solar.

El IBEX, lanzado en octubre de 2008, se encuentra en una estrecha órbita a poco menos de 322.000 kilómetros de la Tierra, fuera del campo magnético del planeta, un requisito para detectar las partículas de alta energía que entran desde el exterior de la heliosfera y del espacio interestelar.

La imagen en la parte superior de la página muestra que muchos de los ingredientes para la vida se formaron en el espacio exterior. La Tierra se formó a partir del polvo de estrellas, y más tarde, meteoritos y cometas también entregaron más materiales a nuestro planeta. Pero los científicos aún no están seguros qué moléculas juegan ese importante papel en el origen de la vida.

- Vía la NASA/IBEX y spaceflightnow.com
- Imagen crédito: European Space Agency.

martes, 1 de enero de 2013

Posted: 10 Nov 2012 01:48 AM PST

Referencia: PhysicsWorld.com .
Por Colin Stuart, 5 de noviembre 2012

El campo magnético de la Tierra es más permeable de lo que se pensaba, de acuerdo a los datos que analizan los investigadores de la misión Cluster de la Agencia Espacial Europea. Estos resultados pueden aplicarse en la modelización de los peligros planteados por el clima espacial, además de ayudar a entender mejor los entornos magnéticos que existen alrededor de Júpiter y Saturno.

La misión Cluster, lanzada en 2000, está compuesta por cuatro satélites idénticos que vuelan en una formación tetraédrica muy cerca de la Tierra. Con órbitas muy elípticas, los satélites son capaces de barrer el entorno magnético de dentro y fuera de la Tierra, construyendo una imagen 3D de las interacciones entre el viento solar y nuestro planeta. El viento solar es un flujo de partículas cargadas procedentes de las capas externas del Sol que inunda todo el sistema solar. Según se cree, el campo magnético de la Tierra establece una barrera protectora frente al viento solar.

Es bien sabido que, si el campo magnético del entrante viento solar tiene una orientación opuesta al campo magnético de la Tierra, entonces, las líneas de campo pueden romperse y unirse de nuevo, en un proceso conocido como "reconexión magnética". Este proceso permite que el plasma del viento solar viole las fronteras del campo magnético de la Tierra, la magnetopausa, y poder así llegar hasta nuestro planeta.

Vórtices de remolino

En 2004, los datos de Cluster revelaron que esta falta de coincidencia en la orientación magnética no era una regla rígida y rápida, los 40.000 kilómetros de longitud de remolinos de plasma pudieron verse a todo lo largo de la magnetopausa, creando pasarelas dentro de la magnetosfera, incluso cuando ambos campos magnéticos estaban alineados. En 2006, los investigadores concluyeron que, lo más probable es que estos vórtices fueran originados por las ondas de Kelvin-Helmholtz (KHWs), que se producen cuando dos medios están fluyendo a ambos lados de una frontera a diferentes velocidades. Un ejemplo terrestre es el viento que sopla sobre la frontera entre el aire y el mar. En el espacio, la frontera es la magnetopausa, con un plasma desacelerado por el lado de la Tierra en comparación con el viento solar que viene del otro lado.

Una vez creada, la amplitud de estas inestabilidades pueden acumularse, enredando las líneas del campo magnético y disparando la reconexión magnética, a pesar de que las líneas de campo estén alineadas. Este fenómeno, se pensaba que sólo ocurría en condiciones especiales, aunque "nosotros pensábamos que se restringía a las áreas que circundan el ecuador de la Tierra", comentaba Arnaud Masson, uno de los científicos que trabajan en la misión Cluster. Ahora, en este nuevo análisis de los datos del Cluster, inicialmente obtenidos en el año 2003, se muestra que ocurre lo mismo en latitudes mucho más altas, y en un amplio rango de alineaciones de campos magnéticos. "Parece ser que no importa cuál sea la orientación de los campos magnéticos, ya que sucede el mismo efecto", explica Masson. "Y también parece que esto ocurre todo el tiempo, y no sólo en circunstancias especiales".

Modelización del clima espacial

Conocer la diversidad de condiciones en las que el viento solar puede penetrar las defensas magnéticas de la Tierra, desempeña un papel importante en el modelado del clima espacial (hay un catálogo de efectos que  interrumpen de navegación GPS, causados por la interacción con el viento solar). "Hay que saber dónde están esas puertas abiertas de nuestro escudo protector", continúa Masson. Chris Arridge, del University College de Londres, está de acuerdo: "Parece que hay mucho más agujeros en tamiz magnético de la Tierra de lo que pensábamos. Si queremos desarrollar la capacidad de predecir los efectos del clima espacial, es importante conocer la amplitud de formas en que la energía, masa y momentum puede entrar en el sistema."

Arridge, investigador de la interacción entre el viento solar y los planetas exteriores del sistema solar, cree que esta línea de investigación también ayudaría a entender a Júpiter y Saturno. "El papel exacto de KHWs en las magnetosferas de los planetas gigantes es un tema candente". Entender los mecanismos KHW de la Tierra nos ayudará a entender los entornos magnéticos de Júpiter y Saturno, y viceversa."


- Autor: Colin Stuart
- Fuente: Journal of Geophysical Research .
- Imagen: La alineación de vórtices y campos magnéticos, cortesía de ESA/AOES Medialab.
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BitNavegantes



Posted: 29 Sep 2012 04:22 AM PDT
Referencia: Thunderbolts.info .
Autor: Stephen Smith, 28 de septiembre 2012

« Precisamente porque la opinión mayoritaria siempre se va a oponer, es por lo que nuestro conocimiento y compresión progresa »
— Friedrich Hayek

La cuestión más importante que separa el Universo Eléctrico de la visión convencional es que sus evidencias están basadas en experimentos de laboratorio, y se pueden utilizar para apoyar las teorías del Universo Eléctrico en la cosmogonía y la cosmología. La corriente estándar hunde sus cimientos en modelos informáticos y ecuaciones complejas que utilizan como apoyo. Esta divergencia filosófica es la que inhibe la aceptación general del plasma y la electricidad como agentes activos en el espacio.

La inmensa gravedad del Sol es incapaz de explicar la expulsión del flujo del "viento solar" a unos 400 kilómetros por segundo. Esta imagen de LASCO C2, tomada el 8 de enero 2002, muestra una eyección de una extensa propagación de masa de la corona, en explosiones de más de mil millones de toneladas de materia expulsadas hacia el espacio a millones de kilómetros por hora. Vía: Plasma-Universe.com, fuente SOHO (Solar And Heliospheri Observatory).

En Thunderbolts no se tiene en cuenta las cuestiones que suponen la búsqueda de un sentido subjetivo en el Universo. Es suficiente, en la mayoría de los casos, con sacar la correspondencia entre las teorías propuestas en revistas revisadas por pares y aquellas que incorporan la hipótesis del Universo Eléctrico. Las denominadas "anomalías" tienden a desaparecer en la mayoría de los casos en los que la teoría del Universo Eléctrico se aplica sobre los temas en cuestión.

Esta visión de correspondencia requiere que esos estados pueden ser probados si no están de acuerdo con las condiciones "reales". La hipótesis del Universo Eléctrico radica sus premisas en ese fundamento, por lo que no hace mención al principio de las cosas, no hace ninguna especulación sobre el origen del Universo o de dónde proviene la energía que lo sostiene.

El enfoque Universo Eléctrico ofrece especulaciones sobre la naturaleza de los fenómenos que a menudo van en contra de esos conceptos dilucidados por la mayoría. Paul Feyerabend, un talentoso filósofo de la ciencia, y autor del libro “Against Method: Outline of an Anarchistic Theory of Knowledge” (Frente al método: Esquema de una teoría anarquista del conocimiento), escribió:

"La unanimidad de opinión puede ser apropiada para una iglesia, para las víctimas asustadas o ávidas de algún que otro mito (antiguo o moderno), o para los débiles y dispuestos seguidores de algún tirano. La variedad de opinión es necesaria para el conocimiento objetivo. Y un método que fomente la variedad se configura a su vez como el único método comparable con la perspectiva humana."

En este sentido, se hacen patentes las diferencias de puntos de vista,
· Entender un Sol electrónico, en lugar de un reactor de fusión de potencia nuclear;
· Ver cicatrices eléctricas en planetas y lunas, en lugar de bombardeos de meteoritos o procesos fluviales y eólicos;
· Cuerpos sólidos que nacen de los objetos estelares a través de la expulsión electrodinámica, en lugar de una compresión gravitacional de remolinos de polvo.
Estas son algunas de las opiniones contrapuestas entre los que abogan por un cosmos electromagnéticamente activo, y no uno que opera tan sólo a través de la gravedad y la cinética.

Karl Popper dijo una vez: "Cuando una teoría aparece como la única posible, toma esto como una señal de que nada se ha entendido, ni de la teoría ni del problema que se pretende resolver."

Para una teoría del todo

Referencia: NewScientist.com .
Por Vlatko Vedral, 15 octubre 2012

Olvídese de la física cuántica, de la relatividad. Indaguemos sobre una teoría definitiva que podría surgir de un lugar inesperado.

Como otras revoluciones, sus orígenes fueron fortuitos. Era, según su cabecilla Planck Max, un "acto de desesperación". En 1900, se propuso la idea de que la energía viene en partes separadas, o cuantos, simplemente porque los perfiles lisos de la física clásica no podían explicar el espectro de energía re-irradiada por un cuerpo absorbente.

Sin embargo, rara vez una revolución ha sido absoluta. En el espacio de una década, las leyes del hierro en las que se había sustentado la física desde los tiempos de Newton fueron barridas. La certeza clásica cedió su gestión de la realidad a una regla probabilística de la mecánica cuántica, igual que la revolución paralela de la relatividad de Einstein desplazó nuestras queridas nociones de términos absolutos del espacio y tiempo. Este fue un cambio total de régimen.

Excepto una cosa. Se ha mantenido una vieja reliquia única del viejo orden, una que ni Planck ni Einstein, ni ninguno de sus contemporáneos pudieron ni quisieron eliminar. El astrofísico británico Arthur Eddington resumió esta situación en 1915. "Si tu teoría se descubre que está en contra de la segunda ley de la termodinámica no se puede hacer más que esperar que colapse en la más profunda humillación", escribió.

En este artículo, voy a explorar esta fascinante cuestión y el por qué, desde sus orígenes en el siglo XIX, las leyes de la termodinámica han demostrado ser tan formidablemente robustas. El viaje recorre las profundas conexiones que fueron descubiertas en el siglo XX entre la termodinámica y la teoría de la información, conexiones que nos permiten trazar íntimas relaciones entre la termodinámica y la teoría cuántica, y además, algo más especulativamente, con la relatividad. Por último, argumentaré que, esos enlaces nos muestran cómo la termodinámica en el siglo XXI nos pueden guiar hacia una teoría que sustituya a ambas.

En sus orígenes, la termodinámica es una teoría sobre el calor: de cómo fluye y lo que se puede hacer con ello (ver diagrama). El ingeniero francés, Sadi Carnot, formuló la segunda ley en 1824, para caracterizar el prosaico hecho de que las máquinas de vapor, en aquel entonces, el motor de la revolución industrial, nunca podrían ser enteramente eficientes. Una parte del calor que se bombea en las máquinas siempre se escapa a un entorno más fresco, en lugar de quedarse en el motor para realizar trabajo útil. Esto es la expresión de una regla más general: a menos que se pueda impedir, el calor fluirá más caliente de forma natural hasta los lugares más fríos a fin de igualar las diferencias de temperatura. El mismo principio explica por qué el mantener el refrigerador de tu cocina frío significa bombear energía dentro de él, a no ser que se ponga a calor ambiente.



Unas décadas después de Carnot, el físico alemán Rudolf Clausius, explicaba estos fenómenos en términos de un desorden de cantidad característico que llamó entropía. Bajo esta imagen, el universo funciona desde un previo proceso que aumenta la entropía, por ejemplo, el calor se disipa de los sitios donde está concentrado, y se va trasladando hacia las zonas más frías, donde no lo está.

Esto predice un destino sombrío para el propio universo. Una vez que todo el calor se disipa al máximo, ningún proceso útil puede suceder de ninguna manera: se produce la "muerte térmica". A su vez, emerge una cuestión desconcertante en el otro confín de la historia cósmica. Si la naturaleza siempre favorece los estados de alta entropía, ¿cómo y por qué el universo comenzó en un estado que parece haber sido de relativamente baja entropía? En la actualidad no tenemos ninguna respuesta, aunque luego mencionaré una visión alternativa interesante.

Tal vez debido a estas consecuencias no deseadas, la legitimidad de la segunda ley ha sido durante mucho tiempo puesta en duda. Dicho cargo fue formulado con claridad más que sorprendente por el físico británico, James Clerk Maxwell, en 1867. Él estaba convencido de que la materia inanimada no presentaba ninguna dificultad para esta segunda ley. En un sistema aislado, el calor siempre pasa desde lo más caliente a lo más frío, y un grupo ordenado de moléculas coloreadas se disuelve fácilmente en el agua y se dispersa aleatoriamente, nunca a la inversa. El desorden concretado por la entropía siempre aumenta.

El problema de Maxwell se mantuvo en vigor. Los seres animados tienen "intencionalidad", y ellos deliberadamente hacen cosas para que la vida sea más fácil para ellos mismos. Es normal que traten de reducir la entropía de su entorno y con ello violar la segunda ley.

La información es poder

Tal posibilidad es muy preocupante para los físicos. O una cosa es una ley universal o no es más que una tapadera de algo más profundo. Sin embargo, sería a finales de los años de 1970 que el "demonio" de la entropía de Maxwell fue sepultado. Su asesino fue el físico estadounidense, Charles Bennett, quien construyó un trabajo junto a su colega Rolf Landauer, de IBM, usando la teoría de la información, desarrollada unas décadas antes por Claude Shannon. Un ser inteligente, sin duda, puede reorganizar las cosas para disminuir la entropía de su entorno. Pero al hacer esto, primero debe llenar su memoria, obtener la información así como saber, en primer lugar, cómo disponer las cosas.

Esta información adquirida debe ser codificada en algún sitio, probablemente en la memoria del demonio. Cuando esta memoria está finalmente llena o está expirando de alguna otra manera, debe ser restablecida. Dumping almacenó todo esto, reordenó la información de nuevo en un entorno de incremento de la entropía, y este aumento de entropía, demostró Bennett, en última instancia, será siempre al menos tan grande como la reducción de la entropía del demonio obtenido originalmente. De esta forma, el estado de la segunda ley estaba asegurado, aunque anclado en un mantra de Landauer que habría sido incomprensible para los progenitores de la termodinámica del siglo XIX: que "la información es física".

Pero, ¿cómo se explica que la termodinámica haya sobrevivido a la revolución cuántica? Los objetos clásicos se comportan de manera muy diferente a los cuánticos, por lo que puede presumirse igualmente ciertas la información clásica y la cuántica. Después de todo, los ordenadores cuánticos son notablemente más poderosos que los clásicos (o acaso lo serían si se dieran a gran escala).

La razón es sutil, y descansa en una relación entre la entropía y la probabilidad, tal vez contenida en la fórmula más bella y profunda de toda la ciencia. Inscrita en la tumba del físico austriaco Ludwig Boltzmann, en el cementerio central de Viena, se lee simplemente S = k log W . Donde S es la entropía (la macroscópica y mensurable entropía de un gas, por ejemplo), y k es la constante natural que hoy lleva el nombre de Boltzmann. Log W es el logaritmo matemático de la microscópica y probabilística cantidadW en un gas, éste daría la disposición del número de las posiciones y velocidades de sus muchos átomos individuales.

A nivel filosófico, la fórmula de Boltzmann encarna el espíritu de reduccionismo, la idea de que podemos, al menos en principio, reducir nuestro conocimiento del exterior de las actividades de un sistema a unas básicas y microscópicas leyes físicas. A un nivel práctico y físico, lo que nos dice es que todo lo que necesitamos para entender el desorden y su incremento son las probabilidades. Totalizar la cantidad de configuraciones de los átomos de un sistema puede ser resolver sus probabilidades, y lo que surge es otra cosa, que es que la entropía determina su comportamiento termodinámico. La ecuación plantea más preguntas acerca de la naturaleza de las leyes fundamentales, no nos importa si los procesos dinámicos que crean las probabilidades son, en origen, clásicos o cuánticos.

Hay un punto adicional importante que se debe hacer aquí. Las probabilidades son cosas fundamentalmente diferentes en la física clásica y la cuántica. En la física clásica son cantidades "subjetivas"  que cambian constantemente como nuestro estado de cambios de conocimientos. La probabilidad de que una moneda al aire dé lugar a cara o cruz, por ejemplo, salta de ½ a 1 cuando el resultado es observado. Si hubiese alguien que supiera todas las posiciones y cantidades de movimiento de todas las partículas del universo, conocido como un "demonio de Laplace", debido al matemático francés Pierre-Simon Laplace, que fue el primero en aceptar esa posibilidad, sería capaz de determinar el curso de todos los acontecimientos consecuentes en un universo clásico, y no tendría necesidad de las probabilidades para describirlos.

En la física cuántica, sin embargo, las probabilidades surgen de una genuina incertidumbre acerca de cómo funciona el mundo. Los estados de los sistemas físicos de la teoría cuántica son representados en lo que el pionero de los cuantos, Erwin Schrödinger, llamó, catálogos de información, pero son unos catálogos en los que la adición de información sobre una página borrosa o descartada sale hacia otra. Conocer la posición de una partícula de forma más precisa significa saber menos de cómo se está moviendo, por ejemplo. Probabilidades cuánticas son "objetivas", en el sentido de que no pueden ser eliminadas totalmente mediante la obtención de más información.

Esto proyecta una intrigante luz a la termodinámica tal y como fue original y clásicamente formulada. La segunda ley era poco más que una impotencia escrita con forma de ecuación. No tenía en si misma un origen profundo físico, sino más bien, una cuestión empírica cerrada que expresaba de una manera inexplicable los hechos que no conocíamos, predecíamos o llevabámos a cabo de todo aquello que podría ocurrir, como las leyes clásicas dinámicas sugerían que podíamos. Pero esto cambió tan pronto como la física cuántica entró en escena, con su noción de que la incertidumbre está aparentemente conectada con el tejido de la realidad. Arraigada en las probabilidades, la entropía y la termodinámica adquieren una nuevo soporte físico más fundamental.

Cabe señalar, también, que esta relación profundamente arraigada, parece ser mucho más general. Recientemente, junto con mis colegas, Markus Müller del Instituto Perimeter de Física Teórica en Waterloo, Ontario, en Canadá, y Oscar Dahlsten, en el Centre for Quantum Technologies en Singapur, he visto lo que sucede con las relaciones termodinámicas en una clase generalizada de teorías probabilísticas que abraza la teoría cuántica y otras mucho más. También ahí, la relación fundamental entre la información y el desorden, tal como está cuantificada por la entropía, sobrevive (arxiv.org/1107.6029).

Una teoría que lo gobierna todo

En cuanto a la gravedad, la única de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza que no están cubiertas por la teoría cuántica, un cuerpo más especulativo de la investigación sugiere que podría ser poco más que la entropía del encubrimiento (ver Anexo: "La caída en el desorden"). Si esto es así, se traería la teoría general de la relatividad de Einstein, con la que actualmente se describe la gravedad, firmemente dentro de la esfera de la termodinámica.

Tomadas en conjunto, empezamos a tener una idea del éxito de la termodinámica. Los principios de termodinámica se encuentran enraizados en la teoría de la información. La teoría de la información es simplemente la encarnación de cómo interactuamos con el universo, entre otras cosas, para construir teorías que mejoran nuestra comprensión del mismo. La termodinámica es, en términos de Einstein, una "meta-teoría": un constructo de principios de la estructura de cualesquiera leyes dinámicas que podamos concebir para describir el funcionamiento de la realidad. En ese sentido, se puede argumentar que es más fundamental que la física cuántica o la relatividad general.

Si podemos aceptar esto y, tal como Eddington y otros ponen toda la confianza en las leyes de la termodinámica, creo que incluso nos puede deparar un vistazo más allá del orden físico actual. Parece poco probable que la física cuántica y la relatividad representen las últimas revoluciones de la física. Las nuevas evidencias podrían en cualquier momento fomentar su derrocamiento. La termodinámica puede ayudarnos a discernir cualquier parecida teoría usurpadora.

Por ejemplo, a principios de este año, dos de mis colegas en Singapur, Esther Hänggi Stephanie Wehner, mostraban que una violación del principio de incertidumbre cuántico, (la idea de que nunca te puedes deshacer de las probabilidades en un contexto cuántico), implicaría la violación de la segunda ley de la termodinámica. Ganar la batalla al límite de incertidumbre significa extraer información adicional sobre el sistema, lo que requiere que el sistema trabaje más de lo que permite hacer la termodinámica en un estado relevante de desorden. Así que, si la termodinámica es una guía, cualquier mundo post-cuántico podría ser así, y ahí estamos, adheridos al grado de incertidumbre (arxiv.org/abs/1205.6894).

Mi colega, el físico David Deutsch, de la Universidad de Oxford, piensa que hay que llevar las cosas mucho más lejos. No sólo que cualquier física futura se ajustara a la termodinámica, sino que toda la física se debe construir en base a ella. La idea es generalizar la lógica de la segunda ley tal como fue formulada rigurosamente por el matemático Constantin Carathéodory en 1909: que en las proximidades de cualquier estado de un sistema físico, hay otros estados que físicamente no pueden ser alcanzados si prohibimos cualquier cambio de calor en el medio ambiente.

Los experimentos en el siglo XIX de James Joule con la cerveza pueden ilustrar esta idea. El cervecero Inglés, cuyo nombre perdura en la unidad estándar de energía, selló la cerveza en una tina térmicamente aislada que contenía una rueda de paletas, que estaban conectadas a unos pesos que caían bajo la gravedad externa. La rotación de la rueda calentaba la cerveza, aumentando el desorden de sus moléculas ,y por lo tanto su entropía. Pero más duros que lo intentemos, simplemente no podemos utilizar la configuración de Joule para disminuir la temperatura de la cerveza, ni siquiera en una fracción de un millikelvin. Un enfriador de cerveza, en este ejemplo, es un lamentablemente estado más allá del alcance de la física.

La termodinámica

La cuestión es si podemos expresar la totalidad de la física simplemente enumerando los posibles e imposibles procesos de una situación dada. Esto es muy diferente de cómo se enucia la física normalmente, tanto en los regímenes clásico como cuántico, en términos de estados de los sistemas y de las ecuaciones que describen cómo tales estados cambian en el tiempo. Los callejones sin salida a los que nos puede conducir el enfoque estándar son los más fáciles de entender para la física clásica, donde las ecuaciones dinámicas que derivamos nos permiten toda una serie de procesos que obviamente no ocurren, son aquellos que tenemos que conjurar y que las leyes de la termodinámica expresamente prohíben, como las moléculas pintadas reagrupadas espontáneamente en agua.

Invirtiendo la lógica, nuestras observaciones del mundo natural puede volver a tomar la iniciativa en la derivación de nuestras teorías. Observamos las prohibiciones que la naturaleza pone, ya sea en la disminución de la entropía, obtener energía de la nada, viajar más rápido que la luz, o lo que sea. En última instancia, la teoría "correcta" de la física —por lógica, la más ajustada—, es aquella cuya más pequeña desviación nos da algo que rompe los tabúes.

Hay otras ventajas que en este sentido nos da esta refundición de la física. El tiempo es un concepto perpetuamente problemático en las teorías físicas. En la teoría cuántica, por ejemplo, entra como un parámetro extraño de origen desconocido que no puede ser cuantificado. En termodinámica, por su parte, el paso del tiempo es el aumento de la entropía de cualquier manera. Un proceso como el de las moléculas de colorante disueltas que puedan reunirse en un grupo ofende nuestra sensibilidad, ya que parece el equivalente a correr el tiempo hacia atrás, si le ocurriera a cualquier otra cosa, aunque la verdadera objeción es que disminuye la entropía.

Si se aplica esta lógica de modo más general, y el tiempo deja de existir como una entidad fundamental independiente, sería un fluir determinado únicamente por los procesos permitidos y rechazados. Junto a él van problemas como el que antes he aludido, de por qué el universo empezó en un estado de baja entropía. Si los estados y su evolución dinámica en el tiempo dejaran de ser la cuestión, entonces cualquier cosa que no rompa cualquiera de las reglas de transformación se convierte en una respuesta válida.

Un enfoque así favorecería probablemente a Einstein, quien dijo una vez, "lo que realmente me interesa es si Dios tuvo alguna elección en la creación del mundo". Una formulación de la física inspirada en la termodinámica no puede responder a esta pregunta directamente, pero deja a Dios sin otra opción que ser un termodinámicista. Esto sería un premio singular para aquellos maestros del siglo XIX, los que se toparon con la esencia del universo totalmente por accidente. El triunfo de la termodinámica sería entonces una revolución tardía, a 200 años en su gestación.


ANEXO: La caída en el desorden

Si bien la termodinámica parece flotar sobre el contenido preciso del mundo físico que describe, ya sea clásico, cuántico o post-cuántico, su conexión con el otro pilar de la física moderna, la relatividad general, puede ser más directa. La relatividad general describe la fuerza de la gravedad. En 1995, Ted Jacobson, de la Universidad de Maryland en College Park, afirmó que la gravedad podría ser una consecuencia del desorden cuantificado de entropía.

Su argumento matemático es sorprendentemente simple, pero se apoya en dos relaciones teóricas en disputa. La primera, sostenida por Jacob Bekenstein en la década de 1970, examinaba el destino de la información en un cuerpo tragado por un agujero negro. Esto es un crudo desafío para la validez universal de la termodinámica: cualquier incremento del desorden en el cosmos podría revertirse al lanzar el sistema afectado en un agujero negro.

Bekenstein mostró que esto sería contrarrestado si el agujero negro simplemente crecía en un área, en proporción a la entropía del cuerpo que se tragara. Luego, cada pequeña parte de su superficie se correspondería con un bit de información que todavía contaría en el libro mayor del universo. Esta relación ha sido elevada a la categoría de principio, el principio holográfico, que se apoya en una serie de otras ideas teóricas, pero aún no avaladas por ningún experimento.

La segunda relación es la sugerencia de Paul Davies y William Unruh, también por primera vez en la década de 1970, que un cuerpo acelerando irradia pequeñas cantidades de calor. Un termómetro ondulado en torno a un vacío perfecto, donde no se mueven los átomos que puedan proporcionar una concepción normal de su temperatura, registraría una temperatura distinta de cero. Esta idea es atractiva, pero contraria al sentido común, sin embargo, serían necesarias aceleraciones más allá de lo que actualmente se pueden lograr, para generar una radiación suficiente para probarlo experimentalmente.

Se ponen estas dos relaciones especulativas junto con las conexiones indiscutidas y estándar entre la entropía, la temperatura, la energía cinética y la velocidad, y es posible construir una cantidad que matemáticamente se parece a la gravedad, aunque se define en términos de entropía. Ya han sido tentados otros por esta misma ruta, el más reciente es Erik Verlinde, de la Universidad de Amsterdam en los Países Bajos.

Estas teorías, que no son universalmente aceptadas, sugieren que cuando los cuerpos caen juntos no es el efecto de una fuerza separada fundamental, llamada gravedad, sino que es debido al calentamiento resultante que mejor cumple con los dictados termodinámicos de que la entropía del universo siempre aumenta.


- Autor: Vlatko Vedral es profesor de teoría de información cuántica en la Universidad de Oxford y Del Centro de Tecnologías Cuánticas en Singapur. Es autor de “Decoding Reality” (Oxford University Press, 2010)
- Image 1) Yosuke/Imagezoo/Getty .
- Imagen 2) Incremento de entropía. NewScientist.com

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